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DIRECTOR: Iván Beltrán Castillo. EDITORES: Amparo Osorio, Gonzalo Márquez Cristo. COMITÉ EDITORIAL: Mauricio Contreras, Rafael Ortega Lleras, Marcos Fabián Herrera, Fernando Maldonado, Fabio Jurado Valencia, Olga Sanmartín. CONFABULADORES: Óscar Collazos, Jotamario Arbeláez, Chócolo, Fabio Martínez, Freddy González, Gustavo Tatis Guerra, José Chalarca, Angel Loochkartt, Sergio Trujillo Béjar, Germán Villamizar, Argemiro Menco Mendoza, Carlos Fajardo, Guillermo Bustamante Zamudio, Hernando Guerra Tovar, Profesor Martínez Guerrero. EN EL EXTERIOR: Floriano Martins, Alfredo Fressia (Brasil); Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Hermes Vargas (Venezuela); Renato Sandoval (Perú); Efer Arocha, Jorge Torres, Jorge Nájar, Eduardo García Aguilar (Francia); Marta L. Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Luis Bravo (Uruguay); Armando Rodríguez Ballesteros (Costa Rica).
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Con-Fabulación con el asunto “retiro”
A los diez años del asesinato de Jaime Garzón
La risa asesinada
Por Jotamario Arbeláez *
No otra cosa que rabia puede generarse en el pecho y entre los dientes ante la ejecución anunciada de un artista que se la jugó toda por la vida, destapando con sus chistes la olla podrida en que nos venimos cocinando sin compasión.
El chiste fácil es muy fácil, produce risa facilito, pero el chiste sutil y cargado de veneno es fatal, porque puede ocurrir que además de despertar carcajadas genere ráfagas de metralleta.
A Jaime lo pudo matar cualquiera. A propósito hay doce hipótesis sobre su muerte y hasta el crimen pasional se contempla. Con lo que trata de pasarse de Castaño a lo más oscuro.
Habría que ver si a la calavera de Garzón le dejaron la caja de dientes que lo hizo inmortal cada vez que se la quitaba (“Soy el único colombiano que se quita los dientes para comer”, proclamaba San Heriberto). O si quedó por fuera para reírse de sus asesinos desde un vaso-de-agua.
En este décimo aniversario pongo sobre la memoria de Jaime estas flores de papel quemado, en una evocación que convoca a las personas que le amaron y le respetan exiliado en el interior de la tierra y que como un rompecabezas vuelven a armarlo, porque cada ser es la suma de sus amigos.
Cuando se comienza a asesinar la risa, cuando el muerto es el cómico, se está violando algo más que los Derechos Humanos y es privilegio sempiterno del payaso, del artista de la palabra, del bufón de la corte, el burlarse del rey en su propio palacio, y de todo lo que pasa por las arcas y las arcadas del reino.
¿Quién puede tener corazón y huevos para asesinar la risa? Con el asesinato repicado de Jaime Garzón, tamaña intolerancia viene a tomar asiento en Colombia.
Qué tal que Hitler hubiera condenado a muerte y ejecutado a Charlot, o Franco a Picasso, o el Pentágono a Lenny Bruce, o los académicos santanderistas a Fernando González, o López Michelsen a Klim. Los últimos antecedentes conocidos son las mortales amenazas islámicas a Salman Rushdie por el Ayatola y la inmolación de Víctor Jara cantando en el estadio con las manos cortadas por los esbirros de Pinochet.
Jaime Garzón viene a convertirse en el último Abel, el inocente asesinado con la quijada de un país ya muerto. Aunque todos sabemos quién fue, todavía se desconoce quién es el asesino porque en una guerra ciega cualquiera puede ser Caín. A Colombia entera la han rematado destripándole el corazón, que era Jaime, ese genio multifacético de la actuación en cadena que hizo las delicias de un país ya sin dientes para la sonrisa. Mediante su galería de personajes supo interpretar y criticar y burlarse de nuestras miserias.
