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morenoARTE / BOLETÍN NUMERO 15

Archivado en Boletines • Fecha: 28-04-2009 13:27:31


 morenoARTE / BOLETÍN NUMERO 15
N° 15
CONTENIDOS
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· Jorge Luis Borges / Conferencia sobre Xul Solar
 
· Jorge Dubatti / Sobre el teatro de Leopoldo Marechal
 
· Abelardo Castillo / Un Cuento
 
· Rainer María Rilke / Carta a Clara, su esposa, sobre Augusto Rodin
 
· Centro Cultural Recoleta / Muestras
 
· Feria Internacional del Libro / Comenzó
 
· El muro de la intolerancia / Será Galería de Arte
 
· Juan Marsé / Ganó el Premio Cervantes
 
· Premio Pulitzer / Por primera vez a una Web
 
· Las cifras del paco / Jóvenes en riesgo.
 
· Centro Cultural de la Cooperación / Programa
 
· Jeannette Leroy / En Andalucía
 
· Entrevistas / Por Helios Buira
 
· Almacén cultural / Inaugura muestra
 
· Una Peña Musical con La Criolla Froderband
 
· Nuevos Dibujos en el Blog / Los invito a ver
 
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Jorge Luis Borges
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CONFERENCIA SOBRE LA OBRA DE XUL SOLAR DICTADA EN 1980 POR JORGE LUIS BORGES EN LA FUNDACION SAN TELMO EL MIÉRCOLES 3 DE SEPTIEMBRE DE 1980. (*)

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Señoras, Señores:

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En el curso de una larga vida, -he cumplido 81 años-, conocí a mucha gente famosa. Conocí y olvidé a muchas. Pero algunos persisten, y me acompañan. Pienso en primer término en mi padre. También en personas famosas que conocí, sé que los conocí como sé por ejemplo que estuve en Connecticut y en Valencia; pero hay tres de ellas que querría nombrar, que son el gran poeta judeo-andaluz Rafael Cansinos Assens, Macedonio Fernández y, quizás más que ningún otro, Alejandro Xul Solar. No recuerdo cuándo nos conocimos. Hablamos inventado que nos habíamos conocido en tal o cual lugar, pero no recuerdo ahora cuál es. No sé si ustedes conocieron personalmente a Xul Solar. Algunos lo habrán conocido, otros no. Me parece estar viendo a ese hombre alto, rubio y evidentemente feliz. Creo que uno puede simular muchas cosas, pero nadie puede simular la felicidad. En Xul Solar, se sentía la felicidad: la felicidad del trabajo y, sobre todo, de la continua invención. Era de origen italiano; italiano del norte, su madre se llamaba Salan y su padre Schulz, del Báltico. Es decir que tendría sin duda sangre prusiana, sangre eslava, quizás alguna sangre escandinava y luego, sangre de los italianos del norte, germánica. Me dijo una vez que había nacido en San Fernando y había viajado por todo el mundo. Creo que Xul tendría unos catorce años cuando fue como polizón en un barco que iba a Inglaterra; trabajaba como marinero, y luego leía. Recuerdo que alguien a bordo le preguntó qué estaba haciendo, y él dijo que había cumplido con su trabajo y que estaba leyendo, y el otro le contestó: “Una filosofía muy peligrosa para un joven, eso de estar leyendo y descansando. Recuerdo que Xul me dijo que llegó a Inglaterra, desembarcó y que lo primero que vió fueron dos hindúes; pensó que eso era “a good ornen”, un buen presagio. Hablaba inglés perfectamente y el alemán lo había heredado, y ya que he hablado del inglés y del alemán recuerdo haber pasado tantas tardes en su casa, en la calle Laprida 1214, en esa espléndida biblioteca, quizás una de las mejores bibliotecas que yo he visto en mi vida, con libros en todos los idiomas.Solíamos pasar a tarde leyendo a Swedenborg, leyendo la música de Swedenborg, leyendo a Blake, leyendo no solamente la música de Blake, sino lo místico de Blake, la magia de Blake. Si yo tuviese que comparar a Xul con algún otro -pero Xul era único, quizás cada individuo sea único pero en él se notaba más esa unicidad- lo compararía con William Blake precisamente, ya que William Blake fue un místico como él, fue un visionario y fue un gran poeta (además de grabador). Xul fue poeta, pero lo hizo en los dos idiomas inventados por él. Tenemos, pues, esta primera definición de Xul Solar. Voy a tratar de descubrir otra. Diría que nosotros, o casi todos nosotros, vivimos aceptando el universo, aceptando tradiciones, conformándonos a las cosas. En cambio, Xul vivía recreando el universo. Lo recreaba en cada momento. Creo que los teólogos dicen que el estado del mundo es una perpetua creación. Es decir, si Dios dejara de pensar en nosotros en este momento, desapareceríamos aniquilados por su olvido. Dios nos piensa en cada momento. A Xul esto no le bastaba. Xul recreaba el universo. Hablo de Xul y pienso en una imagen, no sé si es de Conrad o si es mía, total qué importa, las imágenes son las mismas, y es ésta: es la de un navegante que atraviesa el mar y ve una línea que es una realidad en el horizonte. Y entonces piensa: esa realidad es el Africa, o es Asia o América. Y piensa que detrás de esa claridad, esa vaga línea que él apenas descifra en el horizonte, que detrás de esa vaga claridad hay un continente. En ese continente hay religiones, dinastías, ciudades, selvas, desiertos, hay muchas cosas. Pero que a él le toca ver simplemente esa línea. Ahora siento que en este momento soy ese navegante. Tengo que hablar de ese gran continente, de este vasto país con sus imperios, su historia y sus mitologías, su botánica y su zoología, todo eso que fue Xul Solar. No sé si lo he alcanzado; creo que no. Pero he percibido lo bastante para sentir ahora el vértigo; siento el vértigo de todo aquello infinito que vi en Xul, de lo cual me fue dado discernir algo. Muy poco, desde luego, pero lo bastante para saber que yo he estado frente a un hombre de genio. Se ha abusado de la palabra genio, pero en este caso creo que es indudable.Veamos algunas de las innovaciones que él propuso, ya que vivía modificando la realidad. Sé que han quedado muchos manuscritos suyos, -no sé si escritos en la Pan lengua o en lo que él llamaba el Creol -. Creo que la Pan lengua era un idioma universal. Un idioma formado un poco a la manera del Volapük pero sin lo ingrato, lo desagradable del Volapük. Ustedes saben que cada idioma tiene ciertas posibilidades de las que carecen otros. Por ejemplo, usted puede combinar en inglés o en alemán, verbos con preposiciones, es decir, como dice Kipling: “Ride the moon out of the sky, their hoofs dream up the door, think away.. ; eso no puede hacerse en castellano. Xul creó un idioma en el cual eso era posible. Hay formas de verbo que se han perdido: por ejemplo, los gladiadores le decían al César: Morituri te salutat’ (los que van a morir te saludan). Pues, esa forma se ha perdido. O la forma “ando’, que viene de “andus’ que quiere decir “lo que será, o lo que debe ser”. Por ejemplo: Amanda: la que debe ser amada. Esa forma del verbo se ha perdido, y creo que en la Pan-lengua de Xul existían todas las formas posibles. Cada idioma tiene alguna posesión secreta. Por ejemplo en castellano hay una di­ferencia que no se da en otros idiomas, entre ser y estar: una cosa es estar enfermo y otra es ser enfermo; estar triste y ser triste. Hay otros idiomas que no permiten esta diferencia, lo cual es una pobreza. Uno puede decir en castellano, “estaba solita”; eso podría decirse en inglés: “she was all alone”. Pero, ¿cómo decir “estaba sentadita”? Yo creo que no puede decirse en otros idiomas, porque sentadita significa que una persona está sentada y al mismo tiempo se expresa la ternura y el cariño que uno siente por ella: esta es una posibilidad del idioma castellano. Xul imaginó un idioma, la Panlengua, basado en la astrología. Creía sinceramente en la astrología, lo cual quiere decir que creía en la pluralidad de los astros o de los dioses. Xul me dijo: “Qué raro que la gente piense que es mejor creer en un solo Dios. Es un error. Si Dios es bueno, conviene que haya muchos dioses. Cuanto más dioses, mejor”. Y él aceptaba una pluralidad de dioses: por lo pronto, los dioses que corresponden a los planetas, a los días de la semana. El hablaba de Venus y creía que hay una divinidad llamada Venus. A una amiga mía le dijo: “Cuando usted sonríe, cuando usted mira, ¿por qué brillan sus ojos? ¿Por qué su sonrisa nos atrae? Porque es Venus la que sonríe”. Creó otro idioma, en el cual ha dejado buena parte de su obra: el Creol. Era un español enriquecido con las riquezas de otros idiomas. No un idioma absoluto; un idioma con raíces españolas y además con palabras tomadas de otras lenguas. Por ejemplo, decía: “Juguete, ¿qué es un juguete? Es un jugo inmundo. Es una palabra despectiva”. En cambio él prefería la palabra inglesa “toy”, y entonces decía: “se toy-besan, es decir se besan en broma, o “se toy-quieren”. El usaba continuamente palabras de este tipo. Le preocupaba mucho el adverbio. Me hizo notar, esto lo he repetido muchas veces después, que en castellano cuando usamos un adverbio, el acento cae sobre el sufijo mecánico. Por ejemplo, si decimos “rápidamente” o lo contrario, “lentamente”, lo que se oye es la parte mecánica, el “mente”. En cambio si se dice en inglés “quickly, slowly”, la parte mecánica, el gadjet, el artefacto, el ly’ casi no se oye, pero sí se oye, en “swiftly, slowly”, el “swift” y el “slow”. El había propuesto que se usara el “ue” como adverbio. Recuerdo un día en que fui a la casa de Victoria Ocampo y él dijo: “Tengo una gran noticia”; le preguntamos cuál era. La gran noticia era: “ha muerto el adverbio’. El había oído gente que decía: “Que le vaya lindo’, en lugar de: “Que le vaya lindamente’. Entonces él anunció que había muerto el adverbio, que ya podía reemplazarse por un adjetivo usado después de un verbo; y explicó eso largamente, y luego -estamos entre amigos, seamos infidentes, por qué no- después de una larga explicación ,Victoria le dijo: “Pero Xul, ¿qué es el adverbio?”. Claro, Victoria, autodidacta, sabía muchas cosas e ignoraba otras; el adverbio quedaba un poco lejos; Xul tuvo que explicárselo. Recuerdo también una señora, la marquesa de... para qué decir su nombre, digamos XYZ, que hubiera podido ser mecenas para Xul. Le hablamos a esta señora, lo conoció a Xul, Xul fue muy cortés con ella. Xul tenía una extraordinaria cortesía. Recuerdo que a cualquier casa que iba, lo daba la mano a la gente de servicio, se despedía de ellos, cosa que no se usaba entonces; no sé si se usa ahora tampoco, (posiblemente no haya más gente de servicio por lo cual esa cortesía es inútil). Esa señora había resuelto la ayuda a Xul y le preguntó algo. Xul contestó: “No sabo”. Xul era el hombre más capaz de amistad que he conocido. Creo que le debo quizás las mejores horas de mi vida, leyendo y discutiendo, y, sobre todo, dejándome enseñar por él. Recuerdo uno de los primeros sueldos que cobré -un sueldo de trescientos pesos, que significaban algo-. Pensé: Xul tiene tantos amigos ricos, no le han comprado un solo cuadro. Voy a destinar parte de este primer sueldo que gano -después de muchos meses de no ganar nada- y voy a comprar un cuadro de Xul. Le pregunté el precio de un cuadro suyo. Me dijo:“Son cien pesos. Voy a hacerle precio de amigo: le cobro cincuenta”. Me cobró cincuenta y me regaló además otro cuadro mucho más grande. Un rasgo muy lindo en Xul: Xul se negó siempre al comercio. Pensaba que la pintura era una de las artes liberales, y la ejercía con felicidad. Recuerdo también una herejía de Xul: no sé si ahora puede hablarse mal de Picasso. Hacia 1925 o 1930, no se podía. Y Xul dijo alguna vez que él pensaba que Klee era muy superior a Picasso. Eso no le fue perdonado. Tampoco el Creol, aunque fue imitado después por otros escritores. Dije que Xul vivía inventando continuamente. Había inventado un juego, una suerte de ajedrez, más complicado -como el diría más “pli”, porque en lugar de complicado decía “pli”. Un ajedrez más “pli” y quiso explicármelo muchas veces. Pero a medida que lo explicaba, comprendía que su pensamiento ya había dejado atrás lo que explicaba, es decir que al explicar iba enriqueciéndolo y por eso creo que nunca llegué a entenderlo, porque él mismo se daba cuenta de que lo que él decía ya era anticuado y agregaba otra cosa. En cuanto lo había dicho, ya era anticuado y había que enriquecerlo. De modo que no sé en qué quedó esto pan-juego, pero creo que hay gente que lo juega. Posiblemente hay gente que “pan-yo­ga”, como decía él, (que “pan-juega”). Espero que se haya conservado esto: una de sus muchas invenciones. (*)

