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Poema sobre la trata de personas

Archivado en Ecología, Crisis y Compromiso • Fecha: 07-10-2009 09:55:02

Enviado por Eugenia Cabral 

Sobre la trata de personas

 

Por este trozo de carne,

por esta libra de carne arrancada

a un paso de mi corazón,

yo dudo seriamente de que la libertad

sea un don, un atributo

concedido a los seres humanos

por algún dios o por la naturaleza

o por la energía del universo.

 

Porque más allá de las leyes

que nos rigen a las personas, a los seres naturales,

a los cuerpos del espacio cósmico,

existen otras leyes que no son tales,

pero que, antes de aplicarse, ya han emitido juicio.

Reglas que no contemplan

la posibilidad de una excepción,

normas que no prevén la eventualidad de perdonar.

Porque detrás de esas leyes empíricas,

no escritas, de pura acción,

hay otras normas también empíricas

y ágrafas y prácticas y pragmáticas:

la ganancia económica, la especulación financiera.

Y para justificar su aplicación se redactan

tratados jurídicos, ensayos científicos

y artículos periodísticos donde se explica

la normalidad de la soberbia racista,

del desprecio machista, de la arrogancia intelectual,  

como distinciones natas de los opresores

que los califican para ser patrones,

para ejercer de pederastas,

para erigirse en proxenetas,

para explotar a sus esclavos,

para expoliar a sus siervos,

para asesinar a sus mujeres,

para aporrear a sus niños,

para secuestrarlos, para violarlos,

para humillarlos, para matarlos,

para explotarlos y desterrarlos.

 

 

Entonces, hermanos, este trozo de carne

que cuelga desprendido de mi pecho

es la libra de carne que me cobra

la usura capitalista por haber nacido

en este mundo de explotadores y explotados.

Mundo no previsto en los bellos estudios

de los astrónomos, ni de los físicos,

los médicos o los artistas.

 

Este mundo descarnado donde la libra de carne

de mi propio cuerpo no alcanza para pagar

la medida de sus ambiciones.

Este pedazo de carne sangrante

es la medida de mi dolor,

la parte que me obliga a tributar

la misma avaricia que obliga a la esclavitud

a mis hermanos y hermanas

que necesitan de libertad.

 

La libertad. Una ley hecha de mil leyes

y de muchísimas normas y reglas

que cada uno sabe en su corazón y que, a veces,

las anota en un papel, para recordarlas.

Una ley general que nunca llegará a ser

lo suficientemente bien regulada.

Pero ahí está. Como una puerta hacia la vida,

con su picaporte, su madera fragante

y su fragmento de luz, del otro lado.

 

                                    Eugenia Cabral

                                     Octubre de 2009




Escrito por Carmiña Candido Daverio
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