Alejandro Drewes
Asunto: [azulypalabras] Viola Fischerová
Despedida en el tiempo
Libros Por Jaime Siles.
Antología Poética.Viola Fischerová.Traducción de Elena Buixaderas.Bassarai. Vitoria-Gasteiz, 2007.141 páginas, 13 EUROS
03 de noviembre de 2007 - número: 822 ABC D
Gracias al denodado esfuerzo de Clara Janés conocemos de la poesía checa moderna algunos de sus mejores palacios y edificios, pero son muchos los que todavía nos quedan por visitar. En mi libro Poesía y traducción intenté ofrecer un resumido panorama de la generación formada por Nezval, Seifert, Halas, Holan y Orten. Intuí que había allí una mina, y esta traducción de Viola Fischerová viene a confirmar el pleno estado de salud que -desaparecido el totalitarismo y el terror soviéticos, que la estrangulaban- goza hoy la poesía checa.
Obra prohibida. El caso de Viola Fischerová -nacida en Brno en 1935- no puede ser más paradigmático: casada con el escritor Karel Michal -pseudónimo de Pavel Buksa-, se vio obligada a huir a Suiza en 1968, a raíz de los sucesos de la llamada «primavera de Praga»; estudió allí Historia y Filología alemana y, en 1984, al suicidarse su marido, fijó su residencia en Múnich; y, desde su regreso, en 1994, a Praga, no ha dejado de publicar. Su silencio anterior fue tan largo como su exilio.
Conviene, pues, meditar sobre este hecho. Alberti y Cernuda maduraron en sus destierros respectivos; Viola Fischerová, aunque de un modo muy distinto, también. Dada a conocer con su libro La caída, publicado en 1957, su obra posterior fue prohibida y, en el exilio, su voz, más que interrumpirse, se ahormó. La voluntaria muerte de su marido actuó como estímulo desencadenante de esta autora que -como Rimbaud y Antonio Machado- cree en la absoluta heterogeneidad del ser y del yo.
La heterogeneidad de la Fischerová es de índole amorosa, y su mundo está tan en la línea del de Propercio como en la estela del de Silvia Plath, aunque su tendencia al análisis y su capacidad de reflexión la acercan a la polaca Wislava Szymborska. Como en los poetas de la Antigüedad estudiados por Herrlinger, hay en su escritura homenajes a perros y a gatos, y toda su obra está recorrida por un profundo horacianismo, patente tanto en la presencia de un tópos estudiado por G. E. Duckworth, como en su lírico tratamiento del tiempo y el juego de aceleración y de morosidad.
«Pietas». Viola Fischerová es una autora clásica por los temas que trata, la forma en que los expone y el tono que les da. Abunda en ella el sentimiento y expresión de esa ternura que los latinos denominaban pietas y que, en la poesía moderna, sólo Montale ha sabido recuperar. Pero lo que mejor define este sector reciente de su obra -que es el que ahora se traduce y cuyo corpus procede de los libros publicados entre 1995 y 2004- es su tematización de la vejez.
El poeta Leopoldo de Luis odiaba la palabra senectud, que Mimnermo, en el siglo VII a. C., definía como «un horror más duro que la muerte»; Viola Fischerová la acepta: muchos de sus personajes son ancianas que ella -desde dentro o desde fuera- intenta describir no sólo en su fisicidad sino también en la forma que ahora adopta su deseo; del futuro le «da frío sólo lo que fue»; sabe que «los senderos ya no llevan a ninguna parte / y los días caen bruscamente / de rodillas / ante el muro al fondo del jardín / donde al anochecer la palabra misericordiosa devuelve / el brillo caliente y seco / de la niñez que maldijo / y de la madurez / que no imaginaba». Todo es un azoriniano ver volver. De ahí su sintaxis rápida y sin interrupción, que hace del poema un eje de simultaneidades en el que el tiempo es el continuo de su mismo contraste y «la luz / que llega / es la misma / que la que se va».
A veces recuerda situaciones de Larkin, porque extrae de la misma materia que éste la emoción, pero su poesía se mueve en el espacio que hay entre el «Amor más allá de la muerte» de Quevedo y «Despedida en el tiempo» de Manuel Álvarez Ortega. Viola Fischerová -excelentemente vertida por Elena Buixaderas- es para mí un hallazgo y un muy grato descubrimiento.