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(*) Fuente: Texto procedente de Material de consulta en Museo Xul Solar, ubicado en Láprida 1212 en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Página Museo:  www.xulsolar.org.ar

 

 


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Jorge Dubatti
Sobre el teatro de Leopoldo Marechal
 
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Lo primero que hay que decir con respecto al teatro de Marechal es que está eclipsado por la producción narrativa. Marechal escribió mucho teatro, adoraba el teatro, no solamente como dramaturgo sino también como espectador. En Cuadernos de Navegación habla mucho de las obras de Charmiello y la admiración que sentía por el Charmiello de la escena y del radioteatro.

La gente conoce Adán Buenosayres, conoce Megafón, y conoce la poesía de Marechal, pero no sabe que Marechal tiene una gran producción teatral. Algunas obras son conocidas —como Antígona Vélez—, pero otras como Don Juan, La batalla de José Luna o Las tres caras de Venus son menos conocidas. Ni hablar de las piezas pequeñas, piezas fragmentarias como Gregoria Funes, El superhombre o El Canto de San Martín, que es el primer texto teatral que escribe Marechal en la década del ‘50 para que lo estrene en Mendoza un gran músico argentino, Julio Perceval.

Es interesante ver cómo todos estos años se ha reeditado Adán Buenosayres, El banquete de Severo Arcángelo y Megafón, pero recién tenemos una edición del teatro completo con la publicación de las Obras completas de Editorial Perfil. Yo pondría también el acento con relación al corpus de teatro de Marechal, un tema muy misterioso sobre el que se ha vuelto una y otra vez. Si bien se conocen seis o siete piezas de teatro, en la década del '60, en una entrevista que le hace Rafael Squirru, Marechal le dice que está muy enamorado de la escritura del teatro y que escribió cerca de once obras que estarían terminadas. Podemos pensar que una de esas obras es, indudablemente, La batalla de José Luna, porque esas once piezas a las que él hace referencia son posteriores a los años ‘60; es decir, no son ni Antígona Vélez, ni Las tres Caras de Venus. Entonces la pregunta es: de esas once piezas: ¿qué es lo que conocemos? ¿Qué pasó con esas once obras? La constatación de la existencia de esas obras la tenemos también en una declaración de Jorge Petraglia del año 1967, cuando estrena en el teatro Alvear como director La batalla de José Luna, donde dice: “Cuando lo fui a ver a Marechal para pedirle una obra, puso ante mis ojos más de una decena de piezas”. Esto significa que hay un montón de teatro de Marechal que está perdido o en algún archivo familiar o muy guardado, y que en algún momento se espera recuperar. Digo esto para poner el acento en que para Marechal el teatro era algo muy importante.

Si uno tiene que definir la singularidad del teatro de Marechal, aquello que lo identifica, es fundamentalmente un procedimiento en el que combina o mezcla dos grandes órdenes del ser, dos grandes órdenes ontológicos o referenciales. Por un lado lo que llamaríamos el orden de lo arquetípico y por otro lado el orden de lo histórico, lo accidental, local o concreto. Esto ya está en Adán Buenosayres, está inscripto incluso en el nombre “Adán” como el primer hombre, el arquetipo, y “Buenosayres” como la ciudad histórica, el plano de lo accidental sometido al tiempo profano. Ese procedimiento está en todo el teatro de Marechal.

También lo encontramos, por ejemplo, en Antígona Vélez inscripto ya desde el nombre del mito de “Antígona”, y “Vélez” como el anclaje de una Antígona localizada en una estancia Argentina, “La Postrera”. Asimismo lo vemos en Las tres caras de Venus, donde aparece el mito de Venus vinculado con el personaje de Rosaura. Y en La batalla de José Luna, donde se podría decir —simplificando un poco— que se trata de Adán Buenosayres llevado al teatro, convertido en una especie de sainete angélico o metafísico, como lo llamaba Marechal. Con Don Juan tenemos el mito del Don Juan de raigambre española —o más profundamente de raigambre europea—, que funciona como arquetipo pero anclado melancólicamente, nostálgicamente, en un Don Juan enamorado de la provincia de Santa Fe, bajado al folklore y la realidad nativista, o regional argentina.

Todo esto aparece de una manera muy interesante en los nombres de los personajes, en los nombres de las obras y también en las historias que cuentan las obras. Respecto de ese cruce de órdenes referenciales entre lo arquetípico y lo local, si uno se pregunta de dónde viene este modelo, la respuesta estaría en el interés que tenía Marechal por las poéticas del llamado teatro cristiano, y más específicamente por el teatro medieval, por las moralidades, los misterios, las alegorías y los autos sacramentales. El gran interés por los autos sacramentales —no tanto de los autos religiosos— se ve fundamentalmente en un procedimiento medieval proveniente de una estética típicamente cristiana llamada humilitas-sublimitas, la humildad y lo sublime. Esta poética se ve ya en el teatro europeo, en un misterio llamado el Misterio de Adán del siglo XII, en el que se ven a Adán y Eva en los personajes de dos pobres campesinos franceses encarnando al primer hombre y a la primera mujer, y no en los arquetipos del paraíso. ¿Con qué lógica se identifica a Adán y Eva con dos campesinos franceses? Con la lógica cristiana de que en lo humilde está lo sublime, lógica que está en algunos de los principios fundamentales del cristianismo, como el de derribar a los poderosos de sus pedestales y exaltar a los humildes. Esta es la lógica de la estética cristiana de la poesía de San Francisco de Asís, una figura que Marechal tiene muy presente.

Pero además de la humilitas-sublimitas, por la cual el hombre aparece encarnado en un muchacho de un conventillo de Villa Crespo, en La batalla de José Luna este orden aparece mezclado con otro orden de representación del teatro medieval que es el de los personajes angélicos y los personajes diabólicos; la batalla de los ángeles y de los diablos y, por sobre todo, el principio de la alegoría. La alegoría es la abstracción encarnada en un personaje.

