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"Para olvidar a la muerte" de Juan Cristóbal.

Archivado en El libro y su autor • Fecha: 10-11-2008 12:11:26

Enviado por LATIN AMERICAN WRITERS INSTITUTE

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El reconocido poeta Juan Cristóbal, ha publicado un fascinante libro de poemas: Para olvidar la muerte. El texto traduce la madurez y dominio de un poeta mayor.
Para olvidar a la muerte
Juan Cristóbal, un libro Para olvidar a la muerte.
DETALLE

Juan Cristóbal, (Lima-1941), en el 2004, dijo que ya no escribiría libros de poemas. Celebremos ese hecho porque con Para olvidar a la muerte, alcanza una espléndida poesía.
¿Qué es finalmente la muerte? Cada quien tiene una respuesta de acuerdo a su propia formación o deformación filosófica. Se trata de un tema literario tan antiguo como los seres humanos y los poetas han sentido siempre una atracción mortal para hablar de ella. Sin embargo, todos tenemos temor a la muerte porque sabemos que es el fin de la existencia humana.

Pero sucede que Juan Cristóbal, a través de su libro: Para olvidar a la muerte, no recurre a argumentos metafísicos para afirmar que todos los días, morimos un poco. Escribe desde los resquicios de la vida, desde el fondo de los sueños, desde una experiencia llena de desencanto y ternura. Morir para el poeta Juan Cristóbal, es tener a diario una dolorosa existencia y desgraciadamente tener una conciencia lúcida para entender que la vida, es una forma de caminar hacia muerte.