“El próximo sábado soy hombre muerto”, les dijo el miércoles a quienes almorzaban con él en El Patio, y le pidió un vale a Fernando para rubricar el consumo.
Semanas antes, en una operación humanitaria de rescate de secuestrados, se había estrellado en el llano contra un árbol premonitorio, accidente en que sólo se quebró las piernas y otros huesos del cuerpo, viéndose obligado a continuar haciendo reír al país desde un sillón de ruedas.
El viernes en la madrugada, cuando se preparaba para marchar a la emisora, encontró que le habían traído la camisa del accidente y se la puso para lucir el blanco impecable. Cuando pasó por la bomba de gasolina la aguja del combustible le indicó que estaba llegando a ceros. Pero no se detuvo.
Por el parabrisas iba mirando lo que había sido su vida. Toda la película de sus amores, de sus humores y de sus dolores. Tal vez vio brillar con un resplandor sospechoso la última bota que había embolado. Los sicarios acostumbran antes de disparar llamar a la víctima por su nombre de pila. Así se aseguran que no están matando a otro. Miserables es lo que somos, o porque lo matamos o porque lo dejamos matar.
En su pequeño retiro de La Calera (en su garconiere) (“Si se pierden pregunten por la casa del hacendado Garzón”) cuyos dominios se extendían hasta donde se perdiera la vista, porque según él es de uno todo lo que se ve, se le encontraba como un santón de oriente fumando un ‘cachito', entregado a explicarse el mundo a través de sus asombrosos manuales de física, a redondear sus geniales apuntes cáusticos y a establecer en un mapa su próximo recorrido por el monte en busca de rescatar –por las buenas- a un secuestrado.
A ese rancho, que era de tablas, solían subir por tandas amigos juguetones, chicas muy lindas y el pomposo embajador de los Estados Unidos. Para todos tenía su dosis de entusiasmo regado con gotas amargas. Porque se necesitan cojones para hacer reír con las tragedias de la patria asidas por los dos cachos.
A veces volvía a encontrarlo en la Gobernación, donde yo fungía de secretario de Cultura de Andrés González, y mientras los medios en cascada entrevistaban al Gobernador por la feliz nueva de la liberación de un plagiado, él hacía mutis por el foro y nos íbamos a tomar un agua aromática mientras se desprendía los cadillos montaraces de las botas del pantalón. Aparte de ser la conciencia del país, al que le mantenía midiendo el aceite para aventurar su comentario mordaz, era un humanista y un activista radical de la paz. Que lo hayan matado por servir a la vida es el peor chiste del mal humor.
Al momento de su muerte gestionaba que las autodefensas le perdonaran la vida, porque le habían hecho saber que ya estaba impartida la orden. Prueba de que coronó su propósito es el mensaje de Carlos Castaño negando el hecho. Prueba de que no lo coronó es que ya no volverá a aparecer por El Patio.
Siempre pensé que los que cultivamos el chiste equívoco, el irreverente sarcasmo, y expresamos la crítica con humoradas, estábamos a cubierto de cualquier atentado de quienes detentan la fierramenta, como venía sucediendo desde Aristófanes, Molière y Bertolt Brecht. Con el asesinato de Garzón un fatídico viernes 13, quedamos notificados humoristas y caricaturistas, escritores, poetas, pintores o cantantes. Ni burlarnos de quienes manejan los hilos de la vida de este país, ni mandar al diablo –que ya ni siquiera existe– a quienes pueden cortarlos.
Vamos a tener que ponernos serios, o nos ponen. Porque, ¿qué más serio que un muerto?
En este país, donde se le da bala al que no tiene dientes, nos especializamos en hacer solemnes homenajes, para que en nuestro pecho se acallen los ecos de los disparos. De esta manera, si no resucitamos al muerto, por lo menos aire le damos en nuestro corazón apesadumbrado.
