La Iguana 135

Archivado en Revistas literarias • Fecha: 18-04-2010 10:21:36




LA IGUANA
año 7 / número 135 / 15 de abril de 2010

en este número : mariana garrido ( mar del plata, arg) ;omar darío ruiz (sur del gran bs as , arg); cristina villanueva (bs as , arg);antonio medinilla (español, residente en gran bs as, arg);gabriela bruch (gran bs ,arg);gustavo galliano ( rosario, sta fe , arg); graciela bonisconti (córdoba, arg); fernando van lacke ( bs as , arg); norma segades manías ( sta fe , arg)


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Taller Literario de La Iguana

miércoles 17 a 19 hs

consultar

coordina : Gabriela Bruch (quien dirige también este reptil)

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as vacantes para el Taller de técnicas de Creación Escrita , dependiente de la Subsecretaría de Cultura de Lomas de Zamora , están agotadas

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Noche Mar


Vas a caer despacio
ser el títere que tire la toalla
sobrevivir a la boca del socorro

vas a tener el reposo, la renuncia
                                                                                                             una noche mar
es una boca menos para que alimentes
y sobre todo
vas a regalar tu vientre y será
el nuevo régimen de los cobardes
                                                                           sentarse en la profundidad del viento
                                                                                                      y esperar otra lluvia

esperar es el emblema
la sabiduría pegajosa de entregarse al destino
y su malicia de ajedrez

un océano te invade
y sos la isla perdida
en la saliva de tus muertos.

 

 MARIANA GARRIDO

 

 

Una idea busca su cuerpo

- mientras tanto -

la razón está por nacer

en su lluvioso perfil

 

sueña con la realidad

desde una sombra

hundida

sobre un pensamiento de cristal.

 

             omar darío ruiz .
raizalternativa@yahoo.com.ar


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palimpsestos-


(imagen sobre Libro Bronwyn, Juan Eduardo Cirlot)



Lanza la broza
A la luz arrodillada,
A lo nunca de la nadie nada-
Y si acontece,
Amanece
Entre violentos abandonos
Lo que nunca es
Entre hermanos,
La uña en la carne,
Clavada,
Lasca si la alba la-

La Noche, no-
La boca o ceniza
Entre dulzuras derribadas-

Final latencia,
ALCOHOLES-
La bestia en el insomnio-
La luna por la ventana,
Junto a los pájaros negros,
Entre hojas abandonadas,
PÁRPADOS-

La confesión-

La diferencia-
La distancia-
La mirada-
No enseñes nada-

No hay nadie-

La edad dormida-

Mis hijos peces
A una profundidad indecorosa
Dando a luz en el mullido abismo-

Tempus fugit,
Lago LA-

Antonio Medinilla

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Después de tus remolinos o tus silencios / Fer Van Lacke

Después de sus remolinos o sus silencios, después de estar sostenido con todos esos gestos desinteresados que eran nuestros, nada más que nuestros. Después de los sacrificios y los abandonos, después de los inviernos por la ventana, alcanzados por la nieve de nuestros exilios. Ya después, nos vimos compañeros en la fatiga, en otros anhelos. Como si el tiempo no hubiera dado tregua, y en cambio, hubiese marcado cada acontecimiento en nuestros rostros. Fue después del frío, cuando ya las fotografías no venían con tantas historias ni exóticas fragancias de aquellos mares en donde nada ha sido descubierto. Fue después de todo tierno recorrido por los cuerpos encontrados. Fue después de todo, absolutamente de todo.
Ya habían pasado las estaciones del año. Aquellas nos habían encontrado mudos, sin una mínima palabra que contuviese un mismo significado para los dos. Nos sentábamos juntos en aquella mesa, la nuestra, y nos mirábamos largas horas, intentando adivinar mutuamente nuestros pensamientos; tal vez fueron las dudas las que nos fueron moldeando, desarrollando la distancia que no se puede atravesar, aún queriéndolo hacer. Nunca hubiera podido creer que ese era el comienzo. Debo confesar que ya no me interesa algún final, por más inesperado, por más sorprendente que sea.
Silvia era dulce como la miel, sus manos así lo expresaban y todos los que la habíamos conocido concordábamos en esto.
Recuerdo que una vez, muchísimos años antes, nos encontrábamos en una plaza cerca de los juegos en Santos Lugares, cuando de repente me abrazó con todas sus fuerzas y susurró a mi oído -no me sueltes- a lo cual respondí -¿por qué habría de hacerlo?-. Sólo nos mirábamos, no eran necesarias más palabras que esas para que las intenciones quedasen perfectamente expuestas, aquel era también nuestro lenguaje.

