POEMANÍA
la manía del poema…
Hoja literaria de aparición virtual
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DOSSIER:
“¿Sirve la poesía en el tercer milenio?”
OPINA:
Carlos Barbarito (*)
¿Qué sobrevivirá?
Nunca me pregunté acerca de la utilidad o no de lo que escribo y de la poesía en general. Simplemente escribo y cuando digo escribo me refiero a un proceso que me involucra por entero y no a un mero acto exterior a mí. Jamás logré narrar -imposibilidad tal vez, negación del poeta quizás- y en las contadas ocasiones en que lo intenté fracasé: de inmediato la hipotética narración se transformó en prosa poética. De Aldo Pellegrini aprendí que el poeta es siempre desconocido -¿hubo, entonces, un tiempo propicio para la poesía?- y que si se vuelve notorio es por azar o un malentendido; de mi experiencia personal, que los poetas somos seres invisibles, o casi, y aquí no hablo de los transparentes imaginados por Breton sino de algo más pedrestre: escasas revistas de poesía, nulos espacios en los medios, imposibilidad de acceso a las editoriales. Dos aspectos, en suma, de un mismo fenómeno. En alguna editorial importante, un cartel: No se leen manuscritos de poesía. Aquí y ahora queda la obtención de algún premio, por lo general en el exterior, o la autoedición -el autor paga su propio libro a un sello que, muchas veces, distribuye mal o directamente no distribuye-. En mi caso personal, mis últimos tres libros de poemas fueron publicados en el País Vasco, en Costa Rica y en Luxemburgo; el próximo está en vías de editarse en las Islas Canarias en 2008. Por más que tenga en editar en mi país, delante de mis ojos -y los ojos de tantos poetas- sólo puertas cerradas y gestos adustos. La poesía no se vende porque la poesía no se vende -dice Guillermo Boido. Y como no se vende, hablo de uno de los sentidos, el meramente comercial, cualquier editorial se dedica a producir novelas históricas y libros de autoayuda, que venden. A esto hay que sumar un aspecto que me inquieta aún más: el profundo desconocimiento de críticos y público en general de la poesía escrita a partir de mediados de los 70 hasta, digamos, mediados de los 90. Es como si en esas dos décadas no hubiese habido poetas ni libros de poesía. Así, se cita a Gelman y Pizarnik -casi nunca a Bustos, por ejemplo-, luego a Juana Bignozzi, Arturo Carrera, Perlongher y Diana Bellessi, y alguno más. El amplio espectro de la poesía escrita y publicada durante años es casi desconocido y no me parece algo casual, las razones son diversas y complejas y no se limitan a la literatura. No hace mucho conversé con un joven crítico que escribe en un diario importante de Buenos Aires, me asombró su ignorancia: para él sólo había unos pocos nombres -los ya citados- y agregaba algunos de sus amigos. Sé que un poeta de mi generación proyecta escribir un libro que intente llenar el vacío, tarea nada fácil por cierto. A la indiferencia proverbial ante los poetas y la poesía, entonces, hay que sumarle la de algunos poetas que se proponen erigirse en únicos referentes expulsando a los demás. Para ello cuentan con aliados en medios y facultades. Los mismos que, en sus comienzos, se quejaban amargamente de los consagrados que bloqueaban el camino, una vez abierta la ruta se dedicaron a cerrar el paso a sus propios colegas. Ignorancia o propósito deliberado, el resultado es el mismo. El panorama es triste. Las posibilidades, ínfimas. Hay quienes prosiguen. Hay quienes ya no, por hartazgo, por cansancio, por desesperación. El tiempo -como el fuego heraclitiano- avanzará y lo juzgará todo en su debido momento. ¿Qué sobrevivirá? ¿Habrá servido para algo tanta maniobra? Y aunque sea yo un individuo escéptico, pienso que finalmente quedará lo auténtico, lo que es capaz de existir por si mismo, sin el auxilio de lo que ahora parece ser imprescindible: la traición, el escándalo, lo banal, la vileza.
(*) Nació en Pergamino (provincia de Buenos Aires) Argentina, el 6 de febrero de 1955. Su obra comprende libros de poesía y de crítica de artes plásticas. En el primero de los géneros citados, publicó: “Poesía quebrada”; “Teatro de lirios”; “Éxodos y trenes”; “Páginas del poeta flaco”; “Caballos y otros poemas”; “Parte de entrañas”; “Bestiario de amor”; “Viga bajo el agua”; “Meninas/Desnudo y la máscara”; “El peso de los días”; “La luz y alguna cosa”; “Desnuda materia”, “La orilla desierta”; “Piedra encerrada en piedra y Figuras de ojo y sombras”. En crítica de artes plásticas editó: Acerca de las vanguardias, en Arte argentino siglo XX, y Roberto Aizenberg. Diálogos con Carlos Barbarito. Son varias las antologías que recogen su obra poética. Recibió numerosas distinciones por su labor literaria. Figura en el Diccionario de autores argentinos y en el Inventario Relacional de la Poesía en Lengua Española, editado en CD. Sus artículos, ensayos y demás textos fueron publicados en diarios, revistas y páginas de Internet del país y el exterior. Sus textos sobre arte y literatura y su obra poética están traducidos, en parte, al inglés, al francés, al portugués y al holandés. Es miembro del Consejo Editorial de la revista Matérika de San José de Costa Rica e integra el staff de Los noveles y Ars Creatio. En la actualidad reside en la localidad bonaerense de Muñiz.
POEMANIA / DOSSIER
1/ ¿Por qué escribir poesía en el siglo XXI? por Luis Benítez
2/ ¿Qué sobrevivirá? por Carlos Barbarito
POEMANIA
…la manía del poema
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