Las últimas tres cajas de Jaime: su caja de dientes, su caja de embolar y la caja en que terminó, serán como fetiches donde se conservará el salvajismo de que venimos haciendo gala por medio siglo.
Nadie me lo va a creer, pero a pesar de todo lo que nos dio de reír hasta que le suspendieron el servicio de respirar, Jaime Garzón fue uno de los hombres más serios de Colombia. Nunca fue gratuito su humor, y cada uno de sus chistes era una queja y una denuncia de Colombia a sus ofensores a través de sus personajes. Él tenía un proyecto de vida donde cabía la fraternidad a través de la tolerancia. Su desfachatez le abrió paso por entre las alambradas. Todos, hasta quienes le odiaron, se sintieron salpicados por su gesto de gracia condescendiente.
Si bien nunca fue un hombre de acero en vida, por lo menos después de muerto se hizo de bronce. Más vaciado que nunca, y a tamaño natural, entró a obstaculizar el espacio público con dos esculturas monumentales concebidas y realizadas por el artista Alejandro Hernández. Una como Jaime Garzón el embanderado, donde fue ejecutado, y la otra como su otro yo lustrabotas, como Heriberto, en los prados de la Gobernación de Cundinamarca. En la vía pública a la intemperie, para siempre, o hasta que resuelvan atentar con bomba o metralla contra la efigie del embolador y su caja, continuará nuestro amigo-estatua tratando de “pulir” una realidad embarrada de la que no logramos escapar por más que corramos.
Los que mataron a Heriberto ya no van a caber en sus zapatos empozados de sangre. Por el andén que anden irán dejando la huella fresca de su crimen. Nunca un embolador tuvo tanto roce con embajadores, generales, presidentes, ministros, reinas de belleza, pueblo raso, hasta su último topetazo con el poste de remate que lo esperaba.
Los personajes importantes le acercaban su par de ‘pinrieles’ sucios para que les sacudiera hasta el alma. Y lo hacía gratis el condenado, para que no lo fueran a acusar de recibir la partija.
¿Era Garzón un loco, un suicida, un esquizofrénico, tenía la personalidad dividida? El hombre más gracioso de Colombia se dio el lujo patético de andar durante sus últimos días sudoroso como un condenado a muerte, contándoselo a sus amigos del alma que se le iba. Cuenta Yamid Amat que el día del lanzamiento del Premio de Paz que crearon los comunicadores, en la Academia de la Lengua, dijo con la misma lengua que le hicieron tragar los sicarios: “Lástima que no me lo voy a poder ganar porque me van a matar”. No sé a quién se lo dieron, pero se lo debieron dar a él, in artículo mortis. Porque más que querer ganar el premio de paz, su premio era lograr la paz. A eso se apuntó descuidando el humor, y el día que se lo quemaron sólo vio el humo. Permitieron piadosos que el último sonido que escuchara el muerto inminente fuera el de su santo nombre.
Cuando iba a llegar a la avenida La Esperanza oyó que lo llamaban de acoso: ¡Jaime! Y en lugar de hacerse el güevón volteó a mirar a la cara a sus asesinos. Fue el único en reconocerlos. ¡Diablos! Y hasta allí llegó el blanco de su camisa.
*Poeta y periodista colombiano. E-mail: jmarioster@gmail.com
El primer texto en el mundo dedicado
a García Márquez
Este cuento de José Luis Díaz-Granados (entonces un niño de 13 años) fue publicado en el “Dominical” de “El Espectador”, dirigido por Gonzalo González (GOG), el 27 de diciembre de 1959. Especialistas en la obra de Gabriel García Márquez, como Jacques Gilard y Eligio García Márquez, entre otros, han reconocido que éste es el primer texto en el mundo dedicado al fabulista de Macondo. En 1959, Gabo vivía en Bogotá y trabajaba en la Agencia Prensa Latina. Su primo José Luis Díaz-Granados lo visitaba tanto en su casa de la Carrera 5ª con Calle 59 como en su oficina situada en la Carrera Séptima Con Calle 17. He aquí el texto del cuento, tal como salió en el magazine, con los errores gramaticales y de redacción propios de un niño de su edad.
