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POR LA PENSIÓN DEL ESCRITOR

Archivado en Más allá de la palabra • Fecha: 09-10-2008 10:09:01

Por Osvaldo Bayer

Desde Río Gallegos

Aquí estoy, con los docentes patagónicos. Hemos celebrado el Día del Maestro. Una reunión con música y más de ochocientos docentes. De pronto, alguien brindó por ellos y dijo: “Sois la fuente del saber, sois el alba de una sociedad más digna. Fuentealba, salud”.

Fuentealba, el maestro asesinado por la policía de Neuquén. Hubo un momento de silencio. La emoción cubrió los rostros y paralizó los cuerpos. El héroe de la docencia. El héroe de dar la mano a los niños y guiarlos en el camino de la solidaridad y de la vida sin violencias.

En esta semana que termina me ocurrió algo que nunca me había sucedido. Me recibió por primera vez en mi vida un presidente de la Nación, en este caso la presidenta Cristina. Es decir, que en ese sentido perdí mi virginidad política –en términos anarquistas– para expresarme en conceptos recientes expresados por el “padre” Grassi, quien sostuvo recientemente que es virgen desde los 19 años, claro, en otra cosa.

Fue el martes pasado. Entré en la Rosada, pero de acuerdo con el principio de pedir sólo cuando se trate de defender a los comedores infantiles, siempre sólo cuando se trate de defender a las bibliotecas populares, siempre sólo cuando se trate de defender los derechos de los pueblos originarios y de los presos políticos. Sí, entonces sí hay que aguardar en la sala de espera de quienes representan al poder.

Bien, allí llegamos. En primer término solicité a la señora Kirchner que creo que ha llegado el momento de que el país revea la política efectiva con los pueblos originarios. Hacer una profunda autocrítica histórica. Como lo acaban de llevar a cabo los gobiernos de Canadá y de Australia, que han tenido el coraje de reconocer los crímenes cometidos con los pueblos originarios de esos lugares, política caracterizada por el crimen, la opresión y el robo de sus tierras, en la conquista que llevó a cabo el hombre blanco de paisajes que jamás les pertenecieron. Le dije que en nuestro país siempre se ha rehuido esa autocrítica. Todo se tapa con monumentos y honores a los ejecutores de esa política. Hay que comenzar por un documento básico que podría ser el resultado final de un congreso de historiadores. En segundo lugar, propuse a la Presidenta que su gobierno de raigambre peronista debiera reconocer el error brutal de 1946, en que se reprimió violentamente el “malón de la paz”, cuando un grupo de 147 kollas vino caminando desde Abra Pampa para pedir la devolución de sus tierras comunitarias, robadas por el blanco. Ese “malón pacífico” terminó en Buenos Aires cuando esos hombres silenciosos fueron reprimidos y embarcados por la fuerza en un tren de carga por la Gendarmería y la policía, y se los arrojó nuevamente en Abra Pampa. Y de eso no se habló más. Le solicitamos a Cristina Kirchner que por lo menos se diera una pensión de 500 pesos a los cuatro últimos kollas que quedan con vida de aquel “malón”, que se encuentran en la miseria más absoluta, y a los cuales hasta ahora se les ha negado toda ayuda.

Mi tercer pedido fue que la Presidenta apoye el proyecto de la SEA, Sociedad de Escritoras y Escritores Argentinos, por el cual se otorgaría una pensión a escritores que en su vejez no tienen medios de subsistencia. En el proyecto se menciona el nombre de escritores de profundo talento que murieron en la extrema pobreza. Ante la actual inmoralidad de las jubilaciones de privilegio, nada más justo y ético que dar la mano a profundos pensadores y artífices de la poesía que desatendieron sus propias vidas para pensar en un mundo abierto con jardines en el cielo.

El cuarto pedido fue para los presos paraguayos. Son campesinos guaraníes que los argentinos tenemos presos desde hace más de dos años y medio en una cárcel común junto a los criminales de la desaparición de personas. Los tenemos presos a esos trabajadores de la tierra por “pedido de la Justicia paraguaya”. La Justicia de los Stroessner y los Duarte Frutos. Se los acusa de un crimen que no cometieron. Son auténticos campesinos que lucharon por su tierra y su gente. Actualmente llevan treinta días de huelga de hambre. El tema ha sido muy poco difundido y es casi desconocido en el ambiente político argentino. Las familias de esos campesinos –con numerosos hijos– padecen toda clase de privaciones.

