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El querido amigo Eduardo Dalter nos necesita

Archivado en General • Fecha: 23-02-2009 13:35:48

Enviado por: Gregorio Riveros y Ramón Fanelli y Carlos Alberto Roldán y Monik Matchornicova.

El querido amigo Eduardo Dalter nos necesita, un abrazo, Luis.
El poeta Eduardo Dalter está internado en el hospital Lucio Menéndez de Adrogué con un cuadro de aneurisma de aorta abdominal severo y requiere ser derivado con urgencia a un centro me mayor complejidad donde pueda ser asistido dado su delicada condición.
Si alguno de ustedes conoce algún contacto que pueda derivarlo a un centro con atención cardiovascular completa por favor comunicarse con su esposa, Nidia, a su celular 15 6038 9013.
El nombre legal de Dalter es Eduardo Borraccia y se aclara que carece de obra social.
Desde ya muchas gracias.
Carlos Dariel




Eduardo Dalter

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS
Nació en Buenos Aires en 1947. Es poeta, traductor e investigador cultural.
Libros publicados
  • Silbos, 1986
  • Aguas vivas, 1993
  • Mareas, 1997
  • N.Y. Postales para enviar a los amigos, 1999
Antologías
Está incluido en antologías y publicaciones del continente.
Otras actividades
Desde 1994 dirige Cuaderno Carmín.
.

Eduardo Dalter
POEMAS
de Bocas Baldías 2000-2001
Una botella         rota  en la cuneta,  ¿quién la bebió?,         ¿quién  la rompió?  Una botella         rota,  con su etiqueta         y su barro.  Su pico         apunta  al cielo,  y si te acercas,         a tu frente,  como un dedo         vacío,  sin uña,         sólo borde.  Una botella         rota,  más allá de todo         olvido,  en la media cuadra         del suburbio.
            
Ese hombre inclinado con su palo         en medio del basural,  donde las bolsas de nailon  y los olores gruesos,  en marejada,  cubren el paisaje,  no busca la felicidad,         en cualquiera de sus versiones,  o acaso sí         creyó ver un atajo  allá, en los límites         del horizonte,  entre bolsa y bolsa,         o recuerdo y recuerdo;  una felicidad fugaz,         con un palo,  o posible o creíble,  mientras el sol lo alumbra.
            
Dios por acá         anda borracho,  no puede tolerar         tanta bolsa sucia         al viento.  Con caña encima, barba,         pantalón colgando  de su diosidad               raída.  No puede tolerar         verse  en el fondo         de los ojos  de las gentes         que bajan del tren  con bultos         y changos torcidos         del mercado.  Anda suelto por acá,         pirado  de tristeza elemental,         platónica.  El universo         es infinito,         el tiempo eterno,  parece decir Dios         queriendo  convencerse         en vano,  entre las bocas         baldías  y las miradas         de tormenta.
            
El amor por aquí         crece sudado,  pura sangre,         en cualquier parte.  Su naturaleza         está fundida  a la tierra vaciada         y rellenada,  a su saliva         turbia.  Lejos, de otro mundo,         la ciudad  es su cruz de fierro,  su cerrojo         más triste  y su espejo         imposible.  Hierve sola, desierta,         la espesura         de este amor  que va por agua.  Amor a medio vestir,         que alumbra cardos  en el sucio terraplén  y en el baldío         poceado,  frente a la carnicería.
            