UN DÍA ANTES DEL VIAJE
Por JOSÉ LUIS DÍAZ-GRANADOS
A Gabriel García Márquez
Mi abuelo se estaba preparando un viaje a la costa que debía efectuarse al día siguiente. Sus manos arrugadas de viejo guerrero parecían desaparecer de vez en cuando al colocar sobre un viejo maletín sus papeles. Vi meter dentro de ese maletín unos papeles amarillentos y carcomidos que parecían ser documentos históricos del siglo pasado. Antes de meter algún objeto lo examinaba cuidadosamente. Iba a meter un cuadernillo azul, pero se arrepintió.
—Tome —me dijo—. Lea este libro escrito por mí.
Yo lo recibí y le dije:
—Gracias. Debe ser muy interesante. ¿De qué trata?
—No pregunte. Léalo.
Siguió metiendo cosas al maletín y también botaba. Hasta ese momento me di cuenta que mi abuelo había recibido el título de teniente coronel a los 20 años. “Después sigue coronel —pensé—, luego general, mariscal…” Eso me quedó sonando.
—¿Usted ha matado gente? —Le pregunté.
—¡No! ¡Cómo se le ocurre!
—¿Pero en la guerra?
—Seguro. No recuerdo.
Seguí hojeando el cuadernillo y vi que mi abuelo cerró el maletín. Luego se dirigió a una mesa donde se encontraban otros papeles.
—¿No le da miedo viajar solo?
—Oh! Sí a mí me han pasado las balas zumbando.
Luego se inclinó en la mesa y se cambió los espejuelos.
—¿Y qué comía en la guerra? pregunté.
—Perro muerto.
—Y ¿a qué sabe el perro muerto?
—A perro muerto.
—Ja, ja, ja.
Miré el reloj y vi que eran las y diez y media de la noche. Mamá estaba en su cuarto escribiendo cartas. Luego salió del cuarto con varias cartas.
—Esas son para Juana, Luisa, la niña Pacha y el pobre Rafa —dijo.
—¿Cuál Rafa? —preguntó mi abuelo.
—Pues el negrazo que nos vendía hielo. Le mando un billetico.
—Ah! Ya lo recuerdo.
Seguí hojeando el cuadernillo y me llamó la atención este refrán:
Santo: Pedro.
Seña: Pulido.
Contraseña: Pide.
Señal de combate: Combate.
Se lo mostré a mi abuelo y él me dijo:
—Esa es una señal de combate que yo me inventé inspirándome en el valor del general Pulido, quien murió en el combate de Los Playones.
—Deja a papá en paz —dijo mi mamá.
—No —dijo mi abuelo—. Déjalo que me haga preguntas.
Miré de nuevo el reloj y vi que eran las 11. Mi abuelo se acostó y yo me dirigí hacia mi cuarto para también acostarme y mamá hizo lo mismo.
—Caray —pensé—. Mi abuelo fue teniente coronel a los 20 años y ahora tiene 77 y todavía lo es. ¿Por qué?
Al otro día mi abuelo voló para la costa.
Mário de Sa-Carneiro: Confabulador clásico
Además de pulsar las cuerdas más sensibles del hombre, el poema coloniza otras zonas, en apariencia menos dignas de recordación, y una de las más importantes de ellas es la risa, el incontenible, volcánico y subversivo humor, tan cáustico cuando lo trafica la inteligencia, como una rebelión festiva, una asonada lúdica. El siguiente poema es un espléndido ejemplo de ello.
Su autor, Mário de Sa-Carneiro es uno de los más memorables poetas portugueses, pese a no haber vivido sino 26 años. Nació en Lisboa y murió en París. Fue fundador de la revista Orfeo, junto al mítico Fernando Pessoa. Entre sus principales libros se cuentan Principio (1912), Cielo en el fuego (1915) y Confesión de Lucio. Pese a su buen sentido del humor, o quizá gracias a él, Sá-Cárneiro termino suicidándose.
