Enviado por: Gregorio Riveros y Ramón Fanelli y Carlos Alberto Roldán y Monik Matchornicova.
El querido amigo Eduardo Dalter nos necesita, un abrazo, Luis. El poeta Eduardo Dalter está internado en el hospital Lucio Menéndez de Adrogué con un cuadro de aneurisma de aorta abdominal severo y requiere ser derivado con urgencia a un centro me mayor complejidad donde pueda ser asistido dado su delicada condición. Si alguno de ustedes conoce algún contacto que pueda derivarlo a un centro con atención cardiovascular completa por favor comunicarse con su esposa, Nidia, a su celular 15 6038 9013. El nombre legal de Dalter es Eduardo Borraccia y se aclara que carece de obra social. Desde ya muchas gracias. Carlos Dariel |
Eduardo Dalter |
| DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS Nació en Buenos Aires en 1947. Es poeta, traductor e investigador cultural. Libros publicados
Antologías Está incluido en antologías y publicaciones del continente. Otras actividades Desde 1994 dirige Cuaderno Carmín. |
Eduardo Dalter |
| POEMAS |
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de Bocas Baldías 2000-2001 Una botella rota en la cuneta, ¿quién la bebió?, ¿quién la rompió? Una botella rota, con su etiqueta y su barro. Su pico apunta al cielo, y si te acercas, a tu frente, como un dedo vacío, sin uña, sólo borde. Una botella rota, más allá de todo olvido, en la media cuadra del suburbio.Ese hombre inclinado con su palo en medio del basural, donde las bolsas de nailon y los olores gruesos, en marejada, cubren el paisaje, no busca la felicidad, en cualquiera de sus versiones, o acaso sí creyó ver un atajo allá, en los límites del horizonte, entre bolsa y bolsa, o recuerdo y recuerdo; una felicidad fugaz, con un palo, o posible o creíble, mientras el sol lo alumbra.Dios por acá anda borracho, no puede tolerar tanta bolsa sucia al viento. Con caña encima, barba, pantalón colgando de su diosidad raída. No puede tolerar verse en el fondo de los ojos de las gentes que bajan del tren con bultos y changos torcidos del mercado. Anda suelto por acá, pirado de tristeza elemental, platónica. El universo es infinito, el tiempo eterno, parece decir Dios queriendo convencerse en vano, entre las bocas baldías y las miradas de tormenta.El amor por aquí crece sudado, pura sangre, en cualquier parte. Su naturaleza está fundida a la tierra vaciada y rellenada, a su saliva turbia. Lejos, de otro mundo, la ciudad es su cruz de fierro, su cerrojo más triste y su espejo imposible. Hierve sola, desierta, la espesura de este amor que va por agua. Amor a medio vestir, que alumbra cardos en el sucio terraplén y en el baldío poceado, frente a la carnicería.Un corte en la cara, el revés, un corte ciego en la hora, un corte seco, sin dos, un corte que crece hacia fuera, hacia abajo, un corte como raíz, sin grito, sin garganta. |
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| ANDÉN |
Un hueco, un vacío de tormenta en las miradas, en la voz, las voces, y un desierto precario en la espera. |
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| GRIETA 'E FRONTERA (Venezuela, escúchame) |
Al Chino Valera, en memoria Brilla un ojo neutrónico, que apenas se advierte entre el agitar de las banderas. Y brilla otro ojo para adentro, un ojo virtual, incesante, conectado también a una central múltiple (donde los ríos cifrados y sucios desembocan). Te están calculando, Venezuela; te están filmando en technicolor, en el fragor, en la neblina, y están invirtiendo a cuenta, tu cuenta, tu ñame, tu memoria. Y brilla un tercer ojo acechante, un ojo fijo, o fijado, en el oro blando, el oro oscuro (el oro que enciende fiebres y turbinas). Un ojo que el pescador de Uquire ni imagina, un ojo que el buhonero de San Felipe ni sospecha. Te están, desde lejos, midiendo Venezuela la sangre, el aire, el límite, y te están traduciendo, calculadora en mano, en programas intensivos y en barriles. Sueñan pesadillas, cerrojos, Venezuela, en nombre de la gente desprevenida y sencilla, ésa que baja en burro a La Salina o reza un ave maría en Punto Fijo. Cuídate la espalda, Venezuela, que un atrás inmenso, metálico y oscuro está creciendo con tu sangre, tu marejada espesa y tus espinas. 15 de diciembre 2002 |
La inclusión de Eduardo Dalter es una atención de Julio Carabelli Obispo Segura 239 4700 Catamarca Argentina. carabelliju@hotmail.com |