Tampoco podemos decir que Marechal se limitó a hacer teatro medieval en el siglo XX. Lo que hizo fue utilizar procedimientos del teatro medieval mezclados con procedimientos del llamado teatro profesional de la década del '50 y, además, le agregó ingredientes del teatro popular argentino, del sainete y del grotesco criollo. Cuando toda la intelectualidad del teatro nacional le daba la espalda a las producciones populares, Marechal estaba muy atento a esta producción, pues tenía verdadera devoción por Charmiello, por el sainete criollo y por la pieza radiofónica y todo lo que llamaríamos el teatro tosco argentino.

Entonces La batalla de José Luna, por ejemplo, es un sainete en un conventillo, pero un sainete metafísico, un sainete angélico, como lo llamaba el propio Marechal.

Yo agregaría dos cosas más, una tiene que ver con que Marechal consideraba que, a diferencia de la literatura, el teatro podía tener tres dimensiones en el espacio: altura, ancho y profundidad, cuando era un mero teatro, pero cuando era un gran teatro tenía una cuarta dimensión: la del esplendor de la verdad, el splendor veritatis, o la belleza, idea que vincula a Marechal con lo que sería un teatro “hierofánico”, donde se manifiesta lo sagrado.

Esto es una gran novedad dentro de la historia del teatro argentino que, como sabemos, es un teatro eminentemente materialista, más vinculado a la historia de la izquierda y a lo social. Marechal, por el contrario, creía en un teatro donde en un espacio tridimensional se manifestara esa cuarta dimensión de lo sagrado, encarnado en el esplendor de verdad de la belleza.

Lo último que quería decir es que si bien a Marechal durante muchos años, por ser considerado peronista y católico, no se le dio lugar en el campo teatral, hoy se lo está releyendo; y no solamente se lo está releyendo sino que la productividad de sus obras aparece en algunos dramaturgos, por ejemplo en Mauricio Kartun con Salto al cielo, o Bernardo Carey con Florita, la niña perseguida o en Patricia Zangaro. También en las puestas en escena que se hacen de sus cuentos y de su teatro. Y, por sobre todo, en uno de los más grandes deudores de Marechal, Alejandro Dolina —excelente dramaturgo del teatro nacional, además—, tanto en las piezas de lo que él llama cine radio como en las operetas, especialmente en Lo que me costó el amor de Laura, profundamente ligado a ese Marechal que mezcla los dos órdenes referenciales, de lo arquetípico y de lo accidental, lo mítico y lo profano, el tiempo eterno y el tiempo mortal.

Siento que el teatro de Marechal hoy está sujeto a una profunda relectura y reconsideración que lo libera de los lugares comunes, a los que durante tanto tiempo se le tuvo miedo dentro del campo teatral: me refiero al Marechal católico y al Marechal peronista
 


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Abelardo Castillo
El candelabro de plata
 
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Nunca he podido dominar mis impulsos. En este sentido me reconozco un sujeto primitivo, puro (o bestial), incapaz de adaptarse al florido mundo, donde para tranquilidad de la hermosa gente se cultivan con sensatez todas las formas del buen gusto, la hipocresía y el cinismo. Pero, al menos, hoy he comprendido algo; lo he comprendido después de lo que paso esta noche; soy un hombre bueno. No lo digo, no escribo esto, para justificar nada. No. De ocurrirme semejante cosa debería admitir que yo mismo repudio lo que he hecho, y no es cierto, y aunque fuera cierto: acabo de hacer feliz a un miserable, quién podría juzgarme, quién sobre la tierra (quién en el Cielo) se atrevería a juzgarme.


Mejor, vayamos por partes. Todavía estoy borracho perdido: pero tratare de ser coherente.


Todo empezó esta misma tarde, es decir: la tarde de ayer, puesto que ahora deben ser las tres o las cuatro de la mañana. Madrugada del 25 de diciembre de 1956. Navidad. Sobre la mesa, Todavía quedan restos de la insólita fiesta. El candelabro de plata –más anacrónico que nunca en medio de la suciedad y la pobreza que lo rodea– parece ocuparlo todo ahora. Nunca he comprendido por qué este candelabro no ha ido a parar, como las otras pocas cosas heredadas de mi padre, al Banco de Empeño, o al cambalache. En esto, pienso, se parece a la conciencia. Creo que ya nunca voy a poder desprenderme de él.


Digo que empezó a la tarde. Vagabundeaba yo por los zaguanes más sórdidos del Dock, cuando, al escuchar unos gritos y risas que venían de un cafetín de los muelles, reparé en la fecha. Paradójicamente, me vi en el viejo parque de nuestra casa. Las luces, las esferas de colores: recordé todo eso, recordé el portalito que yo mismo, mezclando hasta el absurdo ríos azules y arpilleras nevadas, construía todos los años en mitad del jardín (me acuerdo ahora del Dios-Niño, siempre espantosamente grande en relación a su divina madre, como justificando al fin lo milagroso del alumbramiento), y sentí un asco tan profundo por mi vida que –como quien se lava– decidí celebrar mi propia Nochebuena.


La idea parecerá trivial, pero a mi me apasionó y, antes de las diez, también había fiesta en este innoble agujero donde vivo. Con orgullo pueril, de chico, me senté a contemplar el espectáculo. El candelabro labrado, en el centro de la mesa, parecía irradiar su antigua nobleza hacia todos los rincones. Al principio me sentí bien: era una sensación extraña, como de paz –un gran sosiego–, pero poco a poco empecé a preocuparme. Qué significaba todo esto, para qué lo había hecho: para quién; podría jurar que en ese preciso instante supe que estaba solo. Y por primera vez en muchos años necesité, imperiosamente, de alguien. Una mujer. No. Rechacé la idea con repulsión. Hubo una sola capaz de ser insustituible (capaz de no ser insoportable) y esa no vendría ya. Nunca vendría.


Entonces recordé al viejo checoslovaco.


Lo había visto muchas veces en uno de esos torvos cafés del puerto que suelo frecuentar cuando, embrutecido de ginebra, quiero divertirme con la degradación de los demás, y con la mía. Pobre viejo: semioculto en un recoveco, siempre igual, como si formase parte de la imagen infame de la cantina, fumando su pipa, mirando fijamente un vaso de bebida turbia. Nunca habíamos hablado. Jamás lo hago con nadie –llego y me emborracho solo, a veces también escribo alguna cosa absurda que después arrojo al primer tacho de basuras que encuentro a mi paso–; pero yo sabía que él me miraba. Era como si una ligazón muda, un vínculo invisible y misterioso, nos uniera de algún modo. Al menos, teníamos una cosa en común, dos cosas: la soledad y el fracaso. El viejo checoslovaco; ése era el hombre que yo necesitaba.


Cuando llegue frente a la roñosa vidriera del negocio, lo vi. Ahí estaba, tal como lo había supuesto. Una atmósfera desacostumbrada rodeaba al viejo –también allí se regocija uno de que nazca Dios, de que venga y vea cómo es esto–: una mujer pintarrejeada se le acercó y, riendo, le dijo alguna cosa; él no pareció darse cuenta. Sí, ése era mi hombre. Me abrí paso entre las parejas. Enormes marineros de ropas mugrientas, abrazaban a mujerzuelas que se les echaban encima y reían. Alguna de ellas, dijo: ''¿Quién te creés vos que soy?" y, adornando con un insulto bestial, le respondieron quien se creían que era. No podía soportar aquello: por lo menos, no esta noche; pensé que si me quedaba un solo segundo más iba a vomitar, o a golpear a alguien o a llorar a gritos, no sé. Llegué hasta el viejo y lo tomé del brazo:


–Te venís conmigo –le dije.


Mi voz debe de haber sido insólita, el hombre alzó los ojos, unos ojos celestes, clarísimos, y balbuceó:


–¿Qué dice usted, señor? ...


– Que ahora mismo te venís conmigo, a mi casa, a pasar una Nochebuena decente.

 

– Pero, ¿cómo, yo... con usted? . . .


Casi a rastras lo saqué de allí. Nadie, sin embargo, nos prestó atención.

 

Faltaba algo más de una hora para la medianoche. El viejo, cohibido al principio, de pronto empezó a hablar. Tenía un acento raro, dulce. Se llamaba Franta, y creo no haberme sorprendido al darme cuenta de que no era un hombre vulgar: hablaba con soltura, casi con corrección. Acaso yo le había preguntado algo, o acaso, rota la frialdad del primer momento (para esa hora ya estábamos bastante borrachos), la confesión surgió por si misma. El hecho es que habló. Habló de su país, de una pequeña aldea perdida entre colinas grises, de una mujer rubia cuyos ojos –así lo dijo– eran transparentes y azules como el cielo del mediodía. Habló de un muchachito, también rubio, también de ojos azules.


– Ahora será un hombre –había dicho–. Hace treinta años, cuando vine a América, el apenas caminaba.


Dijo que ese era su último recuerdo. Bebió un trago de champán y agregó:


– Y pensar, señor, que ahora tiene un hijo... Qué cosa. Y yo me los imagino a los dos iguales, qué cosa. Yo pensé entonces en aquel nieto: ojos de cielo al mediodía, cabellos de trigo joven. De qué otro modo podía ser. Solo que el viejo Franta, difícilmente iba a comprobarlo nunca.


Dije:
– Pero, ¿Como te enteraste de ellos?


– El capitán de un barco mercante, señor, me reconoció hace un mes. Yo pensaba, me acuerdo, como era posible reconocer en ese pordiosero que tenía delante, en ese viejo entregado, roto, la imagen que dejó en otro treinta años atrás. Y ahora pienso que siempre queda algo donde hubo un hombre, y quién sabe: a lo mejor, a mi también me va a quedar algo cuando, como el viejo, tenga la mirada turbia y le diga "señor" al primer sinvergüenza bien vestido que me hable. Pregunte:


–¿Y no intentaste volver? ¿No trataste...?


Él me miró, perplejo; después, a medida que hablaba, su cara fue endureciéndose.