FEMENINA
Yo deseo ser una mujer
Para echarme al lado de mis amigos
En las bancas de los cafés.
Deseo ser una mujer
Para echarme polvo de arroz en el rostro,
En los cafés, delante de todos.
Quisiera ser una mujer
Para no tener que pensar en la vida
Y poder conocer a muchos viejos
Para arrebatarles su dinero.
Quisiera ser una mujer
Para que se me vaya el día entero
Halando de moda y estar entretenida
Haciendo comentarios.
Quisiera ser una mujer
Para tocar mis senos
Al acostarme y contemplarlos
En el espejo,
Y quisiera serlo
Para que me sentaran bien
Aquellos disparates que a un hombre
No se perdonan.
Yo quisiera ser una mujer
Para poseer muchos amantes
Y engañarlos a todos
Incluso al predilecto;
Cuánto me gustaría
Engañar a mi amado rubio y esbelto
Con un muchacho extravagante
Horrible y gordo.
Yo quisiera ser una mujer
Para excitar a quien me observa,
Quisiera ser una mujer
Para poder excusarme…
(Tomado de Poemas perversos, Colección Los Conjurados)
Jaime Mejía Duque, genio y figura

Por Eduardo García Aguilar
Jaime Mejía Duque fue la primera persona que busqué en Bogotá cuando llegué allí a los 18 años para iniciar mis estudios en la Universidad Nacional de Colombia. De inmediato me recibió en su oficina del Ministerio del Trabajo donde trabajaba como jurista y después de largas conversaciones en los cafés de la séptima y visitas a librerías emblemáticas del centro, me abrió las puertas para publicar en Lecturas Dominical es de El Tiempo, dirigido por Enrique Santos Calderón, entonces su amigo entusiasta y generoso joven de izquierda.
En su órbita se discutía con pasión sobre literatura latinoamericana y colombiana y se buscaba analizar las tendencias de las letras continentales en tiempos de auge del irrepetible boom de la novela latinoamericana, cuando autores extraordinarios como Alejo Carpentier, Miguel Angel Asturias, Guillermo Cabrera Infante, Augusto Roa Bastos, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Juan Carlos Onetti, José María Arguedas, Julio Cortázar, José Donoso, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa irrumpían a nivel mundial, pues nuestro continente estaba de moda en el mundo por las ilusiones que suscitaba su probable camino hacia la revolución encabezada por el mito crístico del Che Guevara.
Después de las presentaciones de libros, conferencias o entregas de premios literarios universitarios, recalábamos todos en grupo en algún bar restaurante cercano a la carrera séptima, como ocurrió aquella vez en que llegó a Colombia el joven narrador Oscar Collazos, entonces la estrella máxima de las letras jóvenes continentales tras su conocida polémica con Julio Cortázar y Vargas Llosa, publicada por Siglo XXI editores. Mejía Duque encabezaba la mesa y la literatura era nuestro reino. Alto, c ejón, cegatón, manco, pero de una elegancia de cachaco impecable, con la otra mano alzaba la cerveza entre la humareda del antro y reía sin perder la compostura. El país no imaginaba entonces hasta dónde llegaría en materia de horrores y sorpresas sangrientas. Hasta dictador mafioso tenemos ahora. Aún caminaban por ahí León de Greiff y Aurelio Arturo y el fantasma de Baldomero Sanín Cano todavía estaba fresco.