Silvia prendió la luz. Ahí estaba yo, desnudo, temblando en el suelo, cubierto de sonidos; las hojas se encendían sobre mí, ya no podía evitarlo. Silvia no podía verme, ni tocarme. Mientras tanto, yo me volvía polvo, ceniza, un gigantesco hueco invisible. Ella fue como un cardumen inexplicable que no podía verterse sin desesperación (me pregunto: ¿cuál es el altar en el que un ateo debe pronunciar sus oraciones?). ella estaba ahí, aunque se había ido con la primavera y no pude olvidarla.
Junté mis cosas, una cantidad enorme de caños de pvc, latas de fluido M, un conjunto excepcional de cuarenta y siete llaves entre otros instrumentos que guardo en secreto, todo cuidadosamente limpio.

Mis hojas, y valga la redundancia, eran mías, eran lo único que me reservaba para mí. Caños, latas y llaves podían ser encontrados en cualquier parte, tirado en el piso, eso no importaba; pero mis papeles, aunque estaban desordenados, arrugados como nueces misteriosas de los nogales más arrugados, eran los verdaderos sonidos que no podía recordar. En ellos, Silvia estaba siempre joven, eternizada en una escultura de símbolos mucho más firmes que el propio mármol, en ellos yo la celaba y bebía cada noche de su boca. Por eso estaba tan apegado a estos.
Mis hojas son las que no me pude llevar. Intentaba agarrarlas pero se escapaban de mis manos, otra vez la arena se encontraba cayendo entre mis dedos como tantas veces antes me había ya pasado. Me acuerdo que le pedía a Silvia por el amor que me había tenido que me dé las hojas.
Silvia no podía recordarme ni sentirme, de todas maneras aunque supiese que no estaba ahí, yo acariciaba su cabello y le cantaba al oído, hasta que quedaba profundamente dormida en la cama que había sido nuestra.

Difícil fue saber quien de los dos era el inexistente. El olvido, como un devorador gigante, fue más que el bramido en las escolleras, fue el arribo de las olas a las playas marcadas por las huellas innegables que luego desaparecieron. Ahí estaba yo, entre todas sus cosas, frente a sus narices, esperando reencontrarme con mis hojas. No quería el sonido, el silencio me bastaba como para conformar el espacio que necesitaba, lo importante eran mis hojas, sin ellas me faltaba el oxigeno.
No podía marcharme, aunque Silvia me lo pedía asegurándome que ese no era su nombre y que nunca antes nos habíamos visto. Yo sólo me quedaba mirándole con la vista media perdida, como siempre lo había hecho, guardando la esperanza de que recordara.
Con el tiempo se acostumbró a no recordarme, incluso su trato fue volviéndose más cordial; me saludaba a la mañana con un “buen día” o a veces interrumpía sus actividades para preguntarme “disculpe ¿me dice la hora?”. Yo aprovechaba esos momentos para preguntarle por mis hojas, pero ella se las arreglaba para evadir el tema. Luego, retomaba su ensimismamiento tan característico, hablaba y se reía como si la casa estuviese llena de gente.
Fue un momento exactamente determinable, preciso, el día que levantó el tubo del teléfono, sus palabras fueron contundentes. Recuerdo como se dirigió a mi persona sin verme, pero bajo ningún aspecto existió la indiferencia, el planteo fue directo. Con absoluta claridad, me rescato del olvido, tomó mi persona diseminada y la acobijó en el calor de su distancia. Dijo:
-hola, habla Silvia. Llamaba para decirle que las hojas son suyas. Véngalas a buscar cuando quiera.
Colgó el tubo y continuó con sus actividades, pero ya nunca más ausentó el brillo de sus ojos, de su mirada. Yo permanecí en silencio, a su lado sin emitir sonido alguno, lo inminente sucedió y ya nunca más nadie, absolutamente nadie, pudo alejarme de mis hojas, ellas las del mayor grado de perfección...