Un corte en         la cara,         el revés,  un corte ciego  en la hora,  un corte  seco, sin dos,  un corte         que crece  hacia fuera,  hacia abajo,  un corte         como raíz,  sin grito,  sin garganta.
ANDÉN
Un hueco, un vacío                de tormenta         en las miradas,  en la voz, las voces,                y un desierto  precario         en la espera.
GRIETA 'E FRONTERA
(Venezuela, escúchame)
Al Chino Valera, en memoria
Brilla un ojo neutrónico,          que apenas se advierte  entre el agitar         de las banderas.  Y brilla otro ojo         para adentro,  un ojo virtual,         incesante,  conectado también         a una central         múltiple  (donde los ríos cifrados         y sucios         desembocan).  Te están calculando,         Venezuela;  te están filmando         en technicolor,         en el fragor,         en la neblina,  y están invirtiendo         a cuenta,  tu cuenta,         tu ñame,         tu memoria.  Y brilla un tercer ojo         acechante,  un ojo fijo, o fijado,         en el oro blando,         el oro oscuro  (el oro que enciende         fiebres y turbinas).  Un ojo         que el pescador de Uquire         ni imagina,  un ojo         que el buhonero         de San Felipe         ni sospecha.  Te están, desde         lejos,  midiendo Venezuela         la sangre,         el aire,         el límite,  y te están traduciendo,         calculadora en mano,  en programas intensivos         y en barriles.  Sueñan pesadillas, cerrojos,         Venezuela,  en nombre de la gente         desprevenida         y sencilla,  ésa que baja en burro         a La Salina  o reza un ave maría         en Punto Fijo.  Cuídate la espalda,         Venezuela,  que un atrás inmenso,         metálico         y oscuro  está creciendo         con tu sangre,  tu marejada espesa         y tus espinas.
15 de diciembre 2002

La inclusión de Eduardo Dalter es una atención de Julio Carabelli
Obispo Segura 239
4700 Catamarca
Argentina.

carabelliju@hotmail.com
FUENTE: http://www.poeticas.com.ar/directorio/Poetas_miembros/Eduardo_Dalter.html
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CARIBE

LAS COSTAS DEL GOLFO
12 poemas de Eduardo Dalter


La vida confronta sus manos espesas
y sus voces, bajo el aroma de fritanga,
en las esquinas, y las calles
de la redonda se mecen
hondamente de ese aroma
turbio que es casi una divisa. Sopla
dentro, muy dentro, la intemperie
y los zamuros, en lo más alto,
ensayan geometrías espaciosas,
en tanto el alacrán también acecha
con su soledad que baja entre los montes.

***

Tirita la noche en los fríos, remotos astros;
y el mar suspira, como fuera del tiempo,
mientras los montes, apenas
contorneados, parecen en vigilia
y el viento, éste, apenas sopla.

***

Mañana a las 6 llegará el primer
lanchón de trinitarios. Mañana
desde el viejo muelle se soltarán
las llamaradas de Maracas Bay y Puerto España
que emborracharán semana santa con calypso.
Y entonces las esquinas no serán como siempre
las esquinas; algo en los sudores y las lenguas
andará flotando, hirviendo, hasta el mercado,
cual un rubor de flores negras, cabos negros.
Y nadie sabrá qué hacer con tanto ritmo.

***

De Marigüitar marchó a Macuro
y había perdido su conuco.
Se inventaba calles y puertas
fugaces, a falta acaso de otras,
y miraba reconcentrada el techo,
por momentos, como sabiéndose
rodeada y extranjera en esas costas.
Tenía dedos finos, aires de mar,
y había perdido su conuco.

***

Pantalones remangados,
espaldas oscuras,
los pescadores bajo el sol
caminan playa arriba
como siguiendo al viento,
que hoy ha dado al mar
un raro hechizo.

***

Las palmas se rozan en lo alto
cual cien besos cuchicheantes
que el viento pone a volar
y el mar escucha.


***

Viento, háblanos del mar
que hoy estamos algo así como
aburridos,como tristes.
Afuera, ves, llueve,
llueve con ganas
y contigo. Háblanos
también de las costas
de Chacachacare y de Macuro
mientras tomamos café
y miramos la ventana.

Háblanos
así, del oleaje
tormentoso dando en los cargueros
que se inclinan
en las Bocas,
que hoy estamos desolados
y deseosos de tu magia.

***

¿Cuál es el nombre del lugar
repetido cual un eco en las calles,
pero solo siempre, sin un alma?
¿Cuál es el nombre de esta arena
recalentada, clarísima, polvosa,
y de este ángulo para quedar
del zigzag de la playa y
del insolado, ancho, ancho golfo?
¿Cuál es el nombre del lugar
de los rumores tan distantes,
que dibujan, ya del aire,
rostros, suspiros, romanillas?
¿Cuál --díganmelo por favor
más lentamente--, cuál es
el nombre del lugar?; ¿cuál
es el nombre del lugar?

***

Veredas angostas; aroma espeso
de cilantro o de fritura; aún
no es mediodía, pero ya
el sol arde en los brazos;
caminamos, caminamos; y
mis ojos son ancla en la arena
de los ojos que me tocan;
y el aire abierto sube, baja
y nos navega hasta la sangre.