–Volver. ¿Volver así? Usted lo dice fácil, señor; pero es.... es muy feo. Volver como un mendigo –el tono de su voz empezó a ser rencoroso–, un mendigo borracho, ¿sabe?, que en la puerta de la iglesia pide por un Dios en el que ya no cree... No, señor. Volver así, no. Ella, Mayenko, se murió hace mucho, y mejor si allá piensan que yo también me morí hace mucho... –hizo una pausa, ahora hablaba como quien escupe–. Yo me jugué la plata que había juntado para hacerla venir, ¿sabe?, y entonces ella se murió. Esperando. ¿No ve que todo es una porquería, señor?


La palabra es una caricatura miserable. Quién puede explicar con palabras, aunque este contando su propia vida, todo lo que induce a un hombre a entregarse, a venderse todos los días un poco, hasta llegar a ser como vos, viejo. Cuántas pequeñas canalladas, cuántas porquerías imperceptibles, forman esa otra gran porquería de la que él habló: el alma. Pobre alma de miserables tipos que ya han dejado de ser hombres y son bestias, bestias caídas, arrodilladas de humillación. Dijiste:


– Qué vergüenza, señor.


Eso dijo: qué vergüenza. Y después agregó no poder matarse.

 

Para el viejo Franta yo era algo así como un millonario, tal vez un poco desequilibrado y algo artista (mis ropas, la manía que tengo de escribir en los tugurios, y acaso el candelabro, le habían hecho suponer semejante desatino), yo era un loco con plata, digo, que buscaba literatura en los bajos fondos de Buenos Aires.


Y entonces empezó a darme vueltas en la cabeza aquella idea que, más tarde, se transformaría en un colosal engaño. Pero antes quiero decir algo: miento prodigiosamente. Y es natural. La fantasía del que está solo se desarrolla, a veces, como una corcova de la imaginación, un poco monstruosamente; con ella elabora un universo tramposo, exclusivo, inverificable que –como el creado por Dios– suele acabar aniquilándose a si mismo. El suicidio o la locura son dos formas del Apocalipsis individual: la venganza de la soledad.


Pero este es otro asunto. Lo que quería explicar es que amo la mentira, la adoro, me alimento de ella y ella es, si tengo alguna, mi mayor virtud. Miento, de proponérmelo, con maestría ejemplar, casi genialmente. Y esta noche puse toda mi alma en el engaño.


El me creía rico y caprichoso, pues bien: lo fui. A medida que yo hablaba bebíamos sin interrupción, y a medida que bebíamos, mi palabra se hacía más exacta, más convincente, más brillante. Lo engañe, pobre viejo, lo engañe y lo emborraché como si fuera un chico. De todos modos, no puedo arrepentirme de esto.


Conté una historia inaudita, febril, en la que yo era (como él quiso) uno que no entraría aunque un escuadrón de camellos se paseara por el ojo de la aguja. Mi fortuna venía de generaciones. Jamás, ni con el más prolijo y concienzudo derroche, podría desembarazarme de ella; esta forma de vivir que yo llevaba –él lo había adivinado– no era más que una extravagancia, una manera de quitarme el aburrimiento. El viejo, poco a poco, empezó a odiarme. Y yo, mientras improvisaba, iba llenando una y otra vez nuestras copas. Ennoblecida por el alcohol, la idea aquella se gestaba cada vez más precisa, fascinante, yo haría feliz a ese pobre diablo. Aunque todavía no sabía cómo.


De pronto dijo:


–Pero, ¿por qué señor, por qué...?


No acabó de hablar: no se atrevió. Entendí que en ese instante me aborrecía con toda
su alma.

 

Ah, si él, el mugriento vagabundo, hubiese tenido una parte, apenas una parte de mi supuesta fortuna. Sí, yo sabía que él pensaba esto; yo sabía que ahora
solo pensaba en una aldea lejana, en un chico de mirada transparente y pelo como trigo joven. Sin responder, me puse de pie. Fui a buscar las dos últimas botellas que nos quedaban.


Le estaba dando la espalda ahora, pero podía verlo: inconscientemente su mano se había cerrado sobre el mango de un cuchillo que había sobre la mesa, pobre viejo. Ni siquiera pensaba que, de una sola bofetada, yo podía arrojarlo a la calle despatarrado por la escalera. Empezaba, el también, a ser una persona.


De golpe, volví a la mesa: sus dedos se apartaron.


Dije:
–¿Sabés por qué? ¿Querés saber por qué?...


Bebimos. Hubo un silencio durante el cual miré rectamente sus ojos; después, bajando la cabeza como aplastado por el peso de lo que iba a decir, agregué con brutalidad:


–¿Sabés lo que es el cáncer, vos?


El viejo me miraba. Apoyé las manos sobre la mesa y, con mi cara al nivel de la suya, dije:


– Por eso. Porque yo también soy un pobre infeliz que no se anima a partirse la cabeza contra una pared.


El viejo, que me había estado mirando todo el tiempo, de pronto comprendió lo que yo quería decir y sus ojos se hicieron enormes.


Concluí secamente:


– Por eso.


– Quiere decir...


– Quiero decir que estás hablando con uno que ya se murió. ¿Entendés? Y entonces, ni toda mi plata ni toda la plata de veinte como yo, van a poder resucitarme –me erguí, hablaba con voz serena y contenida–. Por eso vivo lo poco que me queda como mejor me cuadra. Yo no pertenezco al mundo, viejo. El mundo es de ustedes, los que pueden proyectar cosas, lo que tienen derecho a la esperanza, o a la mentira. Yo soy menos que un cadáver.


Mis últimas palabras eran tal vez demasiado teatrales, pero Franta no podía advertirlo.


– Calle usted, señor... –murmuró aterrado.


Entonces, súbitamente, di el toque final a la idea que me torturaba:


– Un cadáver –dije con voz ronca– que ahora, por una casualidad en la que se adivina la mano de Dios, acaba de encontrar un motivo para justificarse.


De pronto, la noche del puerto se hizo fiesta. En todos los muelles las sirenas empezaron a entonar su histérico salmodio y el cielo reventó de petardos. Brindamos con los ojos húmedos. Fuegos multicolores se abrían en las sombras, desparramando sobre el mundo extravagantes flores de artificio. Fue como si una enloquecida sinfonía universal acompañara mis últimas palabras absurdas y solemnes.


– Por Dios, Franta –dije, y creo que gritaba–; por ese Dios en el que vos no creés y que acaba de nacer para todos los hombres, yo te juro que toda mi fortuna servirá para que vuelvas a tu tierra. Es mi reconciliación con el mundo. Vas a volver viejo, y vas a volver como un hombre.


La Nochebuena se ardía. Pitos, sirenas y campanas se mezclaban con los perfumes nocturnos y entraban en tumulto por la ventana abierta. A nadie le importaba, es cierto, el muchachito que pataleaba en el pesebre, pero todos querían gozar del minuto de felicidad que les ofrecía, él también, con su maravillosa patraña. En la tierra bajo la estrella, los hombres de buena voluntad se emborrachaban como cerdos y daban alaridos.


Franta me miró un instante. Sus ojos brillaban desde lo más profundo, con un brillo que ya no olvidaré nunca: me creía. Me creía ciegamente. En un arrebato de gratitud incontenible me besó las manos y balbuceo llorando:


– No te olvidaré mientras viva.


Me había tuteado. Había dejado de ser la bestia sometida y mustia. Era un hombre:

yo había cumplido mi obra.


Su cabeza cayó pesadamente sobre la mesa . Estaba borracho de alcohol y de sueños. En esa misma posición, se quedó dormido. Soñaba que volvía a la pequeña aldea de colinas grises y acariciaba unos caballos rubios y miraba unos ojos tan claros como el cielo del mediodía.


Con todo cuidado retiré mis manos de entre las suyas, y me levanté, tambaleante. Tu cabeza era suave y blanca, viejo; yo la había acariciado.


Después levanté el pesado candelabro de plata. Amorosamente, con una ternura infinita, poniendo toda mi alma en aquel gesto y sin meditar más la idea que desde hacía un segundo me obsesionaba, dije: Feliz Nochebuena, Franta. Y le aplasté el cráneo.
 


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Rainer María Rilke
Carta a Clara, su esposa, sobre Augusto Rodin
 
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Ayer lunes, a las tres de la tarde, por primera vez estuve en casa de Rodin. "Atelier", calle Université 182. He ido hasta allí por el Sena. Había una modelo. Joven. En su mano, un trocito de yeso que raspaba. Abandonó Rodin su trabajo, me ofreció un asiento y hablamos. Se mostró bueno y suave. Fue como si lo hubiese conocido siempre, como si yo volviera a visitarlo: simultáneamente más pequeño y más poderoso, más acogedor y más bueno de lo que creía. Esa frente, la manera como acompaña a su nariz, que se lanza fuera de él como un navío fuera de un puerto... muy notable. Esa frente, esa nariz, parecen talladas en piedra. Y la boca tiene un lenguaje en el que resuenan la bondad sin distancias y la juventud plena; semejante es su risa, el reír tímido y alegre de un niño colmado de hermosos regalos. Le quiero muchísimo. Lo he sentido enseguida. Hemos hablado de muchas cosas (en la medida en que mi francés foráneo y su tiempo lo permitieron...) Después volvió a su trabajo y me invitó a visitar su "atelier". Lo que no es poco.

