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No. 108, Los artistas de la memoria

Archivado en Revistas literarias • Fecha: 07-10-2009 09:45:24


¡¡¡ 70.000 lectores semanales !!!

ConfabulaAlternativa

DIRECTOR: Iván Beltrán Castillo. EDITORES: Amparo Osorio, Gonzalo Márquez Cristo. COMITÉ EDITORIAL: Mauricio Contreras, Rafael Ortega Lleras, Marcos Fabián Herrera, Fernando Maldonado, Fabio Jurado Valencia, Olga Sanmartín. CONFABULADORES: Óscar Collazos, Jotamario Arbeláez, Chócolo, Fabio Martínez, Freddy González, Gustavo Tatis Guerra, José Chalarca, Angel Loochkartt, Sergio Trujillo Béjar, Germán Villamizar, Argemiro Menco Mendoza, Carlos Fajardo, Guillermo Bustamante Zamudio, Hernando Guerra Tovar, Profesor Martínez Guerrero. EN EL EXTERIOR: Floriano Martins, Alfredo Fressia (Brasil); Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Hermes Vargas (Venezuela); Renato Sandoval (Perú); Efer Arocha, Jorge Torres, Jorge Nájar, Eduardo García Aguilar (Francia); Marta L. Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Luis Bravo (Uruguay); Armando Rodríguez Ballesteros (Costa Rica).

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Con-Fabulación con el asunto “retiro”

 

Segunda gran encuesta de Con-Fabulación

Los artistas de la memoria

 

Después del éxito obtenido por nuestra primera gran consulta, “Los Filmes de la Memoria”, a la que concurrieron entusiastas 2.120 prestigiosos escritores, críticos, poetas, aficionados, cinéfilos, directores y guionistas, nuestro semanario virtual en asocio con el Museo de Arte Erótico Americano, MaRea, lanza otra aventura de idéntica dimensión. Se trata ahora de nuestro nuevo juego: Los artistas colombianos de la memoria, que busca encontrar a los 33 pintores y escultores colombianos –o extranjeros afincados en nuestro país- más significativos de todos los tiempos, según la preferencia subjetiva de los expertos y de nuestros lectores.

Será la apertura de un gran diálogo y una candente polémica, e ilustrará minuciosamente las tendencias y los matices de nuestros creadores plásticos más amados. Las artes no han sido ajenas a las guerras intestinas y los combates más encarnizados entre las distintas tendencias, grupos y generaciones que las han fatigado. Ahora podremos medir la trascendencia de los nombres míticos, el salto al protagonismo de figuras que pueden haber permanecido en la sombra, la eficacia y verdad de lo figurativo y lo abstracto, la duración o la transitoriedad de las modas y los “ismos”, y un mundo de percepciones vasto y apasionante.

La votación debe hacerse enviando una lista con los 10 artistas plásticos colombianos preferidos de todos los tiempos, y en ella podrán participar los Con-fabuladores, sin discriminación alguna. Se abre el ardiente telón.

Fernando Guinard (Director Museo de Arte Erótico Americano – MaRea)

1) Jim Amaral. 2) Olga de Amaral.
3) Alejandro Obregón. 4) Fernando Botero.
5) Armando Villegas. 6) Augusto Rivera.
7) Juan Antonio Roda. 8) Luis Caballero.
9) Ángel Loochkartt. 10) Fernando Maldonado.

 

Ricardo Arcos Palma (Director del Museo de Arte de la Universidad Nacional, crítico de arte).
1) Débora Arango. 2) María Teresa Hincapié.
3) Doris Salcedo. 4) José Alejandro Restrepo.

5) Pedro Alcántara. 6) Armando Villegas.

7) Carlos Granada. 8) Jim Amaral.
9) Olga  de Amaral
. 10) Ángel Loochkartt.
  
Gilberto Cerón (Dibujante, pintor).

1) Débora Arango. 2 Andrés de Santa María.

3) Rodrigo Arenas Betancourt. 4) Alejandro Obregón.