CARIBE LAS COSTAS DEL GOLFO 12 poemas de Eduardo Dalter La vida confronta sus manos espesas y sus voces, bajo el aroma de fritanga, en las esquinas, y las calles de la redonda se mecen hondamente de ese aroma turbio que es casi una divisa. Sopla dentro, muy dentro, la intemperie y los zamuros, en lo más alto, ensayan geometrías espaciosas, en tanto el alacrán también acecha con su soledad que baja entre los montes. *** Tirita la noche en los fríos, remotos astros; y el mar suspira, como fuera del tiempo, mientras los montes, apenas contorneados, parecen en vigilia y el viento, éste, apenas sopla. *** Mañana a las 6 llegará el primer lanchón de trinitarios. Mañana desde el viejo muelle se soltarán las llamaradas de Maracas Bay y Puerto España que emborracharán semana santa con calypso. Y entonces las esquinas no serán como siempre las esquinas; algo en los sudores y las lenguas andará flotando, hirviendo, hasta el mercado, cual un rubor de flores negras, cabos negros. Y nadie sabrá qué hacer con tanto ritmo. *** De Marigüitar marchó a Macuro y había perdido su conuco. Se inventaba calles y puertas fugaces, a falta acaso de otras, y miraba reconcentrada el techo, por momentos, como sabiéndose rodeada y extranjera en esas costas. Tenía dedos finos, aires de mar, y había perdido su conuco. *** Pantalones remangados, espaldas oscuras, los pescadores bajo el sol caminan playa arriba como siguiendo al viento, que hoy ha dado al mar un raro hechizo. *** Las palmas se rozan en lo alto cual cien besos cuchicheantes que el viento pone a volar y el mar escucha. *** Viento, háblanos del mar que hoy estamos algo así como aburridos,como tristes. Afuera, ves, llueve, llueve con ganas y contigo. Háblanos también de las costas de Chacachacare y de Macuro mientras tomamos café y miramos la ventana. Háblanos así, del oleaje tormentoso dando en los cargueros que se inclinan en las Bocas, que hoy estamos desolados y deseosos de tu magia. *** ¿Cuál es el nombre del lugar repetido cual un eco en las calles, pero solo siempre, sin un alma? ¿Cuál es el nombre de esta arena recalentada, clarísima, polvosa, y de este ángulo para quedar del zigzag de la playa y del insolado, ancho, ancho golfo? ¿Cuál es el nombre del lugar de los rumores tan distantes, que dibujan, ya del aire, rostros, suspiros, romanillas? ¿Cuál --díganmelo por favor más lentamente--, cuál es el nombre del lugar?; ¿cuál es el nombre del lugar? *** Veredas angostas; aroma espeso de cilantro o de fritura; aún no es mediodía, pero ya el sol arde en los brazos; caminamos, caminamos; y mis ojos son ancla en la arena de los ojos que me tocan; y el aire abierto sube, baja y nos navega hasta la sangre. *** Este mar que se agita turbio es un mercado, con sus cortes de cebú y el resuello de la auyama. Este mar y su hondura de manos y de voces que se abren en el aire, en tanto la soledad de abandono habita todo y los pargos dormitan en el hielo de las cavas. *** A Trinidad podrá tardarse poco más de unas dos horas, o toda la noche o más, dicen los contrabandistas oficiosos a la vez que beben al ritmo de la mar, hoy tan tranquila, y quedan del aire como abrazando sus raíces. *** En la quietud derramada de las costas sólo el mar insiste en decir no y desparrama su saliva, chista y se revuelve, mientras el blancor desvaído de las nubes se desliza lentamente hacia el oeste y el sol guiña, se suaviza. Pero el mar insiste, insiste, hasta que la hora, ya suya, oscurece y sobrecoge. | |
Estos poemas fueron vivenciados y esbozados por Eduardo Dalter cuando residía en Güiria, en el extremo nororiental venezolano, en 1977/ 1978. Años después los revió y reunió en libro bajo el título "Las costas del golfo", el cual tuvo edición en el sello Mucuglifo, de Mérida, a fines de 1995. La presente muestra es una selección de dicha obra. Actualmente el poeta vive en su ciudad natal, Buenos Aires. ------------------------------------------------------------------------------------- ZAPATOS Póntelos, o arrójalos con fuerza, la mayor fuerza y la más cuidada puntería, que los caminos siempre son posibles. Eduardo Dalter Buenos Aires, dic., 2008 SANGRE ESPESA Hubo cientos, miles de Gaitanes anónimos y Cristos, entre la desolación, el cerco, el hambre y la injusticia ciega, para que tantos