Aquel momento de euforia colectiva no volverá a repetirse: la literatura latinoamericana era de una variedad asombrosa y había lugar allí para todo tipo de expresiones en el campo de la ficción, fueran ellas borgianas, barrocas, costumbristas, neorrealistas, experimentales, mágicas, agrarias, urbanas, eruditas, absurdas, crípticas, comprometidas, procaces o macarrónicas. La poesía, encabezada por la maestría viviente del gran Pablo Neruda, irrigaba toda la geografía continental hundiendo sus raíces en el modernismo y estirando sus brazos y manos abiertas a todo tipo de experimentaciones, a través de las vanguardias. Y al lado de esa pléyade de autores y multitud de obras notables escritas y publicadas entre los años 50 y 70, vibraba con derecho propio el ejercicio del ensayo y la crítica con nombres inolvidables como Emir Rodríguez Monegal, José Miguel Oviedo, Fernando Ainsa, Angel Rama y J aime Mejía Duque, Hernando Valencia Goelkel, Oscar Collazos, Isaías Peña Gutiérrez y Juan Gustavo Cobo Borda, entre los colombianos.
Desde todos los países surgían obras que circulaban frescas entre las diversas capitales y a diferencia de esta primera década del siglo, dominada por productos editoriales desechables de consumo inmediato, se trataba de obras monumentales devoradas en colegios y universidades por una generación enfebrecida por los campos magnéticos de la historia en movimiento. Mejía Duque era una antena de esa inquietud en la Bogotá de los años 70 y en torno suyo jóvenes y contemporáneos intercambiábamos libros y discutíamos sin cesar sobre el fenómeno en curso.
Después de cuatro décadas de reino ininterrumpido de Gabriel García Márquez, autor aclamado unánimente por toda la crítica y la prensa literaria mundiales, es difícil entender para quienes no vivieron esos momentos lo que significó ser testigos de la verdadera declaración de independencia cultural y artística de América Latina. Ahora es algo ya admitido, pues pasada la efervescencia revolucionaria de aquellos años, los logros culturales se solidificaron en las mentalidades, pero entonces, cuando el continente luchaba por desatarse de las garras del cruel imperio norteameriano, cómpl ice y autor de los más grandes crímenes para apuntalar a dictadores locales, esos acontecimientos históricos irreversibles suscitaban una agitación intelectual poco vista en universidades, cafés y librerías. Desde la adolescencia tratábamos de desentrañar los aracanos de la historia, estudiando a la luz de los grandes pensadores del momento los procesos históricos de la humanidad y la aventura del pensamiento.
En esos tiempos de inquietud política latinoamericana marcada por los asedios de la ultraderecha y las dictaduras, las acciones imperiales violentas de Estados Unidos y el auge opositor de las ideas marxistas agenciadas por la Unión Soviética, China y Cuba, Mejía Duque era un « intelectual orgánico » que analizaba las tendencias de la cultura latinoamericana del momento, rebelde, leal a la causa de la revolución, pero nada ingenuo ante las fisuras y vicios del bando insurgente y los problemas detrás del Muro de Berlín. Este abogado erudito y riguroso pertenecía a una generación estudiada en las universidades de Rusia, Alemania del Este y otros países de la órbita soviética situados tras la cortina de hierro en plena guerra fría, y que durante su estadía en esos países accedió a otras lenguas y culturas que llegaron a conocer y traducir ampliamente, como es el caso del excelente poeta Eduardo Gómez o del fallecido Henry=2 0Luque Muñoz, entre otros muchos intelectuales colombianos de izquierda.
Cuando pronto viajé en 1974 a continuar mis estudios en la Universidad de París me llevé en la valija sus obras y más tarde propicié la edición en francés por parte del Centro de Información de América Latina (CIAL) de El otoño del patriarca y la crisis de la desmesura, donde Mejía Duque ejercía su crítica ante la nueva obra de GGM posterior a Cien años de soledad, con valentía meritoria, cuando cuestionar al futuro Nobel era un pecado de lesa majestad.
