LEGADO
pero qué hay, Señor, de las horas como nubes
que tan alto nos pasan. Del anillo en su leve
fulgor que se hunde veloz como evaporada
lágrima en los graves eriales de toda memoria,
y qué dirán los labios entonces, cuando
se haya vuelto el mundo una sola gasa
de humoso verdor transparente, qué diremos
de aquel tiempo. Ya ves otra sombra en la ceniza
de la llama en que tiemblas y sientes el cuerpo
como huyente danza de hojas detrás de la luz,
paridas palabras que no salvan. Mas deja caer
apenas tu frente en la piedra y reza, duramente reza,
al Dios de los turbios siglos por venir, a sus legiones
reza bajo la hosca tormenta inminente. Azul de plomo
tu morada en el espejo eterno del mar. Carne o fruto
fugaz de los días, dime tan sólo qué hay detrás de las nubes.
Jens