hombres tristes en los caminos cerrados tomaran el rumbo empinado y riesgoso de la selva. Eduardo Dalter Buenos Aires, 9 de marzo 2008 9 DE JULIO Souvenir patrio La nieve cae lentamente (cada vez más lentamente), como desde un sueño o un olvido, y así se ve también desde los umbrales desolados o sin tregua y desde los parques sin un alma, mientras va quedando todo, todo debajo y espumoso, como en una historia de alegrías y de sombras --una historia, una historia blanca, blanqueada--, todo neblinoso y semioculto, entre bullicios y reflejos, mientras la hora avanza, avanza, también lenta (casi solitaria), y anochece. Eduardo Dalter Buenos Aires, julio, 2007 DESTINOS (Casi una poética)
Desde qué orilla abrir, cerrar los ojos; desde cuál punto de qué orilla. Cada orilla, cada punto de orilla adelanta, en su cielo y horizonte, una respuesta diferente que supone cada palabra que se imagine o que se diga. Todo camino comienza a abrirse según donde decida afirmar uno los pies y hacia dónde apunte uno su historia y su mirada. Uno eligió --o eligió por uno el fuerte viento-- cada segundo, cada rumbo, cada sendero ahondado o vasto y nada puede salvarse en un cruce ni en un momento solo que se abra. La suerte, o mala suerte, siempre estuvo despierta y estuvo echada como una apacible leona al pie del árbol. Eduardo Dalter Buenos Aires, 7 de septiembre, 2006 PARA UN CANTO AL COMANDANTE
¡Viva la Humanidad! FIDEL CASTRO RUZ Facultad de Derecho, 2003
Habría de algún modo que juntar todas las noches, las despedidas, los ayunos; también los insomnios, las grietas y las fiebres, acuerdos, desacuerdos, pero, por sobre todo, el nervio y la pureza de quienes estos años largos dieron todo y no pidieron nada --sólo acaso una brisa, para que la hora no quedara en agua de borrajas o en olvido--. Toda la savia, los ojos, las miradas, cuando apuntaron con claridad al horizonte cerrado, herido, o confuso. Y aun más: el ondular, cavilar y tronar de nuestros ríos, y toda la fuerza de mil brazos, un mar de brazos, en su destino y su oleaje, y todos los bordes y fondos espesos de desdicha, y los viejos, legendarios caminos --Tupac, Simón, Martí...-- y los que también ya son aire común y son historia --Sierra Maestra, La Habana, Playa Girón, el Che...--, y los caminos nuevos, y los que ahora mismo, paso a paso, se estarán haciendo sobre el arduo desierto o la subida, y pensar, enhebrar, así como sentimos, respiramos, un canto al Comandante, un canto silvestre, con las ramas, hojas y flores de las horas, con todos los brillos de la vida y de la historia que nos tienen de pie por un mundo de aire soleado y de belleza. Un canto de hecho, que a veces siento ya fue escrito en los años y todos guardan y saben de memoria.
Eduardo Dalter
Buenos Aires, abril de 2006 BASURALES DE HAITÍ La ONU y la OEA son la muestra más alta y sostenida de promiscuidad terminal, de barbarie y de miseria. Piénsese si no en estos falsificadores y cuatreros entrando al basural, entre zánganos y moscas, con urnas repletas de votos populares, al abrigo de la noche pestilente. Piénsese si no en los zamuros del Consejo de Seguridad revoloteando afiebrados por la paz, la democracia y el respeto. Piénsese si no en los cuervos y bestias del Departamento de Estado bullendo y graznando por lo mismo, mientras el pueblo más devastado de la Tierra lo grita a todo grito por las calles de caseríos y poblados bajo las balas de los cascos imperiales y la muerte. Piénsese si no en tantos siglos de rapacidad colonial y de barbarie y en esta humanidad a flor de piel, invadida, saqueada, y malherida hasta los huesos, que está saliendo a todo, y desafiando todo, por su vida. Eduardo Dalter Buenos Aires, 16 de febrero, 2006 CAMPAÑAS DE INVIERNO Ha venido creciendo, en vacío y en olvido, el gran pozo oscuro, que la hojarasca, también creciente, no deja respirar. El pozo, el gran pozo, entre el temor y la quebradura fría, que ahondan otro pozo de por sí, donde se vuelcan a menudo los sobrantes, las espumas... Reinos cerrados en que no entra una palabra, sólo cifras, clamor pérfido, mientras por encima de la precariedad, el dolor, las nuevas ruinas, se está montando la misma comedia que siempre está por terminar entre el polvo, el borde filoso y la humareda. Eduardo Dalter
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