Enviado por Gregorio Riveros .´.
| Falleció el poeta Daniel Chirom |
| A los 52 años, y luego de padecer una larga enfermedad, ayer falleció el poeta y periodista Daniel Chirom, que fue el editor de la revista de poesía “El Jabalí” y el programa homónimo, que se emitió por Radio Nacional. |
| Buenos Aires> A los 52 años, y luego de padecer una larga enfermedad, ayer falleció el poeta y periodista Daniel Chirom, que fue el editor de la revista de poesía “El Jabalí” y el programa homónimo, que se emitió por Radio Nacional. Con un gran empuje, Chirom trascendió su proyección poética para convertirse en difusor de la poesía, rescatando a través de los medios a todos aquellos poetas y escritores olvidados de las letras hispanoamericanas o voces del continente insuficientemente leídas o no conocidas. Entre sus producciones se encuentran los siguientes poemarios: “Crónica a Robledo Puch” (1975), “Los Atlantes” (1979), “La Diáspora” (1983), “El Hilo de Oro” (1989), “Candelabros” (1999, Premio de Poesía Fundación Inca 1994), “El ojo de los días” (2003) y “Manjar del exilio” (2005, Bogotá, Colombia) También dedicó su tiempo a la prosa que desplegó con gran soltura en “Charly García” (1983) y textos para la cantata Lamdelam, cuya música pertenece al compositor y director Sergio Piterbarg. La obra, que buscó rendir homenaje al pintor Wilfredo Lam, fue estrenada en el Festival Garonne, Toulouse, Francia, por el Ensamble vocal-instrumental Xinum. |
Canta
vuela
baila
bebe el vino
transatlántico.
Sueña
corre
ríe
susurra un arcano
olvidado.
Marinero marinado
juglar de vuelo alto
piloto de tormentas
príncipe destronado.
Estas playas se desnudan
ante tu mirada
estas playas se desvanecen
ante tu magia.
Pan casero
tus oraciones
pan ácimo
tus plegarias.
Estas ramas
son tus manos
acariciando el cielo
después de cada tormenta.
Y esos dedos son llamas
encendiendo una noche
en la penumbra blanca de tu ocaso.
La luna callada
canta en el valle.
Nadie la escucha
salvo Narciso
que ha extraviado su lago
y la mira
Aún humea el ojo de los días.
En el templo las voces bordan los cielos
y las lluvias bendicen lenguas dolientes.
Un espíritu se ha levantado desde las fauces del océano
y su aliento incendia jardines de piedra.
El silencio tañe muérdago,
un ojo ríe
y cuerpos perdidos hienden la ausencia.
No hay salvación,
todavía el alma pena.
Ausencia eterna, hiere mi voz,
dame la palabra del rubí,
un canto del arpa, la belleza del trueno.
Que en cada oración encuentre mi reino.
Bendita sea tu desnudez enceguecedora,
tus frutos luminosos,
tu oro extremo.
Soy polvo, sangre, hiel
y nada en tu oculto lecho.
Ausencia eterna, otórgame la luz,
confiéreme el silencio.
Muerta la muerta, encendido su olvido
su nunca más de yegua desbocada, su noche
donde canta la piedra y la nube.
La voz de la muerta no muere, agoniza, permanece
y sus canciones encantan a los navegantes, a los no nacidos
y a los muertos que gritan en silencio
para que la muerta escuche y despierte sobre su muerte,
sobre los ojos enceguecidos y sobre el féretro de oro
de todas las aguas, ríos, mares y océanos
que atizan las lenguas de la intemperie.
TOMADO DE: http://www.poemasde.net/sara-daniel-chirom/