PALABRAS DE LA PRESENTACIÓN DE LA NOVELA ZWERG, DE LONG-OHNI, REALIZADA EN LA S.A.D.E. EL 28/07/2006 A CARGO DE LA PROF. NORMA PÉREZ MARTIN
Long-Ohni, aquella personita que conocí en la U.B.A. siendo estudiante cuando yo ejercía la cátedra en la Facultad de Filosofía y Letras es hoy una poeta lúcida, originalísima narradora, intuitiva intérprete de las artes y ágil traductora.
Hoy nos ofrece este pequeño libro, tan pequeño como un duende y tan grande y tan profundo como Zwerg. En efecto, si observamos esta obra, como objeto para bibliófilos, resultará una joya. Ya entraremos luego en el contenido de la misma. Ahora, fijemos la mirada en las sugerentes y luminosas ilustraciones de Andrea Bianco, en la cuidadosa diagramación y en el complemento de las sabias palabras que Fernando Sánchez Zinny ha escrito en la contratapa y ya con ello atisbaremos que este libro constituye un goce estético particular.
No es un cuento. No es un poema. Y, sin embargo, es un excelente poema cuyo hilo narrativo atraviesa los caminos del corazón.
Valga la paradoja (palabra que haría reír a Zwerg), ¿qué decir acerca del lector ante estas páginas tan cuidadosamente elaboradas?. Long-Ohni ha compuesto un texto con tanta riqueza y hondura que el receptor concluirá el relato con asombro, con ternura y, así esperamos, habrá descubierto una vez más aquello que nos dijera Saint Exupery: “lo esencial es invisible a los ojos”.
Los elementos que Long-Ohni ha implementado suscitan emoción y quiebran la rígida racionalidad a partir de esencialidades desplegadas con gran acierto expresivo. No se trata aquí de la anécdota en sí misma. La intensidad del relato logra un crescendo apasionante, pues página tras página se descorren velos y se iluminan espacios anímicos. Se trata, pues, de un aprendizaje existencial.
Las imágenes apuntan a “ese destino maravilloso” que muchos racionalistas podrían calificar de locura.
“Jugar en serio”: Zwerg “sabe jugar de veras”. No es casual que este duendecillo asocie el juego con la alegría, “con un montón de imaginación y un suficiente toque de curiosidad”, como leemos en la página 9.
Lo racional se quiebra en esta obra donde se impone lo fantástico: los juegos entre lo visible y lo invisible. En suma, este libro se nutre escandalizando a la razón.
Lo poético, lo pictórico, lo musical (desde ese rítmico equilibrio discursivo con ágiles diálogos cruzados con “la lengua duendil”, tan exquisita) confluyen tan armoniosamente que dejan prendado al lector.
Los idiomas que maneja Zwerg abren caminos universales infinitos. Las imágenes se suceden como auténticas creaciones del espíritu. Como dijera Pierre Reverdy: “Mientras más lejanas y justas sean las relaciones de las realidades aproximadas, la imagen será más fuerte: tendrá mayor potencia emotiva y mayor realidad poética”. Y esto es lo que sucede con Zwerg.
Lo visual presenta detalles sugeridores. Cada elemento subraya (explícita o implícitamente) tamaños y distancias. El duende, con su pequeño tamaño y deliciosa apariencia, se impone con dimensión simbólica, con la grandeza que emana de sus saberes profundos. Y se nos advierte: “Los que han perdido sus ojos de niño, su corazón de niño” no pueden ver al duende.
Descripciones frescas, sembradas con metáforas cautivantes, circulan por el texto, donde los diminutivos iluminan afectuosamente el discurso. El juego de palabras con que, por momentos, irrumpe el duende, salpica el texto con inocente humor. En la página 35 leemos: “ -¿Una dormilina? – le pregunté riendo. Pero, ¿ de dónde has sacado semejante palabreja?. – Bueno, dijo Zwerg acariciándose la barba, los duendes usamos un lenguaje que ustedes desconocen y que a nosotros nos viene de perlimpintas. ¿O acaso te sonaría lógico que un ser de mi tamaño se echara una dormilona?”.
De la misma forma, en el diálogo que aparece en la página 37, el duende explica el término “matrucarnos”, perteneciente al idioma duendil, para explicitar que los duendes no tienen sexo.
Insisto en estas ejemplificaciones para destacar los singulares cruzamientos lingüísticos que pueblan el texto y que Long-Ohni ha logrado introducir en esta obra dinámica y original, a pesar de su aparente (sólo aparente) sencillez compositiva.