5) Óscar Muñoz. 6) Ángel Loochkartt.

7) Juan Antonio Roda. 8) Carlos Granada.

9) Gonzalo Ariza. 10) Luis Caballero.

Amparo Osorio (Poeta colombiana).

1) Alejandro Obregón. 2) Fernando Botero.

3) Jim Amaral. 4) Luis Caballero.

5) Armando Villegas. 6) Leonel Góngora.

7) Ángel Loochkartt. 8) Débora Arango

9) Fernando Maldonado. 10) Araújo Santoyo

 

Federico Ruiz (Estudiante de maestría en Gestión Cultural, Universidad del Rosario)

1) Andrés de Santa María. 2) Alejandro Obregón.

3) Santiago Cárdenas. 4) Óscar Muñoz.

5) Miguel Ángel Rojas. 6) Guillermo Wiedemann.

7) Luis Caballero. 8) Leopoldo Richter.

9) Eduardo Ramírez Villamizar. 10) Hugo Zapata.

 

mercedes sosa

 

 

 

Juan Rodolfo WilcockConfabulador clásico

 

Se trata de un escritor secreto, bello y extraviado durante mucho tiempo, leído con entusiasmo por pequeños cenáculos, logias y sociedades secretas, y el autor de La Sinagoga de los iconoclastas, verdadera joya de la literatura contemporánea, novela de una inteligencia y un sentido del humor apabullantes. Disquisiciones metafísicas y patafísicas, devaneos filosóficos, humor implacable, registro de la experiencia singular de los seres humanos capaces de adelantar proyectos de apariencia suicida y exuberante  poética, esculpen esta obra, rara avis de ciento setenta y dos páginas, pero que resulta definitiva para desentrañar los escarceos del escritor moderno, su oposición al racionalismo grosero y su aspiración de labrar un mundo donde la imaginación se transforme en  vaso comunicante hacia la esquiva libertad.

En la Sinagoga de los iconoclastas asistimos a la travesía vital de una serie de personajes obsesionados, que no temen a las consecuencias de perseguir sueños desaforados, volcánicos y no pocas veces terribles.

Wilcock fue amigo de Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares, y con ellos viajó a Italia, nación que lo deslumbró al punto de afincarse para siempre en ella y hasta cambiar de idioma. Así la fulgurante Sinagoga de los iconoclastas fue escrita en italiano, al igual que la mayor parte de sus libros.

Nació en Buenos Aires en 1917 y murió en Lubriano, Italia, en 1978. Traficó la poesía, la crítica, el cuento y la novela, y, además de su obra maestra, vale la pena citar los siguientes títulos: El estereoscopio de los solitarios, Hechos inquietantes, Paseo Sentimental, El caos, El libro de los monstruos, Los dos indios alegres y El templo etrusco.

 