***

Este mar que se agita
turbio es un mercado,
con sus cortes de cebú
y el resuello de la auyama.
Este mar y su hondura
de manos y de voces
que se abren en el aire,
en tanto la soledad
de abandono habita todo
y los pargos dormitan
en el hielo de las cavas.

***


A Trinidad podrá tardarse
poco más de unas dos horas,
o toda la noche o más,
dicen los contrabandistas oficiosos
a la vez que beben al ritmo
de la mar, hoy tan tranquila,
y quedan del aire
como abrazando sus raíces.

***


En la quietud derramada
de las costas
sólo el mar insiste en decir no
y desparrama su saliva,
chista y se revuelve,
mientras el blancor desvaído
de las nubes se desliza
lentamente hacia el oeste
y el sol guiña, se suaviza.
Pero el mar insiste, insiste,
hasta que la hora, ya suya,
oscurece y sobrecoge.
Estos poemas fueron vivenciados y esbozados
por Eduardo Dalter cuando residía en Güiria, en
el extremo nororiental venezolano, en 1977/ 1978.
Años después los revió y reunió en libro bajo el
título "Las costas del golfo", el cual tuvo edición
en el sello Mucuglifo, de Mérida, a fines de 1995.
La presente muestra es una selección de dicha
obra. Actualmente el poeta vive en su ciudad
natal, Buenos Aires.
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ZAPATOS
Póntelos, o arrójalos con
      fuerza,
la mayor fuerza y la más
      cuidada puntería,
que los caminos siempre
      son posibles.
           Eduardo Dalter
Buenos Aires, dic., 2008
SANGRE ESPESA
Hubo cientos, miles
      de Gaitanes
anónimos y Cristos,
      entre
la desolación, el cerco,
      el hambre
y la injusticia ciega,
      para que tantos
hombres tristes en
      los caminos
cerrados tomaran el
      rumbo
empinado y riesgoso
      de la selva.
    Eduardo Dalter
Buenos Aires, 9 de marzo 2008
9 DE JULIO
Souvenir patrio
La nieve cae
      lentamente
(cada vez más
      lentamente),
como desde un
      sueño
      o un olvido,
y así se ve
      también
desde los umbrales
      desolados
      o sin tregua
y desde los parques
      sin un alma,
mientras va quedando
      todo,
todo debajo y
      espumoso,
como en una historia
      de alegrías
      y de sombras
--una historia, una
      historia blanca,
      blanqueada--,
todo neblinoso y
      semioculto,
entre bullicios y
      reflejos,
mientras la hora
      avanza,
      avanza,
también lenta (casi
      solitaria),
y anochece.
        Eduardo Dalter
Buenos Aires, julio, 2007
DESTINOS
(Casi una poética)
Tu destino te sorprenderá
cada momento.
WILLIAM BLAKE
A José Antonio Cedrón y
a José Emilio Tallarico
Desde qué orilla abrir, cerrar
        los ojos;
desde cuál punto de qué orilla.
        Cada orilla,
cada punto de orilla adelanta,
        en su cielo
y horizonte, una respuesta
        diferente
que supone cada palabra que
        se imagine
o que se diga. Todo camino
        comienza
a abrirse según donde decida
        afirmar
uno los pies y hacia dónde
        apunte
uno su historia y su mirada.
        Uno eligió
--o eligió por uno el fuerte
        viento--
cada segundo, cada
        rumbo,
cada sendero ahondado o
        vasto
y nada puede salvarse en
        un cruce
ni en un momento solo que
        se abra.
La suerte, o mala suerte,
        siempre
estuvo despierta y estuvo
        echada
como una apacible leona 
        al pie del árbol.
              Eduardo Dalter
Buenos Aires, 7 de septiembre, 2006

PARA UN CANTO AL COMANDANTE

 

 

¡Viva la Humanidad!

FIDEL CASTRO RUZ

Facultad de Derecho, 2003

 

 

Habría de algún modo que juntar

       todas las noches,

las despedidas, los ayunos;

también los insomnios, las grietas

       y las fiebres,

acuerdos, desacuerdos, pero,

       por sobre todo,

el nervio y la pureza de quienes

       estos años largos

dieron todo y no pidieron nada

--sólo acaso una brisa, para que

       la hora

no quedara en agua de borrajas

       o en olvido--.

