Alejandro Drewes
Poemas de Odiseas Elitis
Tiempos Serenos
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Un nombre fresco cual si en el mar hubiese crecido
o hubiera vivido con una azulada primavera en el pecho
trae al mundo cerca. Y es el día
en cuyo interior ha comenzado el íntimo
Orto que olvidó las lágrimas,
mostrando en los espacios de los ojos
terrenales fragmentos de felicidad.
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Salmo primero
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Heme aquí pues,
el creado para las niñas y las islas del Egeo;
el amante de los saltos de las corzas
y sacerdote de las hojas del olivo;
el bebedor de sol y cazador de saltamontes.
Heme aquí justo al frente
del traje negro de los decididos
y del vientre vacío de los años, que abortó a sus hijos,
del grito del celo.
Una brisa disuelve los elementos y un trueno golpea las montañas,
¡suerte de los inocentes, de nuevo sola, hete aquí, en los Estrechos!
En los Estrechos mis manos vacié
y otras riquezas no vi, y otras riquezas no oí,
sino fuentes frías que manan
granadas o Céfiros o besos.
"Cada uno y su arma", dije:
en los Estrechos mis granadas abriré.
En los Estrechos, guardianes a los Céfiros pondré.
¡Liberaré los viejos besos que mi anhelo ha consagrado!
Una brisa disuelve los elementos y un relámpago golpea las montañas.
¡Suerte de los inocentes, eres mi propia suerte!
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Oda a Santorini
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Isla volcánica del archipiélago de Las Cícladas
(Fragmento)
Brotaste de las entrañas de un trueno,
estremeciéndote en las nubes contritas,
roca amarga, sufrida, orgullosa,
buscaste el sol como primer testigo
para enfrentaros juntos al temerario fulgor
para desplegaros en el piélago como un eco.
Despertada por el mar, altiva,
erguiste un pecho de roca,
salpicada por la inspiración del viento sudeste,
para que allí grabara sus entrañas la esperanza,
para que allí esculpiera sus entrañas el dolor.
Con fuego, con lava, con humo,
con palabras que predican el infinito,
diste a luz la voz del día.
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Del Egeo
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El amor,
El archipiélago
y la proa de sus espumas
y las gaviotas de sus sueños.
En su más alto mástil el marinero mece al viento
Un canto.
El amor,
su canto
y los horizontes de su viaje
y el eco de su nostalgia.
En su roca más empinada la prometida espera
un barco.
El amor,
su barco
y la indolencia de sus mistrales
y la borla de su esperanza.
En su más leve ondulación una isla mece
La llegada.