Enviado por Piero De Vicari
POEMANÍA
la manía del poema…
Hoja literaria de aparición virtual
?
DOSSIER:
“¿Qué requisitos debe contemplar
un poema para ser considerado bueno?”
OPINA:
CARLOS ALBERTO ROLDÁN(*)
Será oro si convenimos que reluce
Pretender que los poemas tienen o no tienen valor, es considerar que el valor es ínsito a su contenido, lo constituye, y que habrá o deberá haber alguno que con una ciencia especial, racional o no, vea en él al leerlo eso extraño que otro puso allí, y que tampoco sabe bien –por lo menos el conjunto social no sabe bien- de qué se trata. Y allí cae en malón toda una hueste de estetistas relamidos que se adjuntan titulejos o posan al pie de alguna estatua, con tal de sentirse los regentes y poseedores, los pocos, la estirpe del privilegio, los que la detentan desde la mismísima cuna. Y no hay tal, por favor. Cuando la escritura de un poema se aleja demasiado de la práctica de la escritura de una época, se produce una especie de chirrido en los dientes de los que leen, porque no lo reconocen y se espantan. Un cierto hábito, un cierto calcular qué es posible o hasta dónde es posible vulnerar esa costumbre, es lo que se estatuye como único posible. Se escribe dentro de un posible de escritura y se propone hasta dónde es posible o se hace posible proponer en una época cierta y una sociedad cierta. Y además está el problema de a quién se destine el texto, y no hablo de ángeles ni gnomos, sino de clases sociales.
Es muy difícil que la burguesía tolere una escritura desafiante o subversiva del orden en que deviene y pavonea. El lugar que tiene el arte para ella no dista mucho de la función que se le asignara a los bufones de corte: la sobremesa, el solaz idiota, la distracción -que es la misma cosa que se busca en amantes, conquistas de países, robos o adquisiciones de joyas o caras pertenencias-, o la consecución del olvido. El arte está marcado a fuego por el tipo de relación que establezca con el sistema social y político: buenas o malas migas. El arte que se piense a sí mismo más allá de la trampa esteticista y acometa la tarea de intentar la transformación de la sociedad en que se produce, o –menos ampulosamente- reflexione sobre la misma y se establezca como una práctica masiva y reflexiva, tendrá dificultades, como siempre las ha tenido, y será perseguido, denostado, censurado.
¿Quiénes establecen en una sociedad los valores de una obra cualquiera? ¿Quién dictamina, y como César a la hora circense, levanta o baja su pulgar para que su veredicto sea considerado ley? En Argentina hay frentes de poder literario en confrontación parcial, con alianzas finales oportunas y de última hora, como en las campañas políticas, y cuya ley básica es que, llegada la hora de la verdad, entre bueyes no habrá cornadas, y se podrá confrontar parcialmente, pero, finalmente, la propiedad no me la tocás, nene. Frentes literarios subrayables –también discutibles, pero acordables- son La Nación, Clarín, Página 12 (como ocasional espacio de una crítica de izquierda sin lugares de encuentro masivos). Profesores universitarios o críticos encolumnados repiten esos puntos de vistas. Las editoriales se manejan más bien por sus interés económicos, y publicarían la vida amorosa del Che en revistas de telebasura si eso les deparara algún peso más. Ninguna otra moral que el bolsillo.
Y los denominados valores permanentes ¿son en realidad apenas “tigres de papel”? Hay textos particularmente retomados a lo largo de la historia y desde distintos lugares por el nivel de significatividad y por actualidad que permanentemente parecen recuperar. Son lugares por cierto de verdadero privilegio, de “alta redundancia”, tal como diría Eco, y cuya ambigüedad esencial es recuperada para renovar los mensajes. Detrás de “Edipo Rey” está el mito de Edipo y la constitución de todo un nudo de discursos literarios edificado por media humanidad, y con los señalamientos más dispares. Allí digamos que es la obra, pero también el mito subyacente, que no es una obra. Y casi toda obra adquiere valor por los mitos permanentes que arroja, como la frase de la Esfinge al viajero cansado y adormecido con que se tropieza. Tal vez se haya dicho muy poco todavía de los mitos cuya construcción evidentemente es colectiva y anónima.
Uno podría apelar en la cuestión a discursos alejados del que habla de la lucha de clases y de la explotación del hombre por el hombre, o de la guerra. Y seguramente sería así visto con mayor benevolencia, porque esto otro, axializarla, es aguar la fiesta y tener mal gusto. No puedo decir que el poema sea atributo de seres especiales, superiores, ni hablar de inspiración o musas o designios. El poeta es un hombre que hace un trabajo con la lengua de su comunidad con algún saber y algún instinto: se supone que todo lo atesorado en el ámbito de la palabra se activará en su poema, si éste es bueno, y que no se podrá decir “qué bien que habla” sino, más bien, “qué bien toda esta comunidad de la que él es parte está presente, viva, y se expresa a través de su voz”. El privilegio del poeta es el de poder ocupar el lugar debido a aquel que las horas arrancadas por el trabajo, la mala escuela y una vida poco humana, no le dejaron restos para hacerlo. El poeta es el que hablará en el lugar de esa ausencia.