Pero nadie se define. Todos se callan la boca. La huelga de hambre avanza en las últimas reservas de esos cuerpos color de la tierra. La Presidenta me señala que estudiará cada uno de los casos.

Salgo a la Plaza de Mayo. La palabra tiene que servir de algo, pienso. Me detengo ante la Pirámide y me viene, de pronto, la letra del Himno: “Ved en trono a la noble igualdad... Libertad, libertad, libertad”.

Los héroes de Mayo nos entregaron esa consigna. ¿Qué hemos hecho hasta ahora de estas tierras tan fructíferas y exuberantes? Me siento en un banco cercano. En mí entran las imágenes del domingo pasado en la Biblioteca Nacional. Los niños de la villa de emergencia de la Cárcova presentaron su libro Corcoveando, de cuentos y relatos, nada menos que en el gran salón Jorge Luis Borges. Sí, las fantasías de la realidad: los chicos de una villa miseria, en la Biblioteca Nacional, con sus maestras. Hablaron, hicieron teatro –dos de ellos se disfrazaron de Romeo y Julieta– y cuando terminó todo fueron agasajados en el restaurante de la bilioteca con sandwiches de miga y gaseosas. Para ellos fue tocar el cielo con las manos. Los sueños algunas veces también se cumplen.

La Plaza de Mayo ha quedado vacía, me levanto del asiento y canto otra vez: “Ved en trono a la noble igualdad... Libertad, libertad, libertad”.

Viene gente que me mira. Alguno se detiene. A lo mejor me acompaña y se siente como yo, en 1810.

 

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Jueves, 11 de Septiembre de 2008

EL PROYECTO DE LEY DE UNA PENSION DE ESCRITOR

Por una dignidad de la vejez

La iniciativa de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina (SEA), sobre un proyecto original de Elvio Vitali, reclama que los autores mayores tengan un ingreso vitalicio equivalente a unos 1250 pesos.

Osvaldo Bayer: iniciativa justa. /Imagen: Bernardino Avila

 Por Silvina Friera

La urgencia por aliviar el estado de indigencia en que viven muchos escritores no se corresponde con los tiempos sospechosamente lentos de la Legislatura porteña. Las comisiones de Presupuesto y Cultura prometieron tratar en los primeros días de septiembre el proyecto de ley de Pensión del Escritor, una iniciativa que la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina (SEA) adoptó como propia –aunque el proyecto lo presentó el recientemente fallecido Elvio Vitali– y que cuenta con el apoyo de más de 500 escritores de todo el país. Entre otros, Osvaldo Bayer, Juan Gelman, Diana Bellessi, Abelardo Castillo, Luisa Valenzuela, Antonio Dal Masetto, Noé Jitrik, Angélica Gorodischer, Ana María Shua, Guillermo Martínez, Tununa Mercado, Alberto Laiseca, Pacho O’Donnell, Juan Sasturain, Héctor Tizón y David Viñas. Pero de la promesa al hecho media un largo trecho. Y el peligro de que en febrero del próximo año el proyecto caduque. En caso de aprobarse la ley, los escritores porteños que tengan al menos cinco libros publicados y registrados, y no cuenten con una jubilación, podrán acceder a esta pensión vitalicia, equivalente a dos veces y media el monto de una jubilación mínima, es decir, unos 1250 pesos.