AGRIMENSOR BENE NIO

Es notable la cantidad de partes y de órganos que puede perder una persona y aun así seguir incólume, o casi. Como una estatua antigua, con apenas cincuenta y cinco años de edad el agrimensor Bene Nio ya ha perdido las piernas y los brazos, buena parte de la pelvis, el hombro derecho, además le falta casi toda la mitad izquierda de la cabeza y también el ojo y la oreja derechos, y por eso ya no ve ni oye; le ha desaparecido la nariz, y la lengua -o lo que queda de ella- está parcialmente al descubierto y se le ha endurecido de modo tal que no se entiende bien lo que dice. Vive sentado, si puede decirse así, en una especie de silla de ruedas que parece más bien un carrito para hacer las compras, y dentro de este carrito, embutido y atado para evitar que se caiga, está el agrimensor Nio. Manos solícitas lo llevan de un lado al otro, oídos todavía sanos escuchan sus órdenes y las interpretan; porque el agrimensor, afecto desde siempre a las tareas del campo y a los nuevos métodos de avanzada, es hombre de una actividad envidiable. Es dueño de una serie de cañadas, montes y barrancos en el Alto Lazio, terreno arcilloso y friable que el agrimensor Nio se ha propuesto sanear con numerosos proyectos que le ocupan todo su tiempo. Antes que nada, el proyecto de irrigación, que se nutre de dos grandes manantiales permanentes existentes en la propiedad y que en pocos años promete transformar esos desiertos en una tierra prometida. Luego, el proyecto de forestación que, con la ayuda de la Dirección Forestal, transformará en pocos decenios esa tierra prometida en un jardín colgante. Mientras tanto el agrimensor Nio está haciendo cercar todo con sólidos postes de cemento y con una red de dos metros de alto, para después meter dentro toda clase de animales y de aves exóticas, y transformar ese jardín colgante en un Edén. El proyecto de riego prevé una hermosa piscina olímpica para uso particular del agrimensor (o de lo que queda de él), ya que el agua de los manantiales es más que abundante. Después construirá, en los puntos más panorámicos, media docena de pabellones de caza o de descanso, comunicados entre sí por cómodos senderos asfaltados; todos contarán con luz, teléfono y demás servicios indispensables para la vida moderna. El agrimensor Nio piensa terminar este paraíso en apenas veinte o treinta años, luego de lo cual espera vivir allí: después de todo aún es joven.

 

Quinto diplomado de Con-fabulación

EL SECRETO ENCANTO DEL TEXTO PERIODÍSTICO

 Después de dos años de labor periodística ininterrumpida, nuestra primera aparición en libro (Con-fabulación 100, la antología), de haber obtenido el favor de 70 mil suscriptores y de haber realizado cuatro cursos intensivos dictados bajo el nombre de “Hacia un periodismo de autor”, nuestro periódico convoca a su quinto diplomado: El secreto encanto del texto periodístico, donde estudiaremos, de manera tanto teórica como práctica, las características, las reglas de juego, la relojería y las posibilidades de la crónica, la entrevista, el reportaje, el ensayo, la columna de opinión y el informe, y proporcionaremos las claves para que nuestros alumnos puedan manejar con soltura y creatividad los distintos géneros del oficio más bello de la tierra.

El curso se realizará durante cuatro sábados (7, 14, 21 y 28 de noviembre) con una intensidad de cuatro horas por sesión y tomarán parte en él grandes protagonistas de la prensa nacional. Se entregará un diploma a los participantes y se proporcionarán materiales de lectura.

El curso será conducido por Iván Beltrán Castillo, director de Con-fabulación, Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, Premio Nacional de Poesía Bogotá 450 años, cronista estrella de Magazín Al Día, Revista Credencial y Revista Diners y revista Común Presencia; y autor de los libros Consagración del espejismo, Antología de la poesía Colombiana 1958 - 2008, Cuentistas bogotanos y uno de los participantes en la gran antología de Con-fabulación 100.

La temática de cada sesión y las fechas de realización del curso serán difundidas en el próximo Con-fabulación. La inversión será de 350 mil pesos

Informes para los con-fabulados en los siguientes teléfonos: 2550477, 3465677 o el celular 316 7045539.

Todos nuestros lectores quedan invitados a esta cita con la imaginación.

 

 

La tentación inconclusa de Hellman Pardo

Por Hernando Guerra Tovar

 

La tentación inconclusa - Hellman Pardo

 

Un sentimiento místico habita este libro de Hellman Pardo (Bogotá, Colombia, 1978). Oscura religiosidad que deslumbra y convoca la esencia espiritual del hombre, la certeza de la ilusión más perversa, “El no tiempo”. Lúcido clamor de quien elige el mundo en la disyuntiva de una eternidad que abruma: “No hay ramas no hay ramas de donde sostenerse / No tiempo.” Grito de quien prefiere asirse de la tierra, en el desesperado intento de evitar la caída en la trascendencia.

