Interfecta
Esa soy yo
Rogándole a mi alma que abandone su envoltura
Una catedral de vida hecha hielo
Se derrama la nostalgia a través de mis manos vacías
Manos
Donde las palabras no logran asirse
Y los sentidos dormitan desprendidos de su ser en el tiempo
Mis huesos,
son las espadas con las que me defiendo de ese bicho llamado orgullo
Regreso y sé que no vuelvo
Me alejo
Y esas migajas sobre las sábanas refleja mi espejo
Transpiran los últimos deseos
¡Oh ¡ venerado collar
por fin te veo en mi cuello
borrando de mi los pecados
La Condesa de P de Monte
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Te Vi
Te vi,
Y reconocí tu ser transitorio
En medio de un jardín invernal
Haciendo lo posible por alojar en mi esqueleto, tus ultimas dagas verbales
Muy quieto
Tu corazón expuesto
Ahogo su león fiero con el rocío humano
Se precipitaba la nieve
El viento recogía tu sombra
Te vi
Un ser negro
Imbuido en una lluvia de pétalos blancos
Incinerando las buenas intenciones con el exotismo de tu hoguera personal
Afinada para calcinar la oración
En cuanto su verso te roce
Te vi
Y ahora allí residías, tras el mármol
Amoblando los vacíos con memorias nebulosas
Ser de estío y sentimiento glacial
Ya no serás mas un fruto capsular
Serás parte de la parafernalia infernal
Maritza Luza Castillo
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Revancha Crepuscular
Esta tarde engaño a esos campos de soledades
Esquivo su rostro de mi mirada
Y mi audición de su vocación
Ya no quiero ver ese semblante oculto tras el espejo
hurgando en mis ojos anhelantes
Como el que se burla de lejos
Me azota sinuante
Con el sarcasmo de un amante
No se ha dado cuenta, el marchante
Que ayer le dije sí a la muerte
Aquí no habrá cuerpo inerte
Porque la tengo desmayada
No creo que se sienta que la usan
Si su pecho empleo para atraerte
Tus bien usadas mañas
No serán pretexto para quererte
Mañana con ganas
Me inclinaré al verte
“La Condesa de P de Monte”
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Alborada
Curiosamente,
Los cestos estaban colmados
Los pájaros miraban caer la lluvia
Renovando su promesa con el tiempo
Venían del sur
Trayendo su provisión en el pico
Era un concierto de alas
Sincronizados a la provisión de un canto
Los orfeones vuelven a enhebrarse
Engarzados en las orillas de un río
Vuela su silueta
No muy lejos del vacío
Una cinta de plata
Dos colas que se atan
Abandonando las viejas cordilleras
Por una esperanza duradera
“La Condesa de P de Monte”