 

lacasarosaproducciones@live.com.ar




presiento un anochecer de tela y perfume
un viento de incienso y volcanes
una nube negra sin cabeza
y un mártir galopando el regreso
pareciera que siempre fuera verano
(el reloj escupió sus cenizas)
por la ventana incierta
se trasluce un atisbo de dolor
creo verme
pero sólo es el delirio de un artista
que pasea por el parque
las últimas gotas de un amor
a-tormentado



 

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© “SUSURROS   DE   LA   NOCHE”

 Por Gustavo Marcelo Galliano

 

El aura de la noche
gime en avalanchas,
serpenteante, candorosa,
transpirando color.

Montada sobre nubes
tus brazos, cual férreas aspas,
emprenden cabalgatas, eternas,
por sobre el éxtasis del amor.

Remolinos de seda,
entrelazados al gozo,
mientras espasmos fragorosos
beben aguardiente del crear.-

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   “…va el corazón rodando por los días.”

                                                                         (Jorge V. Lescano)

                           

                       Soñando o desencantado,

                       muriendo a cada instante

                       o reviviendo entre dolores.

                       Desterrado o enraizado,

                       con angustias o alegrías,                                         

                       desabastecido de ternuras

                       o colmado de caricias.

                       Desgarrado o renovado                     

                       nombrando al amor

                       o llorándolo  en silencio…

                       Deshecho en lágrimas

                       o festejando reencuentros,

                       mi corazón peregrina

                       solitario por la vida…

Graciela Bonisconti

grabonis@hotmail.com

 

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Uno
Algo se abre antes que la boca.Como si  dijera"quiero ser tu bocado".No lo dice ella ni él, habla una tercera persona imprecisa.Pintura que finge sangre,.un algo como el alma en colores, rubor.Nadar, se empuja contra la nada, se crea.
Dos
Ella se  pinta, aviva la mucosa. Sacó del lápiz casi acabado, con la uña, ese resto suave, ese brillo, ese pasto rosa fuerte.Lo mira en el dedo, lo desliza, imagina su boca sin espejo.Ella es la tela y el pintor.
Tres  
Él  busca, desarma la trama, saborea, se mete en el señuelo del color, la desnuda del artificio, queda la boca sin palabras, ofrecida, indefensa.
Infinito
Había una vez la vida.   

Cristina Villanueva
libera@arnet.com.ar

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NI UNA MENTIRA MÁS   He leído tus versos, Y sentido tus besos. Son negros y oscuros, Como tus malos pensamientos.
Mi sueños que eran buenos, Se han vuelto tormentos. He odiado tus libros, Sin olvidar que nos amamos.

Mira mis ojos,
En estos momentos,
Por tus falsos sentimientos,
Jamas volverás a verlos.
ROSA PÉREZ REPULLO
rosaprepullo@yahoo.es

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Vos también

 

¿Me escucha agente?

Ya no me quedan fuerzas para seguir pidiendo por su vida, para seguir diciendo que no es barro ese colgajo oscuro sino la piel quemada, que no podemos acostar a mi hija en la cajuela de una camioneta porque está agonizando.

No me aparezca ahora con más estupideces porque estoy orillando la locura.