Como toda tentación deriva de la primera, corresponde preguntarse: ¿se consumó o no el pensamiento de separación, “la tentación de Eva” y con ésta el pecado y la gran culpa? El destello que formula Hellman Pardo en La tentación inconclusa (Colección los conjurados, Editorial Común presencia, 2008) es tal, que su dilucidación Heiddegeriana comporta el desmonte o consolidación de esas dos imágenes, conceptos significativos (dogmas) en la historia de la humanidad cristiana. Aquí el lector debe ir atento –toda poesía crítica  reclama ésta actitud - , con sumo cuidado, con pies de plomo, con ojos de águila o de gato, porque de la lectura que haga depende la respuesta, y de ésta su paz o su desdicha, su muerte o su resurrección: “No falta el que se muere de ansias / el que se muerde la lengua / en tentación inconclusa”.

 “Y puesto que la interpretación no es sino la posibilidad del error, al pretender que cierto grado de ceguera forma parte de la especificidad de toda literatura, reafirmamos también que la interpretación forma parte del texto, y éste de la interpretación” : congruencia o incongruencia entre el decir poético del autor y la percepción del lector, exigida por Hellman Pardo, al presentarnos un libro que, además de su alta factura lírica, incurre en una lúcida visión crítica del hombre y su entorno,  y que lo ubica, al lado de Andrés Matías (Armenia, 1978), entre las más significativas voces de la reciente poesía colombiana.   

La secuencia del libro, tanto en la forma, el contenido y la estructura conceptual, edifica un universo que se vale de la humanización de las cosas y del hombre, para sostener su iluminado propósito. Encontramos entonces un epígrafe, que reza:”La tentación de no ser lo que somos, / humanos inhumanos en el abismo del mundo”. Se abren así las puertas de sus apartados: “La humanidad de las cosas”, “La humanidad de ellas”, “Mi propia humanidad”, “Humanos inhumanos”, y, “El hombre”, que al decir de Amparo Inés Osorio, su prologuista, es la cúspide poética de este bello libro, ilustrado por el artista plástico Juan Diego Guzmán Tafur (Neiva, Colombia, 1974).

Mientras la ventana “conjetura un paisaje afuera”, nosotros miramos la ilusión, proyectamos nuestra tiniebla interior. Igual sucede ante el espejo: “Ante ti soy aquel que nunca he sido, / el hombre ciego que hace poco contempló la tierra / y que al partir se deshizo entre sus pieles”. El poeta advierte, en “La humanidad de las cosas”, la diferencia que existe entre la mirada limpia de éstas y la nuestra, contaminada de pensamientos falsos de separación. El tiempo no sólo transcurre “a lento tic-tac”, censura el mundo, y le hace decir al poeta en “La calle”: “- No te afanes, estoy de paso”. El tiempo con sus múltiples rostros: “El otoño”, “El invierno”, “la evocación”, “la muerte” Todo aquí está ligado a su poder irreductible,  al sentirse pasajero de un sueño llamado vida, con sus paisajes, evocaciones, instantes, llantos, ciudades y objetos. En “La humanidad de ellas”, la terrible ilusión del tiempo  y el espacio enfrenta al poeta y lo pone al borde del abismo: “Lejos, al borde de la furia / donde cabe un precipicio entero, / sin distancia”. (Múnich).

Tal vez el apartado más profundo, el de más hondo sentir sea “Mi propia humanidad”. Aquí el autor se enfrenta a su propio ser, a su dolor de luz, a la duda de su propia humanidad. La introspección constituye un inventario desde la sombra, una “Meditación nocturna” una “luz solar”, un “Oleaje”: “Para qué callar entonces / tanto amor a la deriva, / tanto río”; un “Partir al sur”, un “Camino interior” sin hombre bajo el viento del alba, desolado en el mar de la nada, frenético cuando la mano tiembla en eterna “Búsqueda”: “Vosotros, los que en una gruta te recostáis / de cansancio / Y templáis las piernas como anhelando sueño / Y llegado el viento / Os recogéis como niños en el abdomen, / ¿Sabéis hasta cuando dejará de doler?