Toda la savia, los ojos, las

       miradas,

cuando apuntaron con claridad

       al horizonte

cerrado, herido,

       o confuso.

Y aun más: el ondular, cavilar

       y tronar

de nuestros ríos,

y toda la fuerza de mil brazos,

       un mar de brazos,

       en su destino y su oleaje,

y todos los bordes y fondos

       espesos de desdicha,

y los viejos, legendarios caminos

       --Tupac, Simón,

       Martí...--

y los que también ya son aire

       común y son historia

--Sierra Maestra, La Habana,

       Playa Girón, el Che...--,

y los caminos nuevos, y los que

       ahora mismo,

paso a paso, se estarán haciendo

       sobre el arduo desierto

       o la subida,

y pensar, enhebrar, así

       como sentimos,

       respiramos,

un canto al Comandante,

       un canto silvestre, 

con las ramas, hojas y flores de

       las horas,

con todos los brillos de la vida

       y de la historia

que nos tienen de pie

       por un mundo

       de aire soleado

y de belleza. Un canto de hecho,

que a veces siento ya fue escrito

       en los años

y todos guardan y saben de

       memoria.

 

 

                          Eduardo Dalter

 

Buenos Aires, abril de 2006

BASURALES DE HAITÍ
La ONU y la OEA son la muestra más
      alta y sostenida
de promiscuidad terminal, de barbarie
      y de miseria.
Piénsese si no en estos falsificadores y
      cuatreros
entrando al basural, entre zánganos y
      moscas,
con urnas repletas de votos populares,
      al abrigo de la noche
pestilente. Piénsese si no en los zamuros
      del Consejo de Seguridad
revoloteando afiebrados por la paz, la
      democracia y el respeto.
Piénsese si no en los cuervos y bestias
      del Departamento
de Estado bullendo y graznando por lo
      mismo,

mientras el pueblo más devastado de la

      Tierra
lo grita a todo grito por las calles de
      caseríos y poblados
bajo las balas de los cascos imperiales
      y la muerte.
Piénsese si no en tantos siglos de
      rapacidad colonial y de barbarie
y en esta humanidad a flor de piel,
      invadida, saqueada,
y malherida hasta los huesos,
      que está saliendo a todo,
y desafiando todo, por su vida.
                                 Eduardo Dalter
Buenos Aires, 16 de febrero, 2006 
    
 
CAMPAÑAS DE INVIERNO
Ha venido creciendo,
      en vacío
y en olvido,
      el gran pozo
oscuro, que la hojarasca,
      también
creciente, no deja
      respirar.
El pozo, el gran pozo,
      entre el temor
y la quebradura
      fría,
que ahondan otro pozo
      de por sí,
donde se vuelcan a
      menudo
los sobrantes, las
      espumas...
Reinos cerrados
      en que no entra
      una palabra,
sólo cifras, clamor
      pérfido,
mientras por encima
      de la precariedad,
el dolor, las nuevas
      ruinas,
se está montando
      la misma
comedia que siempre
      está por terminar
entre el polvo, el borde
      filoso
y la humareda.
            Eduardo Dalter
Eduardo Dalter nació en Buenos Aires en 1947. Poeta e investigador cultural. Algunos de sus poemas y artículos fueron incluidos en importantes suplementos y publicaciones del continente: revista Crisis (Buenos Aires), revista Alero (Universidad de Guatemala), Revista Nacional de Cultura (Caracas), entre otras. De su obra poética se cuentan: En la medida de tus fuerzas (1982), Silbos (1986), Hojas de sábila (1992), Mareas (1997), N.Y. Postales para enviar a los amigos (1999), Bocas baldías (2001), entre otros títulos. En el año 2000 publicó un trabajo de investigación acerca de la poesía del Harlem titulado Harlem: los blues de la historia, y en 2004 apareció en Casa de las Américas (La Habana) su obra El mercado de la muerte. Dirigió en el lapso 1994-2002 la revista de poesía latinoamericana Cuaderno Carmín. En septiembre de 2005 se presentó en Buenos Aires su antología poética Hojas de ruta (1984-2004)

 
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Escrito por Carmiña Candido Daverio
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