Sus libros Literatura y realidad, Mito y realidad en Gabriel García Márquez, Narrativa y neocoloniaje en América Latina, así como sus exploraciones sobre las vanguardias latinoamericanas y sus textos sobre Jorge Isaacs, Tomás Carrasquilla y otros autores colombianos merecen una nueva relectura situada en el contexto en que fueron escritos. Mejía Duque está posicionado para siempre al lado de los otros grandes críticos latinoamericanos contemporáneos del boom. Él y los hombres de izquierda de su generación fueron seres honrados que amaron a su país y por eso murieron olvidados en vida: en estos tiempos de bandidos y mafias tenebrosas aferradas en el poder para robar y matar, ellos son ejemplo significativo para nuestro país a la deriva.
Gonzalo Mallarino Flórez, lectura antológica
Presentación de Federico Díaz-Granados
Jueves 10 de septiembre a las 6:30 pm
Casa de Poesía Silva, Calle 14 No 3 – 41
Entrada Libre
Gonzalo Mallarino Flórez (Bogotá, 1958). Poeta, cuentista y novelista. Sus libros de poesía son Cármina (1986), Los llantos (1988), La ventana profunda (1995), La tarde, las tardes (2000), Vara de buscar agua (2006). Ha publicado cuatro novelas: Según la costumbre (2003), Delante de ellas (2006), Los otros y Adelaida (2008) y Santa Rita (2009).
PÁRPADOS CERRADOS
Yo te recuerdo primera
en un jardín verdadero
donde corre una quebrada.
(Y tus párpados cerrados
como tupidas arañas
sobre las mejillas blancas)
No era el jardín que he leído.
Ni tampoco el que he soñado.
Era el tuyo. El verdadero.
El del rosal en la boca.
El de la boca besada.
Encuentro de escritores colombianos en Cataluña
Entre el 29 y 30 de septiembre se realizará en Barcelona en Casa Amèrica Catalunya, C/ Córsega 299, entresòl. El encuentro de los escritores colombianos: Ángela Becerra, Sergio Álvarez, Arturo Bolaños Martínez, Ricardo Cano Gaviria, Antonio María Flórez, Luis Noriega, Zamir Bechara, Anabel Torres, Juan Pablo Roa y Juan Gabriel Vásquez.
La literatura colombiana ha tenido una importante presencia en Barcelona. Desde inicios del siglo XX hasta hoy, un numeroso y cualificado grupo de escritores colombianos han residido y publicado en esta ciudad. Actualmente son varios los autores que realizan su trabajo en Cataluña y escasas las oportunidades para escuchar de viva voz sus textos y opiniones sobre la literatura, su literatura y la de su país. Casa Amèrica Catalunya acoge esta iniciativa, que nace de la posibilidad de contar con la presencia de algunos autores para compartir con el público lector su experiencia creativa y hacer comentarios alrededor de la poesía y la narrativa. Ésta es la ocasión para encontrarse con ellos.
El martes 29 de septiembre se realizará la conferencia “Narrativa colombiana en Cataluña” a las 19:00 dictada por Ricardo Cano Gaviria. A las 20:00 se efectuará el conversatorio con los escritores Ángela Becerra, Juan Gabriel Vásquez, Luis Noriega, Ricardo Cano Gaviria y Sergio Álvarez. Dialogará con los autores el escritor español José Antonio de Ory.
El miércoles 30 de septiembre a las 19:00 el poeta Arturo Bolaños Martínez dictará la conferencia “El silabario que nos une”. A las 19:45 se realizará un recital poético con Anabel Torres, Juan Pablo Roa, Zamir Bechara, Antonio María Flórez y Arturo Bolaños Martínez. Los presentará la poeta catalana Rosa Lentini.