En “Humanos inhumanos” el poeta nos refiere un “Mundo consumado” en el ser profundo del hombre: “Amar el mundo que llega con sus olas / y nos encalla al relámpago de la vida”.  Es la aceptación hecha palabra. La declaración del vértigo. La conciencia de un hecho irremediable:”Temblar de frío cuando la lluvia desluce / este cuerpo que cargamos con nosotros / sin poder cambiar de forma, como el humo…” Algo inmutable habita en el ser que difiere del cuerpo. Encontramos en este bello poema una inquietud metafísica, que se desdobla o se enmascara, en ambigüedad lenta, ensimismada, en una suerte de paradoja poética, que se hace cara al lector, en sus ondulaciones  de certeza y duda: “Amanecer a orillas de un río tranquilo / bajo la luz desnuda del poniente y desnudos / como cuando éramos simples animales / mirando sin deseo a la propia especie / y aún creyendo en el paraíso”:  y el tiempo, el tiempo inexorable , el “desquiciado paso de los años”, principal invitado de este poemario, con su huella intacta, con su hambre de sueño, con la sombra que trasluce, con el juicio “De tanta infancia soportada”, que hace exclamar al poeta: “Ahora somos losas sucias y sepelios y lágrimas”.

En el último apartado, “El hombre”, el lenguaje adquiere una dimensión cifrada, acaso necesaria para la presentación de un decir poético que enmarca la verdad tantos siglos oculta, y que ahora se revela como luciérnaga en la tiniebla de un mundo silvestre repleto de silencio. Cambian el tono y la forma, la disposición de los versos se hace horizontal, intercalada, pero el tema no sólo se conserva sino que se hace recurrente, sobre todo en lo que concierne al tiempo o al “No tiempo”. La nada irrumpe aquí con su vacío, con su hueco colmado, en donde la palabra es una mosca en la ausencia, en la pregunta: “A dónde irá la palabra como la mosca / a colgarse”. Imágenes surrealistas tiñen de luto esta palabra, que a veces plantea una lúdica, un mecerse, un vaivén de forma y contenido, el hombre sin la esencia, el sin nada,  latencia de la muerte: “Te lo pido sin súplicas y sin cuerpo en la sangre: no tiempo, no te mueras”.

 

Los recursos de la imaginación en el Caribe colombiano

Por Álvaro Suescún Toledo*

 

Carátula - Marceles Daconte

Los recursos de la imaginación: Artes visuales del Caribe colombiano es un libro de obligada referencia, escrito con la vitalidad de quien se siente instigado por las emociones estéticas, y Eduardo Márceles Daconte ─debido a su recia formación y al sólido conocimiento de las artes y la historia universal─ sí puede dar fehacientes demostraciones de ello.

Después de muchos años de paciente labor de reconocimiento e investigación, visitas continuas a los talleres y la semanal dosis de presencia en las consuetudinarias exposiciones, logró impregnarse de la trayectoria de nuestros artistas y de su contribución creativa a las artes plásticas, que ahora han sido condensadas para dar forma a esta importante compilación que ha de servir para documentar un trascendental período de nuestra historia del arte.

Notable que su interés prevaleciera no obstante los periódicos alejamientos hacia más promisorias tierras y su relación con otros autores y movimientos de mayor talla y renombre, eso explica su amplio discernimiento desde diferentes ángulos del raciocinio, que le permitieron familiarizarse con el comportamiento artístico de nuestros más caracterizados representantes de las artes visuales.

Todo este soporte estuvo acompañado de una congruente labor investigativa, para la cual el autor sumó a su trayectoria, las experiencias acumuladas desde que aceptó el reto de escribir sobre el Salón Regional de Artes Plásticas de 1975 para el Suplemento del Caribe en Barranquilla, después fue acogido con prodigalidad en diferentes medios por su manera sencilla pero elocuente para la descripción y el análisis.

Aquella, su primera crítica, fue también su inicial contacto con  una visión panorámica del arte que se hacía en la costa Caribe, ello le sirvió para hacer tábula rasa con la mediocridad y las insinuaciones torpes del momento, algo de eso ya estaba en la mente diversa de quien había estado ausente del país por algo más de doce años, luego de un largo peregrinaje por Estados Unidos, algunos países de Asia y otros de Europa.