No obstante, hay una auténtica ternura para reconocer su entorno humano, a los seres más queridos que lo rodean, a los desvalidos que como Martín Adán, prefería vivir lejos y solo, todo para defender su vocación de poeta. La realidad total para Juan Cristóbal es de por sí alucinante, de modo que lo que hace es traducir ese mundo tan rico en fulgurantes metáforas, fruto de la madurez y constante ejercicio literario
RA OLVIDAR A LA MUERTEjuan cristóbal DECLARACION  este es el principio final de mi destinola declaración permanente e invariable de mi vidala transparente oscuridad agonizante de mis versosla debilidad atroz de mis deseos y anhelos cotidianosconvertidos en una fórmula de amor y en una ganzúa sin remedioesperando desde la tosquedad de mis recuerdosla cruz eterna y congelada del olvidopues todo lo he dejado en manos de los ríosen la razón absurda y obsesiva de mis huellasy tú lo sabes bien extranjera andrajosa de mi vidavampiresa girando sobre la propia cola de tus nidosaquí todo termina como en la carne apagada del sosiegocomo en estos muros oscuros y hediondos del deliriopues mis ojos / como los ves /acaramelados e infantiles y cabalgando como locosen las llanura interminables de la lunacon sus irracionales y corrosivas pesadillasson –junto a mi dolor- la verdadera temperatura de la tierrala savia destrozada y agujereada de las pulgasla ceguera inútil convertida es magro tesoro de mi penaes decir el animal perseguido y descuajeringado entre los fuegos y musgos inertes de las piedrassaliendo de su ausencia y clamando por su culpapor su mea culpa por su santísima culpay sin embargo fabricando millones de sueños y penuriaspor amor a tantos horrorosos juegos insensatos de la muertecomo éste que véis aquí incorporado a los gemidosmientras se mece entre las rosas crudas de los besosy las plumas leves y aleves de los días 
EXILIO viví en cuartos oscuros y pocos conocidosamé amores grises soledades terriblesbotellas solitarias y peligrosamente vacíasy todo por qué  / por amor al mar y a la alegría cuarteada y pequeña de mis hijosmi alma se hizo así tibia sorda ruinosasin ningún gesto o incipiente o regustado destinofue cuando empecé a conocerel lado oscuro grotesco e inaccesible de las gentesel temor a esa novia que después de las fiestas me decíaen una playa solitaria: “cuando veas otra vez el amanecerllorarás sobre mi hombro y tus manos volverán a serel carbón apagado del otoño”por lo que la inseguridad creciócomo un pellejo misterioso en mi pechoy me asombró y me llenó de tantas alimañas en la nocheque no supe qué hacer con las heridas y vaivenes del cielocon los peldaños oxidados de mis ojoscon la piedad ensangrentada de mis pasosque a veces se me aparecían entre las voces sepultadas de la casay me acusaban de miles de cosas que no eray si bien el tiempo fue sencillo tierno generoso y a veces curiosa y salvajemente maravilloso(sobre todo cuando me embriagaba con los carteros en el río)otras veces se asemejaba a un prostíbulo cerradoal espejo roto y destrozado en las malezas de la envidiaal infierno inacabable en los latidos estériles de mi bocapor lo que decidí regresar a mi guariday enfrentar a lo que fuese / al sol por ejemplo cuando aparecía y desaparecía en el horizonte injusto o innoble de la hogueraal son de esa música aterida y secreta de los locospero cuando llegué y fui donde los amigosa recordar nuestras infanciasnuestros partiditos de fútbol en la tardenuestras mentiras encendiéndose como murciélagos en el pastocuál no sería mi sorpresa cuando todos me humillaronentregándome –por un plato de lentejasy unos cuantos frijolitos en otoño-a los verdugos más ciegos y salvajes del peligropor lo que temblé y dejé de soñarcomo los canarios inaccesibles de los niñosespecialmente cuando me gritaban y pateabany puteaban en la celdamientras mi madre (cuyos díaspor culpa de su esposo se parecíana esa cueva atosigada de moscas y lagartos)desfallecía como una flor en el aguaen lucha indesmayable por su vida
CON MARTÍN ADAN EN EL ASILO En el desierto está la belleza hecha polvo  HAFIZ en buena hora te quitaste tú que ya no tenías nada que hacer en los mercados en el corazón color caca de las ratas en los hospitales de los locos/ en las camas de las putasen los hoteles de turistasen buena hora te quitaste / felizmentepagaste todas tus cuentas en los baresy te fuiste un viernes santo al trocaderopara no olvidarte del último polvo de tus díaspor eso los pordioseros y ladrones te recuerdancomo el mejor recuerdo de sus cantoscuando bebías en los manicomios de la tardecon los perdidos de la nadael pisco más barato de la tierray te quedabas tirado como un perro en las esquinasapestando peor que orines de gata masturbadapero soñando con las mejores primaveras de la luna (yodesde mi viejo cuchitril y lleno de asma te saludoy me acuerdo cuando velabas tu alma de viejo camionero en las aguas pestilentes y amargadas de la penay cuando escondías en tu negra billetera -de cocodrilo mal habido- los papeles inservibles y salvajes de tu muerte) por eso / te ruego /no dejes caer tu sueño en las excrecencias de los charcosni despedazar tu grito de cebolla en las uñas imperturbables del infantesin embargo sé por las miradas peligrosas de las avesque cierta vez robaste en el parque a los mendigos y te tiraste un pedo en paseo de familiamientras mirabas a las palomas sonreír entre sus nidos cuando te quisieron hacer gerente una mañanay los dejaste a todos hechos unas amapolas en su culoen las cervecerías de la esquinapero ahora que tanto hablan de ti en los periódicosy te sacan con tu sombrerito de pajero arrepentido  háblanos de la rosa infinita de tus versosde los duraznos achicharrados de tu insomniode la esperanza cruda de las calles / de tu abrigoque sólo sirve para ocultarte de los cumpleaños de tus hijos y de la herida horrorosa y mugrosa de tus pasos / en finde los huevos de dios o del olvido (de tus libros)porque sabemos que tú eres más pendejoque cualquier malandrín bailando en el infiernopero como estás a punto de estirar la pata en el asilono me queda más remedio que decirte como al viejo dylanthomas cuando agonizaba como un carnero degolladoen los prostíbulos aterrorizados de los bares:"paséate por todos los techos encandilados de la estrella y mira las pezuñas calcinadas de los burros/ las palabras fatigadas de los ángeles putos de la tarde para que sepas que no hay mejor comisaría en la carroña del silencio que un buen trago de ron al pie de las entradas  del otoño donde ya no se puede amar sino a los lirios rotos o maravillosos del espejo anunciando los nuevos nacimientos de los ríos como esas tristes avecillas que envejecen de nostalgia entre los eucaliptos abandonados de tus pasos"               
AUTOBIOGRAFIAMe pervierto cuando hablo de mi vida
Cuando pienso en las raíces oscuras de mi sino
En la sinceridad imberbe de las plantas
En las heridas inocuas de los cielos
En los ojos infernales de los perros /

