Juan Telmo Zarate (cruzagramas de la primera hora): premio publicaci
Enviado por: "Sebastian Barrasa"
Vie, 28 de Dic, 2007 3:50 pm
Queridos cruzagramas:
me honra felicitar en voz alta a nuestro querido cruzagramas de la primera hora Don Juan Telmo Zarate (mejor conocido con Juan "Travolta" Zarate, por sus pasos de Rock & Roll).
La felicitación se debe a que ha sido galardonado con el premio publicación en la antología "Mujeres con hormonas" organizada por la editorial Alfaguara junto al laboratorio Bayer & Schuering Plough.
La temática del certamen: escribir sobre mujeres que sobresalieron en su barrio, su país o culquier lugar conocido por el autor.
Participaron más de 250 escritores de todo el mundo u Juan (nuestro querido Juan) fue uno de los 15 seleccionados para la antología.
Para los que no lo conocen, les cuento que Juan fue uno de los primeros alumnos de los talleres de CRUZAGRAMAS (grupo 3) y luego continuó durante dos años.
Participó en las dos primeras degustaciones literarias. Actualmente está haciendo un curso de "historia del arte" y sigue vinculado al grupo cruzagramas, y, si le insistimos un poco, en algún momento armará su blog.
Tiene apenas un poquito más de 70 añitos (no te preocupes Juan que las chicas no están leyendo...) y en le saca astillas la pista de baile.
Asi que, muchachos y muchachas, a participar!!!
Una buena noticia más, para la familia cruzagramística.
ahí va el texto.
Para insistencias y felicitaciones, pueden contactarlo en:
juantelmozarate@hotmail.com
Cazadora de vidas
“No hemos aprendido nada”
Pablo Picasso
El paisaje es invernal y el mar no está lejos. El cielo; el más negro que nadie haya podido imaginar. Jamás el ojo humano vio tantas estrellas, y la entrada al taller, quizás algo rústica, muestra un resplandor.
Adentro, una mujer, no un hombre —como siempre se dijo— contempla las paredes sentada en el suelo, abrazando sus piernas, y con el mentón apoyado sobre las rodillas.
La oscuridad es su compañía. Cuida el fuego, porque es todo un trabajo el encenderlo nuevamente en este espacio, donde los leños, el carbón y todo aquello que sea combustible posee el tacto blando y frío de lo húmedo.
Serán las horas diurnas las que dedicará al hogar y a la despensa.
Un frío constante la obliga a arroparse. Siente su cuerpo desnudo y libre sobre la alfombra de pieles y debajo de sus holgados ropajes, también de pieles, los que cuando se sienta la cubren completamente. Está sola, pero siempre la acompañan sus utensilios.
Tiene carbón en sus manos y, al deslizarlas sobre la roca, observa trazos. Bosqueja algo sobre el piso con un tizón. Ya pensará un lugar donde su pisotear atareado no lo borre.
Ve sombras agitarse sobre las paredes y el techo. Le muestran ¾como cuando contempla las nubes¾ montañas, rostros, árboles y animales.
No pertenecerá al Renacimiento, ni a los impresionistas, tampoco al surrealismo. Posiblemente hubiera tomado partido por los creadores del action painting de carácter gestual. Nada de eso; ella es realista, pisa la tierra, la luna y sus fases la han hecho carnal.
Súbitamente es poseída con violencia. En pleno éxtasis intenta tallas a falta de la perspectiva, y bosqueja en las paredes y en el techo. Dibuja trazos que reproducen la vida de los venados salvajes.
Descansa, y en su soñera la atormenta la falta de color. Posee sólo el rojo y el negro, el muro es ocre, tres pigmentos minerales que machaca, pulveriza, mezcla y dispersa en líquidos espesos, orgánicos. Ya posee varios grises, cierta gama de rojos, los marrones y las tierras. Prepara la pared, y se da a su enajenada tarea. Comienza a crear un mundo de libertad que pertenece a la vida que fluye allí fuera. Ve moverse a sus figuras entre las sombras danzantes. Continúa. Intenta otros trazos, palpa, amasa y empasta la pintura contra los muros, da un paso atrás, se da a esa enajenación.
Agotada se acuesta. Siempre junto al fuego, ve moverse los animales en el techo, menearse al ritmo de los claroscuros que produce la fogata.
Con el mentón sobre sus rodillas, con sus manos ardientes, casi laceradas de sobar sus pinturas sobre la superficie áspera; contempla con satisfacción, su mural.
Cuando salga el sol remendará ropajes, acomodará sus utensilios: rascadores, gubias, cuchillos; todos hechos por ella. En un huequito del piso mantiene ordenadas sus agujas de hueso finamente talladas y los delgados tientos.
Oye la vida que se despliega fuera de la cueva, el griterío de los niños que juegan. Los hombres con sus lanzas se preparan para su única tarea, la ruda caza que proveerá el sustento.
Vuelve a la cueva y fija su mirada sobre el mural, esta noche serán bisontes y ciervos. Mientras juega distraídamente con su collar de huesos y nácar, siente que seguirá cazando vidas.