El resultado no podría ser mejor, al proporcionarnos un libro didáctico desde el acto mismo de conformación de su análisis, abierto a las diferentes tendencias que abarcan a los artistas de mérito a partir de sus aportes más significativos, y apoyado en un lenguaje diáfano con el que sustenta sus apreciaciones. De mejor manera queda establecido en la coincidencia de aquel instante de definición entre el salón regional mencionado y el momento de sus inicios como crítico de arte, en el que también se establece un punto congruente con los artistas y consigo mismo. Los artistas de la ciudad estaban empozados en el letargo de un arte convencional del que surgirían a partir de las ideas que empezaban a circular sobre el llamado arte conceptual que tantos sustos y controversias provocaba.

Márceles Daconte traza un perfil histórico que ubica los comienzos en las civilizaciones aborígenes y los aportes de los españoles hasta los dramáticos testimonios del proceso independentista, en un amplio recorrido que le permite deducir que en la costa Caribe un número significativo de artistas situaron sus obras entre las más innovadoras del país. Pintores como Alejandro Obregón, Héctor Rojas Herazo, Cecilia Porras y Enrique Grau marcaron la pauta. El derrotero histórico gana en kilates luego de un importante relevo generacional con la presencia de Angel Loochkartt y de Norman Mejía, galardonado con el primer premio en el Salón Nacional de 1965 a su regreso de España, y después Álvaro Barrios quien asumió y condujo las manifestaciones vanguardistas. Las expresiones del arte conceptual o de sistemas las hicieron suyas sus más destacados artífices y tuvieron resonancia en el Festival de Arte de Vanguardia de 1979.

En adelante, el contenido de Los recursos de la imaginación: Artes visuales del Caribe colombiano se explaya en una amplia selección de autores cuya obra coherente se afirma en una realidad construida en el presente. Son artistas que dan alimento a los sueños, protagonistas basados en los planteamientos más innovadores en una etapa decisiva para el desarrollo de las artes plásticas en nuestra región Caribe, y de sus más acuciosas metas para que sus observadores podamos discernir las tendencias del arte, asegurándonos de que han cambiado tanto como el mundo de hoy.

 

*Escritor e investigador cultural

 

CARTAS DE LOS LECTORES

EXCELENTE FAJARDO. Me ha parecido excelente el artículo de Carlos Fajardo sobre Coetze, Celan y otros temas afines, y me ha alegrado que, de las muchas traducciones existentes de "Fuga de muerte" hayáis escogido la mía, no porque lo sea, sino porque es la única que traduce "Der Tod ist ein Meister aus Deutschland" por "La muerte es un amo de Alemania", siguiendo en esto a Jorge Semprún (que además de saber muy bien alemán estuvo preso en Buchenwald), y que elimina el ambiguo "La muerte es un maestro de Alemania", que siempre me chirrió por lo que parecía suponer de injusta implicación de los docentes en aquel universo concentracionario. Sigo leyendo Con-Fabulación semana tras semana. Enhorabuena por hacerlo tan bien. Jesús Munárriz, poeta y editor español, director de Hiperión

***

LA DICTADURA DE LA DEMOCRACIA. Una lástima que el texto que encabeza la última Confabulación, La dictadura de la democracia,  haya llegado sin la firma del autor. Presumo que es la editorial, esa abstracción. Pero no importa: Juan Ramón Jiménez concibió, creo que sin llevarla a cabo, una revista que se llamaría Anonimato, en la que se publicarían textos, no autores. A lo que importa, entonces: es un texto muy bien escrito, pero sobre todo muy lúcido y muy doloroso, quizás lo uno por lo otro o lo otro por lo uno: la lucidez es la herida más cercana al sol, dijo ese otro gran confabulador que fue René Char.