“La cultura es la columna vertebral de una sociedad y lo que permanece de ella son las obras, que definen sus características, su originalidad –se lee en los fundamentos del proyecto redactado por Vitali, presentado el año pasado–. El sello de sus creadores constituye la idiosincrasia de un pueblo. No hay futuro si se abandona a quienes abonan con su arte el destino común.” La pensión beneficiaría a unos 90 escritores porteños que se encuentran prácticamente en la indigencia y que desarrollaron una labor literaria a lo largo de su vida, pero no cuentan con ningún beneficio previsional. La iniciativa señala expresamente que la pensión “no podrá concederse cuando el escritor gozare de cualquier tipo de subsidio, premio literario o una jubilación, pensión graciable o retiro civil o militar, nacional, provincial o municipal equivalente a dos y media (2,5) jubilaciones mínimas”. Graciela Aráoz, presidenta de la SEA, cuenta en diálogo con PáginaI12 que se reunió con la diputada del Frente para la Victoria Inés Urdapilleta, presidenta de la Comisión de Cultura. “Creemos que la Legislatura tratará este proyecto antes de su vencimiento, y para el cual quedan apenas dos meses y unos días”, dice Aráoz, sin ocultar su preocupación por las demoras a esta altura inexplicables para aprobar una ley que cuenta con un amplio consenso entre los autores del país.

“No somos bohemios ni trasnochados escribiendo más allá de la miseria. Escribimos en esta realidad, en este país, y pensamos que la Pensión del Escritor, cuando sea aprobada, aliviará inmediatamente la situación de decenas de colegas que permanecen injustamente relegados, después de haber enriquecido con sus obras, a lo largo de muchos años, el acervo cultural de esta ciudad de Buenos Aires y el de toda la nación”, subraya Aráoz. “Príncipes y mendigos al mismo tiempo, los artistas en general, y particularmente los escritores, rara vez logran vivir de su trabajo”, plantea la poeta Diana Bellessi. “Son tomados en consideración cada vez que los espacios mediáticos y el poder los necesita, cada vez que llega el momento de representar la cultura nacional, pero nunca son considerados trabajadores, o tal vez sí, en su expoliación y en su constante condición de desocupados”, advierte la poeta. “Es de esperar que este proyecto llevado adelante por la SEA se convierta en la punta de lanza de un proceso de conciencia en la sociedad argentina, y también en el seno de la comunidad de escritores y de artistas de todo el país. Este es un gesto gremial, y como tal debemos apoyarlo, no se solicita una actitud de beneficencia al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, se exige un derecho básico, apenas el primero de una larga lista por la que habrá que movilizarse a lo largo y a lo ancho del país. Por la dignidad de los viejos y de los jóvenes, por la defensa de un trabajo independiente y libertario que no negocia ni se casa con nadie.” Mario Goloboff señala que los escritores son quienes construyen un país ideal “sin el cual el real simplemente no existiría”. “Si se considera bien lo que han dado y hecho por nuestro país, desde Mariano Moreno y Domingo Faustino Sarmiento hasta Julio Cortázar y Haroldo Conti, pasando por Roberto Arlt, por Macedonio Fernández, por Leopoldo Marechal, por Raúl González Tuñón, por Alejandra Pizarnik y por tantos otros tan altos, y que muchos de ellos sólo recibieron indiferencia, migajas, hambre o palos, una pensión debiera ser, más que un derecho que con todo derecho se reclama, un deber que finalmente cumple la sociedad para con sus escritores”.

Bayer se reunió el martes con la presidenta Cristina Fernández para hablar de la situación de los pueblos originarios y de la Pensión del Escritor. “Me prestó mucha atención y me prometió estudiar a fondo este tema y cambió palabras con el secretario general de la Presidencia, (Oscar) Parrilli, para profundizar las actuaciones futuras”, revela el escritor y columnista de PáginaI12. “Ojalá que se haga justicia. Yo viví, cuando niño, la realidad de un poeta pobre, un escritor alemán, anarquista, que había emigrado de Alemania por el nazismo. Se sostenía en su extrema pobreza haciendo trabajos de todo tipo. Yo lo vi muerto y retengo esa imagen –recuerda Bayer–. Nosotros tenemos escritores que soñaron poesía y literatura y de pronto, ya viejos, vieron que su mano estaba vacía. Cuando uno está ante la evidencia de tantas jubilaciones de privilegio, no puede menos que indignarse ante el hecho de que los escritores todavía no tengan una defensa para sobrevivir los duros años de la vejez.”

 

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Escrito por Carmiña Candido Daverio
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