CARTAS DE LOS LECTORES
TREMENDO ANALISTA. Con-Fabuladores: Incisivo y meticuloso, por decir lo menos, ha resultado su espléndido colaborador y ahora entrevistado José Corredor Núñez. Sus declaraciones y reflexiones desnudan una verdad que permanecía debajo de la mesa. El análisis periodístico ha llegado a completar el esquema de Con-Fabulaciones. Felicitaciones al ex congresista. Armando Martínez
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EN BUSCA DE UNA GRAN ALIANZA. Distinguidos amigos de Con-fabulación: felicitamos la plausible labor que despliegan a favor del arte y la literatura. Asociación Letras Hispanas es una organización sin fines de lucro cuyo objetivo es promover y difundir la obra de autores hispanoamericanos contemporáneos. Para tal fin, contamos con el respaldo de medios –sobre todo virtuales- que publican poemas, cuentos y ensayos. Por esta razón nos dirigimos a ustedes para solicitar su apoyo y alianza, agradeciendo de antemano la atención que puedan brindarnos. Asociación Letras hispanas.
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LA VOZ ERÓTICA. El MaReA les desea muchas seducciones en el mes del amor y la amistad, arte político, provocativo y sensual. Para conmemorar los 20 años del asesinato del político liberal Luis Carlos Galán, los diez años del asesinato del humorista político Jaime Garzón, el MaCMaReA rinde homenaje al maestro Diego Arango Ruiz, uno de los sobrevivientes activos de la pléyade de artistas políticos que enriquecieron la atmósfera de los años 70. Hoy, la mayoría de ellos, por desgracia, duermen en las fauces de Saturno. Fernando Guinard, Director Museo Erótico MAREA
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SOBRE EL MAGNICIDIO INOLVIDABLE. La muerte de Luis Carlos Galán significó el fin de una época en la que la honestidad y la dignidad tenían un papel fundamental en la sociedad colombiana. Es el tiempo de la traición, de la mentira, de las estadísticas falsas, del mal gusto, del narcotráfico, de la doble moral, de la entrega de la soberanía. Y los medios de comunicación se hacen voceros de esa infamia, con la seguridad de que muchos, muchísimos, les creerán. Seguiremos, por lo tanto, reeligiendo esto que tanto nos agobia: son otros tiempos y hombres como Galán y Garzón son el pasado. Ahora estamos en los brazos indecorosos de pequeñas conciencias, y las palabras se quedan en sutilezas que solo leemos y comprendemos unos pocos. Los demás están felices y apenas empiezan a comprender que vamos inexorablemente hacia a una tragedia inmensa. Luis Fernando García Núñez
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DELEITE TERRENO, VERDAD CÓSMICA. Es una delicia encontrar Con-Fabulación en medio de estos desastres ideológicos que nos apuran a otras búsquedas terrenales o quizá cósmicas? Gracias muchachones por seguir ahí. Jorge Correa Bernal
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DESDE SANTANDER. Tenemos todo el interés de publicar en el semanario La Tarde de Santander importantes artículos, crónicas y reportajes que destaca Con-Fabulación, por supuesto reconociendo el crédito, tanto del autor y de Confabulación. Miles de campesinos lectores del periódico La Tarde, que residen en el Sur de Bolívar y la rivera del río Magdalena hasta Bocas de Ceniza, todos esos colombianos olvidados adquieren gratuitamente el periódico La Tarde, único medio de comunicación impreso que publica las denuncias y los atropellos que lidera el Estado colombiano, guerrilla, paramilitares, narcotraficantes y politicos corruptos. Agradezco sus comentarios. Diro César González Director periódico La Tarde de Santander Barrancabermeja.
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MAYO ESCRIBE EN SEPTIEMBRE. Felicidades director y editores de Confabulación: Las palabras como pasos no son entelequias. Carlos Mayo.
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LA TERCERA PESADILLA. Con-fabuladores: hoy no encuentro siquiera motivos para sentir el hálito erótico que enaltece mis días, y que llena de sazonadas imágenes el fortín de mis ensoñaciones. ¿El motivo? Estamos ad portas de la tercera reelección del hirsuto mandatario, la tercera “Vencida de los desarraigados, la tercera versión de la patria boba, habitada por dormidos y desglandulados. Qué pena! Hoy ni siquiera el deseo puede levantarme del desencanto insondable. Con un beso Narda Fiory.
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