La "mano" está allá. Es una mano como ésta (hacía con la suya un ademán tan poderoso como si ella tuviese y formase objetos que uno creía ver nacer y crecer). Es una mano como esta que tiene un trozo de arcilla con... Y, mostrándome la unión admirablemente profunda y misteriosa de dos cuerpos, decía: es una creación, esto es una creación... Frase maravillosa en su boca... La palabra francesa perdía su gracilidad sin empeñarse en la pesadez complicada del alemán: Schöpfung. Se había desprendido, se había liberado de todas las lenguas... Estaba sola en el mundo:

Creación...

He aquí un bajo relieve. Lo llama "Estrella de la Mañana". Una cabeza exacta de jovencita, con una frente de milagrosa frescura, clara, amable, luminosa y simple. En lo bajo de la piedra una mano emerge: protege de toda esa claridad los ojos de un hombre que despierta. Los ojos todavía duermen en el mármol; sólo se ven la boca y la barba. El instante de la interrupción del sueño está admirable y plásticamente logrado.

Allá, un retrato de mujer. pero hay aquí muchas cosas que uno no puede citar; la menor tiene tanta grandeza que, para contenerlo, todo, el "atelier" se extiende a lo infinito.

Hoy, a las nueve de la mañana, he tomado el tren para Meudon (veinte minutos desde la estación de Montparnasse). La villa, que Rodin llamaba ayer un pequeño castillo Luis XIII, no es linda. Tres ventanas en la fachada, ladrillos rojos y orlas amarillentas, un techo gris de fuerte pendiente, altas chimeneas. Y, delante de ella, todo el desorden pintoresco del valle fleury, que se despliega al desprenderse de otro pequeño, con casas pobres que recuerdan aquellas de los viñedos italianos (sin duda también aquí hay viñedos, pues la calle abrupta y sucia que recorremos se llama Calle de la Viña...) Se atraviesa en seguida un puente y después el extremo de una calle donde se encuentra una historia perfectamente italiana. La puerta está sobre la izquierda; desde ella parte una larga avenida de castaños, cubierta de grueso pedregullo. Más adelante una primera y una segunda puertita, las dos de madera enrejada. Se desemboca entonces en un rincón de la casa amarilla y roja y uno se detiene frente a una maravilla. Un jardín de piedras y yesos. Su gran pabellón -el mismo que se encontraba en la Exposición de Pont de L'Alma- está ahora aquí, en este jardín al que parece llenar por entero, al lado de otros "ateliers" donde Rodin trabaja con sus aprendices. Hay también locales para el cocimiento de la arcilla. Pero, ¡qué impresión de grandeza formidable y de extrañeza deja ese ancho hall claro, con todas esas formas blancas, resplandecientes, que, por las altas y numerosas ventanas, miran hacia fuera, como la fauna de un acuario! ¡Qué impresión gigantesca! Aun antes de entrar se siente que esas centenas de vida son sólo una, pulsaciones de una fuerza y de una voluntad. Todo está allí, todo.  El mármol La Plegaria y arcillas de casi todas las obras suyas. El trabajo de un siglo... una verdadera multitud nacida del esfuerzo de un hombre. Vitrinas gigantes colmadas de admirables detalles de La puerta del Infierno. Pero es imposible describir esto. Sobre varios metros cuadrados nada más que fragmentos tocándose, desnudos, como la mano o más grandes... Pero nada más que trozos, casi ningún conjunto: aquí, un simple pedazo de brazo; allá, otro de pierna; y, al lado, el tronco. El torso de una estatua con la cabeza de otra arrimada abajo, y el brazo de una tercera... Como si una increíble tempestad, un cataclismo sin precedentes, hubiese caído sobre esta obra. Y, en consecuencia, en cuanto más se mira, más profunda es la impresión de que todo estaría menos concluido, si cualquiera de esos cuerpos hubiese estado entero. Cada uno de los fragmentos es de una unidad tan eminente, tan impresionante, agota de tal modo toda posibilidad, tiene en sí tan poca necesidad de complemento, que uno olvida que se trata de partes y a menudo, de partes provenientes de conjuntos distintos, aunque apasionadamente relacionados entre sí. Se tiene el presentimiento repentino de que si la tarea del sabio es la de tomar el cuerpo en su totalidad, el artista preferentemente debe crear con los elementos relaciones nuevas, nuevas unidades, más grandes, más legítimas... más eternas. Este reinado, este decubrimiento permanente, infinito, esta omnipresencia del espíritu, esta pureza vehemente de la expresión, esta inextinguible juventud, este sentimiento del que siempre tiene algo que decir, alguna cosa mejor que decir... Todo esto es sin paralelo en la historia de los hombres.

He aquí, pues, mesas, sillas, cómodas cubiertas de pequeños fragmentos de una arcilla quemada, color oro pardo y ocre; brazos del tamaño de un meñique, pero llenos de una vida tan intensa que, al verlos, el corazón se agita. Manos que una moneda de dos centavos cubriría, pero que encierran tanta plenitud de saber, prietas, precisas y, sin embargo, sin delicadeza, sin debilidad... como si un gigante las hubiese tratado. Y esto acontece porque este hombre las crea a su medida y él es tan grande que se complace en hacerlas pequeñas, tan pequeñas como puede, siempre menores que la escala humana... Esas miniaturas que me rodean por doquier y que podía tener en mi mano, me prodicían la misma impresión que "la pequeña venus de las excavasiones", de San petersburgo... Y hay centenares de estas migajas, ditintas unas de otras; cada una es una impresión, un poco de amor, de abandono, de bondad, de búsqueda.

Estuve en Meudon hasta las tres de la tarde. Rodin venía a mí por momentos, me interrogaba, me decía muchas cosas, pero nada importante. La barrera del lenguaje era muy alta. Le había llevado mis poemas. ¡Ah, si pudiese leerlos!... Se me ocurre, en este momento, que "El Juicio Final" debe ser poca cosa para él. Los hojeó con curiosidad. Creo que la impresión lo sorprendió. Sobre todo la del "Libro de las imágenes". Desgraciadamente, nuestras estúpidas lenguas son para nosotros como dos puentes que franquean, ribera a ribera, el mismo ríoa; pero que un abismo las separa. Y esta nada, esta pequeña contingencia, nos aleja al uno del otro.

 

Septiembre 5

 

... Creo que muchas cosas se me han aclarado el otro día, cerca de Rodin. Después de un almuerzo no menos agitado, ne moenos extraño que aquel del que te he hablado, nos sentamos sobre un banco de jardín, desde donde dominábamos, en la lejanía y por lo alto, una maravillosa vista de París. Todo era calmo y bello. La chicuela -realmente es su hija- nos había acompañado sin que Rodin se apercibiera. Por otra parte, apenas la teníamos en cuenta. Se sentó, no lejos de nosotros, en el borde del camino; con lenta tristeza se puso a buscar guijarros llamativos entre el pedregullo. Se aproximaba, de tiempo en tiempo, miraba la boca de Rodin, por si estaba por hablar, o la mía, por si también estaba por hacerlo. En cierto momento le trajo una violeta. La posó tímidamente sobre la mano de Rodin; luego quiso hacerla entrar en alla, sujetarla de alguna manera. Pero la suya era una mano de piedra. La mirada de Rodin se deslizó sobre ella; después fue superando la tímida manita, la violeta, la niña, toda esa escena tierna y se supendió, de nuevo, en las cosas que siempre parecen tomar forma en él.

Hablaba de arte, de aquellos que comercian, de su propio aislamiento. Decía bellas cosas que yo más adivinaba que entendía, pues sus palabras eran indistintas y rápidas. Sin cesar retornaba a la belleza: está en todas partes para quien la comprenda y la desea; nace de las cosas, de la vida de las cosas, al mirar una piedra, el torso de una mujer... Y siempre, siempre: el trabajo. Desde que las necesidades corporales, las pesadas necesidades manuales, son tenidas por inferiores -decía-, el trabajo, en síntesis, ha cesado: yo conozco en París cinco o seis hombres que saben realmente qué significa esta palabra. Tal vez demasiado. Pero en las escuelas que realizan, años mediante, ellos "componen". Y haciendo esto no aprenden nada sobre la esencia misma de las cosas. El modelado, yo sé lo que esto significa: la naturaleza de los planos, lo opuesto al contorno, lo que llena todo contorno; es la ley, la relación de los planos.

Tú comprenderás, para él NO EXISTE nada superior al modelado... de todo objeto, de todo cuerpo. Él destaca, en el hecho, después de haberlo observado, una cosa independiente, una cosa plástica, una obra de arte. Así, un fragmento de brazo, de pierna, de torso, adviene, bajo sus ojos, un todo; porque él ya no piensa más en un brazo, una pierna, un cuerpo -no considera su "sujeto", ¿comprendes?, su anécdota, por así decirlo- Pero, en cambio, tiene un modelo encerrado en sí mismo que, en cierto modo, está completo, acabado.

El bosquejo que haré a continuación es, en ese sentido, de una extraordinaria significación. La chiquilla nos trae una concha de caracol hallada en el camino. De repente, Rodin, que no había prestado demasiada atención a la flor, se detiene, toma el caracol, lo admira, lo gira, le da vuelta observándolo y después dice: "He aquí el modelado griego"... Yo había comprendido. Agregó: "Usted sabe que no me refiero a la forma del objeto: pero, el modelado..." Se descubre otra conchilla quebrada, completamente aplastada... "Es el modelado gótico-renacentista", dice Rodin con su altivo y tierno sonreír.

Ahora, escuchad su idea: "no se trata para mí, es decir, el plástico por excelencia, de ver o estudiar los contornos o los colores, sino más bien lo que hace mi arte: la superficie, su naturaleza. Si ella es rugosa o lisa, brillante o mate; no en su apariencia, pero sí en su realidad interna, en "sí misma". Los objetos, desde este punto de vista no son engañadores. Este pequeño caracol evoca las obras maestras del arte griego: igual simplicidad, igual pulimento, igual fulgor interior, igual alegría grave en su superficie... Sí. En este sentido los objetos no nos equivocan. Encierran las leyes de su estado puro. Todos los pedazos de esta conchilla serán siempre de la misma especie, serán siempre rastros del modelado griego... Este caracol no cesará jamás de ser un todo desde el punto de vista de su modelado, y el menor fragmento será siempre modelado griego...

