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Mariano Schuster en "Libros y otros objetos profanos"

Archivado en Entrevista a Escritores. • Fecha: 18-11-2008 14:42:53

Enviado por Mariano Schuster

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Mariano Schuster: "no creo en poetas de media jornada"

Mariano Schuster se codea con los grandes y es que, además, lee a los grandes. Baudelaire, Pessoa y Ginsberg. Anda con su mochila cargada de pequeños textos, otros grandes argentinos: Mario Trejo, por ejemplo.
Es precisamente su formación literaria y su pasión por el mundo, lo que hace que su poesía esté "fuera del molde"… Apadrinado por unos, desterrado por otros, Mariano comienza a ver los frutos de su trabajo con la publicación de su primer poemario Música para buenos salvajes, publicado por Ediciones El mono armado.
"No creo en los poetas de media jornada", dice el muchacho que se pasa las tardes en un café de su barrio, escribiendo y fumando desesperado, como si en cada bocanada le viniera la inspiración. Y es que para Mariano la poesía es como un orgasmo: "si no te lleva al clímax, no es poesía", dice sin poder sostener la mirada.
Con 23 años de edad, tiene alma de viejo… quisiera regresar al 68 y poder vivir esa época ya que considera que hoy estamos en "la edad media de la modernidad", donde no pasa nada.
Su poesía es familiar, cercana, rasgos distintivos de su Argentina natal, de sus noches musicales, y sus amores eternos y perdidos.

- ¿Si pudieras tener un altar en tu casa, qué retratos tendrías?
- Bueno, creo que no tendría un altar en mi casa aun teniendo la posibilidad. Sin embargo, si me obligás, te diría que admiro a tanta gente que el altar sería demasiado grande. Y sería extraño. Estarían Dylan Thomas, Baudelaire, los Beatniks, Nicanor Parra, Prevert, Bakunin, Durruti, Vanasco, Sietecase, Pessoa y muchos más. La lista se haría interminable. Pero, por encima de todos, estaría el retrato de ese gran poeta argentino que es Mario Trejo. Por supuesto tendría también los retratos de mis familiares y amigos, principalmente los de Néstor Bárron y Julian Galante - también poetas enormes.

- ¿Qué escribiría Dylan Thomas en lo que defines como "la edad media de la modernidad"?
-Dylan Thomas escribiría lo mismo. Es más, ni se preocuparía por mi concepto de Edad Media de la Modernidad. Creo que tomaría mucho más whisky y realzaría esa hermosa frase que dice: "He oído el contar de muchos años / y muchos años tendrían que atestiguar un cambio"

- ¿Es tu poesía una reacción ante un mundo consumido por el conformismo?
-No sé. Ojalá lo sea. Intenta reaccionar contra todo. Creo que el poeta tiene personajes predilectos. En mi caso, los adictos al juego, las putas, los borrachos y los locos son la demostración de una lucha que no muchas veces se entiende. Es una lucha mucho más profunda que la del militante político. Es una lucha sin moral asumida, sin conceptos éticos vulgares. Quizás por eso me gusta tanto Bukowski y tan poco el docente común, que lleva una vida de trabajo permanente, llevando a la gente conceptos e ideas que no les son propios. Ahora hay muchos poetas de media jornada, poetas para los que la vida no es poesía ni la poesía es vida, sino palabras. El conformismo es una peste. Es la peor peste porque lleva al aburrimiento. Y yo creo que hay que vivir apasionadamente. Y no me importa mucho si eso se hace con el fruto del trabajo o con otra cosa. Eso de: no tengo tiempo para vivir apasionadamente porque tengo que trabajar siempre me pareció una justificación.

- ¿Sirve la poesía para poner en papel lo que por timidez no podemos enunciar?
- Sí. En realidad no se si es timidez. Es incapacidad de expresarlo de otra forma. Los poetas guardan un "secreto". Ese secreto no lo saben ni ellos mismos. No lo sabemos. Pero existe. Hay un gran misterio en todo esto. Y sobre eso, a veces solo podés escribir y no hablar.

- ¿Qué te inspira?
- Me inspiran las vidas más extrañas y las más comunes porque suelen ser las mismas. Hay vidas muy raras, realmente muy raras. Me gusta la gente que pasa horas en los casinos apostando algo más que monedas, que es su vida entera. Me gustan las prostitutas que dicen frases geniales. Me gustan los borrachos que creen en su resistencia con una botella de vino tinto en la mano. Amo a esa gente y la amo de veras. Pero también me inspira mi infancia, mis recuerdos. Nací en el seno de una familia típica de clase media de izquierda. Me costó mucho despegar de los conceptos clásicos de mi familia. Sin embargo, conservo el mejor de los recuerdos. Siempre queda la nostalgia.

- El hecho de que te acompañen nombres importantes de la literatura argentina, ¿es cuestión de suerte o parte del esfuerzo?
- Creo que de las dos cosas. O de ninguna. Es algo místico, te lo decía antes. Fuimos unidos. No se por qué ni por quién. Quizás solo por nosotros mismos. Pero, bueno, ser acompañado por gente como Reynaldo Sietecase, Néstor Bárron y, sobre todo, por Mario Trejo, es para mí un gran desafío. Y me gustaría que esos "nombres importantes de la poesía argentina" fuesen más reconocidos. Lamentablemente a muchos poetas se les pasa por alto que desde hace mucho tiempo hay gente grande que hizo la historia de la poesía argentina. Que se ningunee a Mario Trejo a mí realmente me duele mucho. Un tipo que es la poesía argentina, que esta ahí y nadie le presta atención, realmente es muy terrible. Por suerte, los amigos vamos a emprender el regreso de Trejo.

- Javier Bergia te llama un "curandero eficaz ¿Qué opinas de eso?
- Creo que Javier, como todo gran amigo, exagera un poco. Pero me gusta que diga eso. Me gusta la figura del chamán, del hechizero y, lo importante, es mantener el hechizo. Yo aprendí escuchando la música de Javier, y leyendo los poemas de los grandes de la poesía, que el poema debe ser un orgasmo, debe tener un climax. Al poema hay que abrirle las piernas y hacerlo gozar a él para que goce el lector. En ese sentido, me siento curandero. Me gusta ser un brujo que cura o sana pero manteniendo el hechizo.

- ¿Hacia donde va tu poesía?
- Hacia donde van mis héroes, todos esos raros de los que te hablaba. Va hacia donde va el mundo. Hacia un abismo total desde el que todavía podemos reírnos, fumar, tomar, y disfrutar. Vuelvo a Trejo. Se te pueden morir todos, se te pueden caer todos los héroes encima, pero seguí acá resistiendo, simplemente resistiendo.

"Borges es Borges, era un genio" dice Mariano. Al salir del café, se pone su chaqueta negra y prende un cigarro. Caminamos y seguimos hablando de libros. "En esa librería venden de todo -dice- tienen mi libro en la vitrina".

Escrito por Carmiña Candido Daverio
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