En las páginas finales asoma el duende con su “rostro severo”, inundado con “una seriedad particular”. Entonces el Epílogo nos introduce en el tema de la muerte. A ésta, sin embargo, no se la presenta trágicamente. Por el contrario, el libro se cierra con un mensaje cálido que nos compromete a todos. Mejor dicho, el libro aquí, se abre. Como lo expresa con acierto Fernando Sánchez Zinny: “Cabe entender en este relato un apólogo muy profundo y muy apremiante, sobre la índole de la vida, un signo acaso demasiado claro acerca de cuánto cuesta mirar al mundo con ojos limpios y ánimo sereno”.
Ojalá, pues, todos conservemos este libro en el corazón y lo disfruten los hijos y los nietos y los que vendrán mas luego todavía, para no dejar morir al duende, ese duende que sólo podrá salvarse si encuentra un amigo entre los hombres.
Prof. Norma Pérez Martín
NORMA PEREZ MARTIN:
Escritora argentina, nacida en Buenos Aires. Profesora y Licenciada en Letras
por la Universidad de Buenos Aires.
Poeta, narradora, ensayista e investigadora, con trabajos sobre Leopoldo Marechal y Augusto Roa Bastos.
Estudios académicos publicados en el país y en el extranjero; artículos y
conferencias editadas por Universidades de Argentina, Brasil, Guatemala,
Costa Rica y EE UU.
Ha publicado dieciséis libros de poesía, cuento, ensayo y novela, incluyendo
”Los náufragos”, “La culpa y otras humillaciones”, “Detrás de la sortija”, “Animal desterrado”, “El diluvio y las máscaras” (poesía); “Peregrinos de la luz” y “La tercera ciudad” (novelas) y “La búsqueda” (cuentos).
Sus ensayos “Testimonios autobiográficos de Horacio Quiroga (Cartas y Diario
de viaje)”, 1997 y “Escrito en América (Estudio sobre creadores
latinoamericanos contemporáneos)”, 1998, que ha recibido el Premio Ensayo Ricardo Rojas, otorgado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, han sido editados por Corregidor.
Sus poemas y cuentos han sido incluidos en diez antologías nacionales y
extranjeras, con traducciones al portugués e italiano. Una antología poética titulada “Poesía” (Ed. Vinciguerra, 2004) reúne una selección de su obra poética gestada y editada entre 1965 y 2003.
Colaboradora en los Suplementos Culturales de los diarios La Nación y La Prensa así como de las siguientes revistas: Revista de la Universidad de Buenos Aires, Revista de la Universidad del Litoral, Megafón, Letras de Buenos Aires, Encontro (Recife, Brasil), Calibán (Río de Janeiro, Brasil) y Alba de América (USA), entre otras.
Ha obtenido diversos premios por su obra, en Argentina y en el exterior. La
Universidad de Buenos Aires le otorgó el Premio a la Investigación
Científica y Tecnológica (Facultad de Filosofía y Letras) y ha sido becada
por el Instituto Iberoamericano en Madrid.
Actualmente es Directora de la Revista Internacional Francachela de Arte y
Literatura que se edita en Buenos Aires, Argentina, con llegada a 36 países del mundo.
CONTRATAPA A CARGO DE FERNANDO SANCHEZ ZINNY
Zwerg lo pide todo y al mismo tiempo es avaro de sí; no ofrece nada sino dejarse ver, cada tanto, cuando se le ocurra, cuando esté en su ánimo conectarse con nosotros, que somos los otros. Cabe entender en ese relato un apólogo muy profundo y muy apremiante sobre la índole de la vida, un signo acaso demasiado claro acerca de cuánto cuesta mirar al mundo con ojos limpios y ánimo sereno... Con el añadido de que no sabemos ni sabremos nunca quién es Zwerg; acaso seas tú, acaso sea yo. Tal vez sea quien no eres, o tal vez sea quien no soy. Tal vez sea aquel que esperamos ser cuando todo se haya cumplido y las explicaciones sobren.
Si tal improbable azar llega a ser verdad y podemos mirarnos a nosotros con ojos limpios, el duende seguramente optaría por desaparecer, quizá triste por carecer ya de objetivo su existencia o quizá contento de que podamos ser sin su ayuda. No sería ya necesario verlo, juguetear con él, evitar pisarlo, para sentirnos y palpar nuestra densidad, nuestra posible realidad. Zwerg habría dejado, entonces, de ser una señal del mundo hermoso y verdadero para aquellos que, de tanto frecuentar su trato, tendrían ese mundo como cosa propia.
Fernando Sánchez Zinny