¡Se comprende entonces, qué progreso representa Rodin y con qué emoción debió advertir que nadie, antes que él, se había relacionado con ese elemento esencial de la escultura! A Rodin le había sido, por lo tanto, reservado el descubrimiento de mil cosas que se le representaban; y, sobre todo, el del cuerpo desnudo. Pero, a todo debía trasponerlo, debía crearse un medio de expresión, acostumbrarse a decir todo por sí mismo y nada más que por sí mismo. Ahí residía -supongo que tu ya lo vas sabiendo- la segunda misión de este gran destino. La primera había sido el descubrimiento de un nuevo elemento; la segunda consistía, únicamente, en pedir a la vida que se expresara íntegramente en este sólo elemento...
 


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Centro Cultural Recoleta
 
Muestras
 
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Junín 1930 – Buenos Aires
 
De Martes a Viernes, 14 a 21 – Sábados, domingos y feriados, 10 a 21
 
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Dina Cusnir / Pinturas y Collages

 

Muestra alrededor de 40 obras, realizadas entre los años 2004 y 2008.

A partir de papeles texturados y ricos en color, la artista desarrolla una poética abstracta y constructiva. 

Cierre, 10 de mayo – Sala 7
 
 
 
“Urbano”

Marino Santa María / Pinturas

 

La obra de Marino Santa María está íntimamente ligada a su relación con el espacio urbano. Su configuración es modificadora del paisaje y por ende está incluida en la historia social.

Mediante técnicas mixtas de mosaico veneciano y madera, trencadís y pintura, esmaltes y poliuretanos, la factura de sus realizaciones provoca un fluir entre su obra de caballete y aquellas que plasma  en los frentes  de nuestra ciudad.

Cierre, 10 de mayo – Sala J
 
 
 
“Tiempo”

Guadalupe Fernández / Pinturas
 
Uno de los aspectos esenciales de un paisaje es el espacio. La apertura hacia él, la posibilidad de recorrerlo expansiva y amorosamente con la mirada, se presenta como uno de los atractivos ancestrales del género, y quizá explique su persistencia durante siglos en el arte de las más diversas latitudes

Cierra, 25 de mayo – Sala 5
 


 
 
FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO
 
 
A tono con la situación económica internacional, el evento cultural por excelencia de la ciudad de Buenos Aires tendrá un discreto “Olimpo” de figuras internacionales, entre las que se lucen Fernando Savater, Juan José Millás y Junot Díaz.
 
 
 
Por Silvina Friera

 

En el predio de la Rural la escenografía está lista. Falta tan sólo que la gente comience a llegar, a pasear y, lo que tal vez sea un enigma, a comprar. En el aire, en el clima previo, se percibe una tensión, la punta de un ovillo que revela la compleja madeja de este acontecimiento cultural que se ha convertido en un clásico del otoño porteño. El interrogante que agita a todos los protagonistas del mercado editorial es hasta qué punto la crisis financiera internacional golpeará las puertas de esta gran casa, que muchas veces tiene la extraña virtud de funcionar como si fuera una isla. O un refugio. “Pensar con libros” es el lema de esta 35ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, que abre sus puertas al público hoy en el Día Mundial del Libro y el Derecho de Autor. Angélica Gorodischer será la encargada del discurso de apertura, que girará en torno del objeto libro como el más eficaz y persistente instrumento de reflexión y autoconocimiento que posee el ser humano. Para poder ingresar a la exposición habrá que pagar 10 pesos, de lunes a jueves, y 13 los viernes, sábados, domingos y feriados, contra los 8 y 10 pesos, respectivamente, que se abonaba el año pasado para pertenecer al club de los visitantes.

El puñado de visitas internacionales da cuenta de la que será, sin dudas, la primera feria de la crisis después de siete años de crecimiento y expectativas sostenidas. En el discreto Olimpo que ofrece esta edición quedaron, finalmente, el sueco Henning Mankell, la premiada escritora estadounidense Annie Proulx, autora del cuento Secreto en la montaña; el dominicano-estadounidense Junot Díaz, ganador del Pulitzer en 2008 por la novela La maravillosa vida breve de Oscar Wao, y los españoles Fernando Savater y Juan José Millás. Si en tiempos de vacas gordas cuesta movilizar a los autores a la feria que queda literalmente en el Polo Sur, en tiempos de vacas flacas los honorarios del peruano Mario Vargas Llosa y del italiano Umberto Eco, con quienes se contactó la Fundación El Libro, organizadora del encuentro, resultaron prohibitivos.

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Pensar con las ausencias
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La amarga sorpresa entre las deserciones la encabeza México. Uno de los países hispanohablantes más poderosos se bajó de esta edición y no tendrá su stand como todos los años. Además de que la crisis económica golpea a todos sin excepción, este año los mexicanos apuntan sus fichas (y su presupuesto) a otros horizontes: es el país invitado de honor en la Feria del Libro de Bogotá, y ya lo fue en la de París. Otros tres países se sumaron al listado de bajas: Polonia, Grecia y Panamá. Hace tiempo que no había tantas caídas juntas. Se agrega a esta tropa de “desertores”, lamentablemente, la provincia de Chaco, que no contará con un stand, pero sí participará con la presentación de varios libros: Rebelión en la selva y Tanino, de Crisanto Domínguez; Cuentos de la llanura y el monte chaqueños, de Horacio Quiroga, y los títulos de la colección Yah’ Yin A Nayij (Aprendamos a leernos), Napalpí, la voz de la sangre, de Juan Chico y Mario Fernández, y Ecos de la resistencia, de Lecko Zamora. Buenos Aires tampoco contará con stand en la Feria.

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Síntomas de la crisis
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Si hay pobreza que no se note. Ese sería el lema implícito de esta edición, aunque las charlas, diálogos, paneles, presentaciones de libros y mesas redondas, organizados por la Fundación El Libro y por las editoriales, parezcan, a simple vista, que estuvieran a dieta. Los agujeros que dejaron los que decidieron no participar han sido reparados con un banco de suplentes dispuesto a jugar en primera cuando alguno se lesiona. Una novedad de esta edición es el stand 2321, en el pabellón Amarillo, que comparte un puñado de editoriales independientes, Entropía, Bajo la luna, Paradiso, Cactus, Caja Negra, Cebra y Mármol / Izquierdo. “El hecho de que nosotros consiguiésemos un espacio, ya es un síntoma de crisis –plantea Miguel Balaguer, de Bajo la luna–. Si la economía hubiera estado como en los años anteriores, habría sido imposible acceder a un stand. En cambio, ahora, pudimos encontrar un resquicio por donde filtrarnos con un stand asociativo gestionado por nosotros.” En cuanto a la Feria en general, Balaguer cree que habrá oportunidades para los lectores, sitios donde conseguir buenos libros, stands donde habrá ofertas interesantes y buenos descuentos. “Nos interesa mostrarnos como un bloque de editoriales que venimos trabajando seriamente desde hace varios años y darnos a conocer a un público más amplio que el que ya nos reconoce en las librerías. En cuanto a lo económico, no aspiramos a recuperar lo invertido en la Feria, aunque si lo conseguimos, mejor, sino que lo planteamos como una inversión en imagen y una experiencia con miras en el futuro”, admite Balaguer.

Otra editorial que debuta en la Rural es Entropía. Sebastián Martínez Daniell dice que para ser el primer ensayo se están acercando a la Feria desde un lugar rayano con la experimentación. “Tenemos la esperanza de que la Feria termine funcionando para Entropía, pero también para el resto de los agentes involucrados en torno del proceso de edición en la Argentina, como un proceso fructífero desde ángulos que no tienen necesariamente relación con los términos habituales del mercado, como las ventas o la simple exposición comercial –explica el escritor y editor–. Esperamos que también funcione como lugar de encuentro con otros editores, autores, traductores, agentes y toda la comunidad de profesionales relacionados con la industria cultural textual. Y, por supuesto, nos gustaría que la experiencia nos permita establecer una relación más directa con los potenciales lectores del catálogo de Entropía, sin que exista la habitual, y casi siempre gratificante, mediación del librero. Quizá todo esto llegue felizmente acompañado por el interés de algún segmento de los visitantes en comprar ejemplares de nuestro catálogo. Pero las expectativas no están fundamentalmente puestas en el aspecto comercial.” “La sinergia –sigue– que logramos establecer para montar un stand conjunto resultó una bienvenida noticia, que habla de la posibilidad de establecer políticas culturales para dar a conocer, aunque sea mismamente, voces de la literatura que quedan a veces sepultadas por las grandes operaciones de marketing que se orquestan en torno de los libros.”