El problema con la lucidez es que, mientras más cercana al sol, más oscuros suelen ser sus dictámenes, más sombrías sus intuiciones sobre el porvenir, más desolados los sueños sobre los que se yergue. Y sí: la derecha gana hasta en la izquierda, y es así como nos querrán hacer creer que la izquierda hoy la representa en Colombia Gustavo Petro, o en Chile la Michelet y la Kirchner en Argentina, y así, siguiendo hasta la Península Ibérica donde la representa un zapatero, con lo que no ganan sino los aznos, etc., etc., etc. No hay siquiera un humanista presidiendo los destinos de cualquier nación, así sea un “humanista de derecha” (una contradicción en los términos).  Estamos pues, de verdad, Petrificados, y esa calcinación ya ni siquiera se llama Álvaro o Gustavo, pobres rostros afables del avance de la muerte, pues es al fin ella, la imbatible Tánatos, la que dicta las órdenes en casa, hoy asomando su ojo maligno y ominoso detrás de la dulce palabra Democracia. Qué pensaría Whitman, qué sentirá ahora, mudo ya pero ansioso de gritarnos: “es mejor aquí, poetas, vénganse para acá, les aseguro que es mejor acá”.  Y es así, en un domingo cualquiera, como la realidad termina por enseñarnos que la esperanza no es sino una manera piadosa de ocultarnos a nosotros mismos la verdad, que las utopías son el espejismo trágico de la desesperanza, y los sueños, muchachos, los sueños, nada más que una engañosa forma de la muerte. Termina uno por entender y hasta por abrazar el nihilismo, ese paisaje sin paisaje, ese desierto sin horizonte. Me quedan estas lágrimas, cosa inútil, volátil y pobre líquido salubre y salobre del impotente, balazos que no me di.  En fin: nos queda la poesía, el último bastión, muy bien representada hoy, todavía, por El grito de Munch, por El triunfo de la muerte de El Bosco y por ese sobrecogedor poema de Paul Celan al que, sin embargo, le debemos añadir que la muerte ya no es un maestro de Alemania, pues el maestro ya no tiene patria: está por todas partes. En fin. En fin. Qué bella, qué dura palabra: Fin. Gabriel de Campos

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LOS FELICITO POR SEGUIR VIVOS en un país donde se mata al que piensa distinto, al que escribe distinto, al que ama distinto. Nosotros, espero, sigamos siendo amigos siendo tan distintos. No sólo los leo, sino que comparto y divulgo. Muchos colombianos aquí en EEUU y otros en Europa se sirven de su espacio para mantener el diálogo con Colombia. No obstante, hoy les escribo porque no me parece gallardo su editorial del último número, tampoco la mala leche de la caricatura en la misma editorial. No podemos dar la vuelta extrema de la postmodernidad para unirnos como los más recalcitrantes conservadores; primero aprendamos de la modernidad ilustrada a entablar el diálogo con el otro, a respetar la otredad. La clarividencia de la postmodernidad, como la de muchos intelectuales nuestros, me aterra. Como los más ortodoxos conservadores blandimos el diente sobre el otro, sobre el hermano que nos increpa, sobre quien se batió en diálogo, sobre quien confrontó e incluso invitó al debate (cuidado, con esto último, un debate evadido por el igualmente admirado Carlos Gaviria). No podemos repetir los modelos de una caduca izquierda latinoamericana, amodorrada y usurpada por sujetos no muy humanos, no muy reflexivos sino apenas coyunturales y prestos al caos por el caos (…)  Enrique Ferrer Corredor, escritor colombiano

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EN BUSCA DEL SALUDO PERDIDO. Hace rato les envié un cordial saludo donde me alegraba de la existencia de vuestra revista virtual pero al parecer el saludo se perdió en el camino sideral. Hoy les envío de nuevo un abrazo y les deseo que sigan en esa línea de cultura y política. De paso los invito a ver este cortometraje de colombianos en Suecia. Maria Kallin, traductora y poeta sueca

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Escrito por Carmiña Candido Daverio
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