Entonces veo al poeta como humilde oyente del silencio a que se somete al hombre explotado.
(*) Carlos Alberto Roldán: Nació en Sáenz Peña, provincia de Buenos Aires, en 1946. Docente, poeta, ensayista y periodista. Entre sus libros publicados, podemos mencionar 55 Aniversario del Ateneo Poético (1950-2005), (Ed. Creadores Argentinos, Buenos Aires, 2005); Antología de Amante das Leituras 2008 (Edium Editores, Portugal, 2008); Pareceres, Antología de Crearpoesía 2007, El taller del poeta, (Pontevedra, 2007); Poesíada (Editorial El Escriba, Buenos Aires, 2007). Buena parte de su obra fue publicada en listas de correo, páginas web de amigos, weblogs, y revistas literarias virtuales. Realizó estudios en la Carrera de Filosofía, de la.Universidad Nacional de Buenos Aires, en el Instituto Superior de Periodismo (Grafotécnico) y en el Instituto Nacional Superior del Profesorado “Joaquín Víctor González”, último lugar de donde egresó como Profesor en Castellano, Literatura y Latín. Ejerció y ejerce en diversos establecimientos nacionales y provinciales, en EGB3, ESB, Polimodal y Terciaria (donde dicto clases de Semiótica II, Psicolingüística y Gramática III). En enero del año 2000 creó la lista de escritura literaria Utopoesía, hoy de diez años de edad (la más antigua en vigencia), y una de las más importantes de habla castellana y portuguesa. En el año 2003 organizó los Encuentros Poéticos de Vientos Contrarios, por cuyos micrófonos pasaron centenares de poetas, narradores y diletantes de la poesía del país y del mundo. Actualmente sigue realizando en Contacto Pub, Bacacay 1715, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, todos los segundos sábados de mes a las 18 horas. Sin apoyo económico de ninguna institución oficial ni privada, organizó su proyecto más ambicioso: el de interrelacionar instituciones literarias de todo tipo y de diversos países para generar en ellos verdaderas “Embajadas Literarias”. Ya ha podido ubicar a más de un poeta extranjero visitante ante medios de prensa y ofrecerle espacios en instituciones académicas ante las cuales presentarse.. La promoción de la literatura tanto en lo que es su escritura como su lectura, ocupa en él, la misma dimensión que el escribir. Para acceder a Utopoesía: http://www.groups.yahoo.com/group/utopoesia. Actualmente vive en Dock Sud, Avellaneda, provincia de Buenos Aires.
POEMANIA / DOSSIER
1/ No hay requisitos ni fórmulas por Roxana Rajmilchuk
Solo hay tantos modos como poetas por Amilkar Feria Flores
La respuesta es sencilla, de una simpleza aterradora… por Oscar Wong
2/ Un buen poema por Pepe Junco
3/ Un buen poema y Nacimiento y avatares del poema por Aldo Novelli
4/ ¿Qué requisitos debe contemplar un poema… por Luis Benítez
5/ Si… por Rolando Revagliatti
6/ Hasta volver a nacer… por Elena Cabrejas
¿Qué es la poesía: cuando y por qué es buena o mala? por Alberto Jiménez Ure
7/ Memoria y tradición de la palabra por Andre Cruchaga
8/ Donde hay un poema hay alguien… por Hebe Solves
Una especie de paraíso … por Carlos Barbarito
9/ Lo bello o no bello del poema es indefinible… por Alberto Darío Valenzuela
10/ Una opción especial de relación con el mundo por Milagros Salvador
La sensación de que el poema trasciende la página… por Sebastián Olaso
11/ La necesidad imperiosa de escribir el poema por Cristina Berbari
El lenguaje del alma, un puente de voces, o un estado de gracia… por David Antonio Sorbille
12/ A la hora de juzgar un poema… por Ruben Vedovaldi
13/ ¿Buena o mala poesía? por Andrés Casanova
¿Cuándo un texto es poesía? por Juan Ruiz de Torres
14/ Un buen poema es como un pájaro que nos mira por Simón Esain
15/ No puede tener una respuesta por Julio Bepré
Lo peor de un poema es el poeta por Alejandro Schmidt
16/ La poesía debe ser como una granada por Sebastián Jorge
17/ La voluntad poética por Fernando Sánchez Zinny
18/ Abrir la boca por Jaime Icho Kozak
19/ Será oro si convenimos que reluce por Carlos Alberto Roldán
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