CUANDO CAEN LAS BOMBAS
Cuando caen las bombas de racimo
y “Willie Pete” calcina hasta los huesos
y el llanto de los niños no se escucha
porque truena la muerte más fuerte todavía;
cuando el gemido se queda sepultado
bajo el odio cerval de las metrallas
se suplica que Dios no los ignore,
lleve el nombre que lleve en cualquier lengua
¿o es que no eran sus hijos también los cananeos?
¿qué castigo final has reservado
a quien quita las vidas que son tuyas?
Te siento, Padre mío, inoperante.
¿O acaso Belcebú te ha destronado
y ha poblado la tierra con sus hijos?
¿Por qué has hecho a las rosas tan perfectas
y le has dado al jilguero buenos dones
y a la amapola su rojo inigualable,
a los cisnes las formas más perfectas
y al hombre una maldad que no condice
con ese anhelo tuyo de hacerlo semejante
a tu esencia divina, fracasada?
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