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Propuestas del menú
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Ante la escasez de estrellas de primer nivel literario parece que buenas son las divas de la televisión. El 29 pisará la alfombra roja de la Feria nada menos que Mirtha Legrand, quien presentará el libro El regreso del joven príncipe, de Alejandro Roemmers. La Chiqui, gauchita con el mundo del libro cuando requiere un empujoncito mediático que garantice multitudes, reincidirá el 5 de mayo, cuando se presente en la sala principal, la José Hernández, Mirtha Legrand. 40 años y una vida en televisión (Corregidor), de Néstor Montenegro. Los poetas han sabido ganarse un rinconcito en medio de tanto alboroto. “La poesía inquieta” es el lema del cuarto Festival Internacional de Poesía, cuya apertura estará a cargo del poeta y ensayista mexicano José Emilio Pacheco. Habrá un homenaje al poeta Daniel Chirom, que murió el 1º de diciembre del año pasado, y se le entregará un diploma a la editorial Ultimo Reino, que cumple 30 años. Del 29 al 2 de mayo, en el Rincón de Lectura, se podrá escuchar a la poeta Diana Bellessi, que acaba de publicar su poesía reunida, Tener lo que se tiene (Adriana Hidalgo), y a varios de los poetas invitados, como el canadiense Sthépane Despatie, la española residente en Cuba Aitana Alberti (hija de Rafael Alberti y María Teresa León), el español Benjamín Prado y el turco Adnan Özer, entre otros. Los poetas inquietos y contentos celebrarán el cierre del festival con la argentina residente en París Luisa Futoransky.

En los albores del Bicentenario, no podía faltar un Encuentro Internacional, “Pensar la democracia”, con conferencias y mesas redondas de las que participarán, entre otros, Santiago Kovadloff, Saúl Sosnowski, Bernardo Kliksberg, Mario Wainfeld, Gustavo Bossert, Jorge Vanossi y Raquel Robles. El 14º Encuentro Internacional de Narración Oral “Cuenteros y Cuentacuentos”, cuyo lema es “Escuchar, antesala del pensar”, será inaugurado por Noé Jitrik. Entre las novedades de esta edición se realizarán las Primeras Jornadas Nacionales de Investigación y Crítica Teatral, del 28 al 30 de abril, y unas Jornadas de Microficción, singular fenómeno que ha producido un boom en las últimas dos décadas en Latinoamérica y España, coordinadas por Raúl Brasca. El jueves 30 se viene otro clásico, la Noche de la Ciudad en la Feria, no apto para fóbicos a las multitudes. El predio de la Rural permanecerá abierto hasta la 1 de la madrugada del feriado del 1º de Mayo. Los organizadores prometen shows, actividades especiales, firmas de ejemplares y muchas sorpresas para los visitantes, que podrán ingresar gratuitamente a partir de las 20.30. El tradicional Maratón de Lectura de este año estará dedicada a las “Cartas de amor y desamor”. El lunes 27, en la Sala José Hernández, Selva Alemán, Cecilia Milone, Soledad Silveyra, Antonio Birabent, Diego Peretti y Julieta Ortega, entre otros, estarán a cargo de la lectura continuada de los textos.

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La isla fantástica
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Fernando Fagnani, de la editorial Edhasa, opina que la Feria funciona como una isla. “Si bien seguramente recibirá el impacto de la crisis actual, no creo que se vaya a sentir tanto como en las librerías. De hecho no me extrañaría que pasara casi inadvertida. Es un evento anual, que es también un paseo cultural, y eso hace que soporte mejor los avatares económicos”, señala el editor. “La transformación que la Feria ha vivido en los últimos cinco años la ha convertido en un paseo cultural de tres semanas, que permite poner cerca del libro y de los autores a muchas personas que durante el resto del año no vuelven a comprar libros, que no suelen visitar las librerías –subraya Fagnani–. Siempre tuvo una buena cobertura periodística, pero ésta se ha vuelto mayor desde que varios medios pusieron grandes stands donde se dan conferencias, se presentan libros. Se ha convertido en un fenómeno masivo, cuando el libro no lo es. Un lugar al que hay que ir, para comprar o simplemente para recorrerla. Estas características, que son propias de todas las Ferias del Libro, pero que en el caso de Buenos Aires tienen una intensidad mucho mayor, hacen que la Feria funcione con parámetros propios. Es casi una isla, que no suele regirse con los parámetros de las librerías en cuanto al nivel de ventas. En momentos en que las librerías venden mucho más que el año anterior, en la Feria se nota un crecimiento, pero no tan alto. Y cuando hay una baja de las ventas, en la Feria se siente un poco o directamente nada.”

Fagnani cuenta que los caballitos de batalla de Edhasa serán las novelas El colectivo, de la cordobesa Eugenia Almeida; El mejor mundo posible, de Milena Agus; el ensayo Los que susurran. La represión en tiempos de Stalin, el nuevo libro de Orlando Figes, y la reedición de Luna Caliente, un clásico de Mempo Giardinelli. “La Feria es una isla en el funcionamiento del mercado del libro. Y lo que pase allí, sea bueno o no tan bueno, no puede extenderse al resto del año”, dice. Martínez Daniell confirma que hasta el momento la crisis financiera global no ha logrado incidir en los planes editoriales de Entropía. “En nuestro caso se da una curiosa conjunción de coyunturas. De un lado está la crisis mundial que aún no termina de hacerse presente en la situación económica cotidiana de la editorial, más allá de algún retraso en la cadena de pagos. Pero del otro lado, la editorial viene experimentando desde su creación, en 2004, un proceso más o menos sostenido de crecimiento, que se nota en su catálogo, pero también en su visibilidad y en su mayor alcance hacia las comunidades de lectores. De este modo, podría decirse que la crisis nos encuentra en un momento de expansión, con libros que tienen cada vez una mayor y mejor repercusión. Posiblemente, estos dos elementos, la crisis global y la expansión ‘entrópica’, se terminen neutralizando durante un tiempo.”

Nadie se atreve a garantizar que este año las visitas superen el record de los 1.240.000 visitantes que hubo en el 2008. Todos, en cambio, coinciden en la expectativa de máxima: que las ventas permitan pagar los costos de los stands, que subieron hasta un 35 por ciento. Todos los editores y expositores saben que la Feria es un espacio único de exhibición que hay que aprovechar. Pero, como siempre, cuando hoy se abran las puertas de la Rural, la última palabra la tendrá el público.
 
 
 
Tomado del diario Página/12 de Buenos Aires
 


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El muro de la intolerancia
Será Galería de Arte
 
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La muralla que está en Belfast y fue levantada hace décadas para dividir un barrio católico de otro protestante ahora servirá para muestras.
 
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Una pared que divide desde hace décadas el oeste de Belfast en un barrio católico y otro protestante fue transformada este jueves en un "muro de arte", para "limpiar las heridas" del pasado entre ambas comunidades de Irlanda del Norte.

 

 


Las obras de arte, que cubrirán parte del muro de 55 metros de largo en Cupar Way, están incluidas en el proyecto social "Si las Paredes Hablaran", según informa la agencia de noticias oficial Télam de un despacho de Ansa.


"El objetivo es tomar una herida del paisaje urbano y transformarla en una galería abierta de obras de arte de calidad", declaró la coordinadora de la iniciativa, Roz Small. Partes del muro narrarán la cultura local de Shankill y la historia del movimiento unionista.

Grupos de artistas trabajaron durante varios meses con vecinos y personas de la zona, desde niños, trabajadores hasta pensionados, para producir las obras de arte. Small se mostró esperanzada que el proyecto sea la primera parte de un programa que transforme toda la pared, visitada por cientos de miles de turistas al año como legado de las divisiones históricas entre católicos y protestantes en Irlanda del Norte.
 


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Juan Marsé
Premio Cervantes
 
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El novelista español Juan Marsé recibió hoy el Premio Cervantes, máximo galardón de las letras hispanas, en una solemne ceremonia celebrada en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid).


Al acto de entrega del galardón, que presiden los Reyes de España Juan Carlos y Sofía, asistieron el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y otras autoridades, como el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, escritores y artistas.

Juan Marsé (Barcelona, 1933) obtuvo el premio Cervantes después de años como candidato, por su "decidida vocación por la escritura" y "su capacidad para reflejar la España de la posguerra", según la valoración del jurado.


En su discurso, recordó los tiempos en los que su primer editor, Carlos Barral, creía que el recién llegado a "la trinchera noble de las letras", empleado de un taller de joyería, podía haber escrito "la gran novela sobre la clase obrera de la Barcelona de postguerra".

"Yo podía quizás haber sido, lo digo sin un ápice de sarcasmo, el 'escritor obrero' que al parecer faltaba en el prestigioso catálogo de la editorial", pero no fue así, dijo Marsé, que también afirmó "no me considero un intelectual, solamente un narrador".


El premio Cervantes está dotado con 125.000 euros (163.000 dólares) y es el acto central del Día Internacional del Libro en España, fecha que coincide con el aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes, el 23 de abril de 1616.
 


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Premio Pulitzer
Por primera vez, a una Web
 
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Esta nueva edición inauguró el reconocimiento a un medio de internet. El diario estadounidense fue el gran ganador y Elizabeth Strout se lo llevó en ficción
 
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Por primera vez en su historia el premio Pulitzer, el más prestigioso en el ámbito periodístico le otorgó un reconocimiento a un sitio de internet. Se trata de Politifact.com , creado por The St. Petersburg Times, que recibió el premio por su cobertura de las elecciones de Estados Unidos en 2008.


El sitio web siguió el día tras día de la campaña, analizó los discursos de los candidatos y registró al menos 750 mentiras.“Este premio prueba que la web no es ninguna sentencia de muerte para los diarios de papel”, aseguró Neil Brown, el encargado de lanzar el portal en agosto de 2007.


En la actualidad, el sitio hace un seguimiento del desempeño de Barack Obama como presidente norteamericano y mide cómo se relacionan sus actos de gobierno con sus 514 promesas, a las que subdivide en: inactiva, trabajo, parada, en curso, compromiso y rota.


THE NEW YORK TIMES, EL GRAN GANADOR. El popular diario neoyorquino fue el gran triunfador de los premios Pulitzer al alzarse con cinco galardones, mientras la escritora norteamericana Elizabeth Strout obtuvo el de Literatura a la mejor obra de ficción por su libro Olive Kitteridge, una recopilación de cuentos que tiene como protagonista a una profesora de matemáticas de un pueblo.