Nunca quiso tomarnos la denuncia. Nunca intentaron vigilar la casa. Nunca creyeron en nuestra palabra. Nunca cumplieron nada.

Y así fue como este hombre pudo llegar en medio de las sombras y quemarla…

Y quemarla…

¿Cómo se atreve a sugerir paciencia?

Ese despojo casi calcinado estuvo nueve meses protegido en mi vientre, alimentado con el mate amargo y rodajas de pan hecho en el horno que armamos en el patio. Años y años luchamos para que no fuera incluida en estadísticas, en la lista de niños que sucumben luchando contra el frío, desabastecimiento de vacunas, carencia de nutrientes, convulsiones causadas por la fiebre, ahogos en la noche… Años y años luchamos, codo a codo, para sobrevivir a la miseria. Y ahora que está grande, que ya cumplió los veinte, que tiene un buen trabajo y una hija gateando por la pieza; viene este desalmado que la golpeaba siempre hasta el desmayo –como a usted tantas veces le explicamos- y discute con ella y le reprocha que ya no lo ame tanto y le arroja la nafta  sobre el cuerpo y la convierte en una tea humana.

¿Cómo se atreve a reclamar sosiego?

No es barro agente…. Y aunque fuera barro, que importancia tendría ante la perspectiva de salvarla. Yo le traigo una sábana para cuidar el tapizado limpio. Yo te traigo una sábana… Yo te traigo.

Mirá que ya no tiene fuerzas. Mirá que ya ha dejado de quejarse. Mirá que el pulso apenas si se siente. Mira que va a morirse antes de que aparezca la ambulancia.

Mirá que cuando nazca la mañana y broten periodistas fingiendo interesarse por el dolor ajeno, tratando de obtener el toque bajo que pide el corazón de los espectadores yo voy a denunciarte. Voy a gritar tu nombre y apellido. Voy a mostrar tu foto y a delatar esta inmisericordia que te impidió escucharme. Voy a gritar hasta desgañitarme. Como grité la noche que la estaba pariendo sin cirugías, sin epidurales, sin imágenes previas de su cuerpo, a puras ganas de que me naciera un retoño de aquel amor que se marchó una tarde prometiendo llamarnos.

Les voy a sacudir el mediodía a esos personajes que no escarban en botes de basura pero gustan de hurgar entre las llagas.

No me mirés así, con ese aire de perdonavidas, defensor de los machos que maltratan la vulnerabilidad de las mujeres, golpeador vos también, verdugo vos también, cómplice vos también, hijo de puta…

 NORMA SEGADES MANÍAS

segadesmanias@gmail.com

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  El correo.

Gaby, recibí el número 134 de La Iguana, es muy especial, trae recuerdos y tiene buena calidad, como los anteriores.
Te deseo continuidad, va el abrazo rosarino
        Betty Badaui
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Gabriela, gracias una vez más por tu reptílica página. Me encantó tu poema. Seguimos en contacto. Un abrazo. Eduardo Espósito
Paso del Rey, Bs As

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gracias !!!

estoy feliz pues incluyeron mi  cuento.

éxitos

delfina acosta

paraguay


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SIEMPRE ES UN PLACER LEER LA IGUANA
SALUDOS
MANUEL MOSQUERA
 Perú

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gracias gaby siempre... tu revista me provoca esa emoción de un libro nuevo.
gran bso!!!
alipez

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¡Felicitaciones por el número Gabriela!
Sos como Gardel... cada día cantás mejor...
Muchísimas gracias. Te abrazo, Norma Segades Manía
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Maravillosa Revista , los felicito,es hora de engrandeser el espiritu y ser leal a las almas que nos circundan en versos y prosas y aveces hasta en cuentos....esta revista representa el sentir de los Dioses del parnaso...gracias mil por el envio de ella. Gracias
Jorge Luis Avilés

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  comunicate , enviá tus textos o lo que más quieras a


 

 

Escrito por Carmiña Candido Daverio
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