Mi vida / como veis /
Está llena de sapos y culebras
Alimañas y ladrones
Y no sé descifrar las miradas que me miran
Las palabras que me hablan
Los silencios que me quieren /
Por eso creo que la vida es una mierda
Un pedazo de locura atravesando los desiertos
Que nos hace creer —ingenuamente—
Que la felicidad es lo único valedero en el concierto
Para aceptar la delicia indispensable para ello:
Que la existencia es otra historia / otro espacio / otro modo
De ver la desvergüenza de los días
Los callejones intransitables de la muerte /

Pero todo /
si lo entendéis bien / desde la miseria de los gritos /
No es sino una mentira inventada en el principio
Un desliz fatigado y envejecido en las ojeras de los gatos
Una forma reiterativa de amarrarnos a la mazmorra del olvido
A los mástiles palurdos y encebollados de los miedos /

Por eso envejezco sin hablarle a mis parientes
Sin mentarle la madre a los pendejos
Sin hacerle caso a los organilleros en los parques /
Y si miro de reojo a las muchachas
O fumo o sonrío en los prostíbulos baratos
Es una forma de agradecer a los vecinos
El estar vivo en este mundo
Soportando los chismes de la lluvia
Las injurias de los tontos
Y para hacerles creer a los incautos
Que me masturbo con las flores y las nubes y el mar
ricotón de las delicias
Cuando —en verdad—
Solo pienso en las figuras simiescas del delito
En los paisajes abandonados de las ruinas /
Por eso es que prefiero los fulgores desorbitados del pasado
A la codicia fervorosa y rudimentaria del futuro
Que siempre aparece y desaparece en las colinas
Como el rostro más oscuro y tenebroso de los tiempos /
De allí las preguntas que se me salen como trompos
del fondo del pellejo:
¿Qué soy —realmente— en este mundo?:
¿Un moscardón rondando los arrabales de la noche?
¿Una sombra extraviada en los umbrales del delirio?
¿La melodía perdida y enloquecedora de los niños?
¿O ese geranio desatado en las tierras baldías del peligro ? /

Como las respuestas no llegan como quiero
No me queda más remedio
Que seguir siendo el silencio de una voz desconocida
Revelando sus secretos a la inocencia de la oruga
a los huevecitos pasados de los grillos /
Mientras siento desbocarse tiernamente mis aullidos
como un fantasma
Por los restos de un universo sin sentido
Y entrar por esa puerta que jamás volverá abrirse
A no ser para encontrarse con las telarañas del vacío /

De este modo reconozco que la tristeza y la muerte
Son mis amigas y enemigas en el sueño
Compañeras inseparables de los mendigos y boxeadores
en el alba
De los poetas y jubilados en la tierra /
Y si se aman y comprenden
Como el sol cuando se arrecha con la luna en los hospicios
de la nada
Es porque les encanta viajar juntas
Hacerse arrumacos en todas las tabernas
Darse besitos en los asilos desesperados de la playa
Mientras derraman sus garbos y lisuras
Y sus voces insepultas
En todo el confín azul del universo
 


ACERCA DEL AUTOR

Juan Cristóbal nació en Lima en 1941. Hizo estudios secundarios en Chosica, ciudad cercana a la capital peruana y en la Universidad de San Marcos. Fue periodista en los suplementos culturales de los principales diarios peruanos. Actualmente es profesor de periodismo y de literatura en diversas universidades de Lima. Ganó el Premio Nacional de Poesía en 1971 y los Juegos Florales de San Marcos en 1973. Publicó varios poemarios, libros de cuento y prosa testimonial. En 2005, su libro polémico “Uchuraccay o el rostro de la barbarie”, recopilación de artículos periodísticos sobre la matanza de ocho periodistas.  

Escrito por Carmiña Candido Daverio
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