El libro de Strout narra, en trece relatos, tres décadas de la vida de una profesora en las que reflexiona sobre la soledad y la pérdida con fina ironía. El año pasado el premio había sido para el dominicano-estadounidense Junot Díaz, quien participará en la Feria del Libro de Buenos Aires con La maravillosa vida de Oscar Wao.


La Universidad de Columbia concede desde 1917 los galardones más importantes al periodismo norteamericano, creados por el editor del New York World, Joseph Pulitzer. Los premios se entregan en 21 categorías y ésta es la edición número 93 de la entrega. El galardón consta de 10 mil dólares por categoría y la ceremonia de entrega se realizará el 28 de mayo.


Las categorías en las que ganó premios The New York Times fueron Investigación, Crítica, Internacional, Reportaje Gráfico y Noticias.


El jurado destacó en particular la rápida y amplia cobertura que hizo el diario cuando destapó el escándalo sexual en el que estaba involucrado el gobernador de Nueva York, Eliot Spitzer. El político estaba vinculado a una red de prostitución de lujo y tras la investigación del diario neoyorquino debió renunciar a su cargo.


La imagen en la que el gran ícono estadounidense actual, el presidente Barack Obama, está bajo la lluvia dando un discurso de campaña le valió al fotógrafo Damon Winter el galardón en mejor reporte gráfico.


Otro periodista del diario, David Barstow, fue premiado por la investigación en la que demostró que el Pentágono convenció a varios generales retirados del ejército de Estados Unidos, que trabajaban como comentaristas en radio y televisión, para que defendieran la postura oficial en la guerra de Irak. Las críticas de arte del diario también fueron reconocidas y en la categoría Internacional el jurado distinguió la manera en que se muestran “los desafíos políticos y militares” que enfrenta Estados Unidos en Afganistán y Pakistán.

En la categoría Teatro, el premio fue para Lynn Nottage que cuenta en Ruined –que está actualmente en cartel en Broadway– la historia de mujeres víctimas de la realidad que vive la República Democrática del Congo. En Música, el galardón fue para Steve Reich por Double Sextet. Y en poesía, el ganador fue el libro La sombra de Sirius del neoyorquino W. S. Merwin. El hombre de 81 años fue célebre en los 60 por su poesía pacifista y durante años escribió originales versos sin puntuación.


Los 19 miembros del jurado, compuesto por representantes de algunos de los principales diarios de Estados Unidos y de algunas entidades universitarias, otorgaron el premio Servicio Público al diario Las Vegas Sun por una crónica en la que se expusieron las altas cifras de muertes entre obreros de la construcción de Las Vegas y en la que se demostraba una clara falta de medidas de seguridad.


El gran ganador el año pasado había sido The Washington Post con seis galardones, uno más que The New York Times esta vez. Sin embargo, los neoyorquinos mantienen, cómodos, el primer lugar histórico de premios Pulitzer con 101 galardones.
 


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Las cifras del paco
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Un informe exclusivo del Observatorio de Drogas del gobierno porteño sobre consumo de estupefacientes en la ciudad de Buenos Aires asegura que por lo menos diez chicos deben ser internados por día en hospitales porteños con graves daños neurológicos y variados niveles de intoxicación ocasionados por el uso de paco. Los datos le imprimen rigor matemático a las declaraciones hechas por el cardenal Jorge Bergoglio y el colectivo de curas villeros en los últimos días.

Los consumidores de paco en la población general –dice el informe– son en su mayoría varones de hasta 25 años. “El paco y los inhalantes –sigue el texto– son las drogas que se consumen a más temprana edad entre los adolescentes escolarizados; resultando la media de edad de inicio en los 12 años para ambas sustancias. El promedio de edad de inicio en el consumo de otras drogas se verifica mucho más tardíamente”

Y agrega: “Los niños en situación de calle resultan el grupo de población con mayor vulnerabilidad, sea por la falta de referentes adultos, períodos de escolarización extremadamente breves y discontinuos, la falta de residencia fija y el autosustento que complejizan el cuadro de salud física y mental.

Pero en la provincia de Buenos Aires el escenario parece más crítico. Según un relevamiento realizado por la Red de Madres contra el Paco y por la Vida del Conurbano Sur, sólo en la zona de Cuartel Quinto, partido de Lomas de Zamora, hay alrededor de 400 chicos internados en centros de rehabilitación.  “Se internan a razón de cuatro por día”, aseguró Isabel Vázquez, titular de la organización, y agregó un dato más escalofriante: “Entre 8 y 10 pibes se mueren todas las semanas por sobredosis o causas derivadas del consumo de paco como desnutrición, suicidios o enfrentamientos entre bandas o con la policía”.

“En la 21-24, todos saben dónde conseguir paco”

 

Bajo estricta reserva de identidad, un habitante del barrio donde se habría producido la amenaza denunciada por Bergoglio, contó a Crítica de la Argentina: “Yo recuerdo que al paredón de barrio Zabaleta van muchos que venden paco y en la villa de la 21-24 todo el mundo sabe quién vende y quién no. También sabemos que hay un centro de distribución muy cerca de la Escuela Nº 12 donde venden sólo paco. En la villa, todos saben donde conseguir Paco. Lo que sucede es que las drogas siempre se prueban primero con la gente de la villa, si sale una droga nueva de diseño se prueba primero ahí y después la sacan al mercado, ven a qué precio, qué tipo de adicción genera. Pero el laboratorio de conejitos humanos está en las personas que viven en la villa”.
 


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Centro Cultural de la Cooperación
Avenida Corrientes 1543 – Buenos Aires
 
Informes: (011) 5077-8000
Boletería: (011) 5077-8077
 
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Solo Brumas
De Eduardo Pavlosky. Dirección Norman Briski.
Actúan: E. Pavlovsky, Susy Evans, Mirta Bogdasarian, Eduardo Misch
Localidades: $ 30

Sala Raúl González Tuñón

Cada semana Viernes
hasta 29/05/2009
 
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Lleno de vacio - Pinturas de Valeria Lipshitz
La obra de Valeria se presenta como objeto de contemplación, pero también como instrumento para la reflexión y por lo tanto y aunque algunos se resistan, para el conocimiento. Plantea contraposiciones conceptuales que se resuelven en una superficie bidimensional adoptando la idea de la unidad plástica como un todo.

Espacio 2° SS

Cada día
hasta 10/05/2009
 


 
 
Jeannette Leroy
En Andalucía
 
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La Fundación Unicaja organiza en Málaga la primera exposición de Jeannette Leroy en Andalucía
 
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La Fundación Unicaja ha organizado en Málaga, en la Sala Unicaja Italcable, la exposición 'Jeannette Leroy. El reflejo del Adour', la primera exposición en Andalucía de esta artista francesa de trayectoria internacional.

Se trata de una muestra de óleos sobre tela, de diversos tamaños, en las que Jeannette Leroy refleja el entorno donde habita el río, los campos, la luminosidad del sur de Francia, e incluso recoge su personalidad más íntima, según indicaron desde la citada entidad financiera en un comunicado.

La exposición, que recorrerá varias provincias andaluzas y Melilla, permanecerá abierta al público en la Sala Unicaja Italcable hasta el 6 de junio, con horario de lunes a viernes de 11.00 a 14.00 horas y de 17.00 a 20.00 horas y sábados de 11.00 a 14.00 horas.

Jeannette Leroy estudió pintura en París. Sin embargo, no fue a la pintura a lo que se dedicó profesionalmente, sino a la redacción y fotografía en diferentes revistas de moda, tanto europeas como americanas. Tras unos 20 años dibujando, decidió dar el paso a la pintura. La artista francesa ha realizado numerosas exposiciones por diferentes países como Francia, Canadá, Nueva York, Japón o Suiza, entre otros.
 


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ENTREVISTAS
Por Helios Buira
 
 
 
Quince preguntas a Boca de Jarro
 
Sylvia Iparraguirre – Escritora / Karina Bezchinsky – Artista / Mario Capasso – Escritor
 
Horacio Spinetto – Artista  / Claudio Simiz - Poeta  / Mirta Narosky Artista Plástica
 
Pueden leerse sus respuestas en www.arteyletras.com
 
 
 
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UNA PEÑA MUSICAL
 
Jueves 30 de abril

(víspera de feriado)


22.30hs.


Peña

LA DOCTA

http://ladoctamusicaydanza.blogspot.com/

(edición trabajadora)

 

presenta a:

 

Correntada

www.correntadafolklore.com.ar

 

 

LA CRIOLLA FRODERBAND

www.lacriollafroderband.com.ar

 


en el Centro Cultural Zaguán Sur

 

Moreno 2320
Balvanera
(frente al Shopping Spinetto)

 

Las peñas no son lo que eran antes... ¿o sí?

LA DOCTA es un espacio creado por artistas para poder disfrutar del encuentro mágico de la música y la danza.

Como siempre habrá excelente sonido y ambiente, pista para bailar, comidas regionales y el infaltable DJ after peña.
 
 
 
 
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Nuevos Dibujos en el Blog
www.heliosbuiradibujos.blogspot.com
 
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© Helios Buira – Ciudad Moreno, Provincia de Buenos Aires, Argentina - 2009
 
Publicaciones de Moreno
 
www.morenoarte.com  -  www.arteyletras.com  -  www.solopoemas.com.ar
 
Los invito también a recorrer el Blog  http://heliosbuiracavilaciones.blogspot.com
 
Redacción:  revista@morenoarte.com
 
 
 


Un inicio joven en la Cultura
 
 
 


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Escrito por Carmiña Candido Daverio
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