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Isla Negra / 108

Archivado en Revistas literarias • Fecha: 18-07-2007 10:57:30

Isla Negra 108- julio 15. 07

César Vallejo- Perú- ágape
Elsa Fenoglio- Haedo, Argentina- La Hechicera
Francisco Carvalho- Brasil- Herói
Graciela Wencelblat- Argentina- Nada de mí
Marilda Confortin- Brasil- Luar
Jorge Leonidas Escudero- Argentina- 32
Jaime Sabines- México- Yo no lo sé de cierto...
Beatriz Vallejos- Santa Fe, Argentina, 1922- Quise bordar
Antonio Esteban Agüero- San Luis, Argentina- Capitán de pájaros
Susana Cordisco- Argentina- No estás solo
Galel Cárdenas- Honduras- Mercaderes de cuchillos rápidos y bolingos
María Sanz- España- Lance sonoro
Álvaro Mutis- Bogotá, Colombia,1923- Señal
Pablo Armando Fernández- Cuba, 1930- Cuando anochece
Ana María Manceda- Argentina- El aleteo de la mariposa
Aleilton Fonseca- Brasil- Notícia
Alfredo Villanueva Collado- Puerto Rico- María Ester Robles Canta Danzas
Álvaro Tato- España- El ama
Jesús Enrique Barrios- Venezuela- Actitud
Carlos Aiub- Cnel Dorrego, Argentina- poema doce
Claudio Simiz- Argentina- Barrilete de cartón
Alberto da Costa e Silva- San Pablo, Brasil- A Ricardo Reis no mar de Galilea
Humberto Lobbosco- Argentina- Los ocasos que llegan desde Atenas
Eduardo D'Anna- Rosario, Argentina- Puerto
Esteban Moore- Argentina- Esa gota
Virgilio Primitivo- Santa Fe, Argentina- Matías
Noé Lima- El Salvador- El poeta finge su muerte ante el tiempo
Luis Borja- El Salvador- Monólogo de Cho-Seung-Hui
Neuza Ladeira- Brasil- Para onde o vento me leva
Santiago Bao- Argentina- Enfrentamientos
Juan Carlos Galván Vela- Pueblo Nuevo, México- Tu cuerpo adormecido
Josefina Pla- Paraguay- Imposible
Manoel de Barros- Brasil- seis ou treze coisas que aprendi sozinho 11
Rolando Gabrielli- Chile- Carta a un púgil
Lina Soler I Quilis- España- Primer ensayo sobre Literatura Potencial
Armando Tejada Gómez – Argentina- El libro del viento
Fabricio Estrada- Honduras- Plegaria vacuna
Andrea Vinci- Argentina (reside en Málaga)- Ciudad madre
Alejandro Faus Avella- Vilanova i la Gletrú – España- Bajo la piel verde
Amparo Osorio - Bogotá, Colombia- Resurrección
Pablo Mora- Venezuela- Credo
Silvia Favaretto- Venezia, Italia-- Refrán del asustado
Rómulo Pardo- México- Noche de muertos
Carlos Calero- Costa Rica- La esquina
Alejandra Correa- Argentina- Poema XII
César Dávila Andrade- Cuenca, Ecuador 1919- La pequeña oración
Julio Huasi- Argentina, 1935- 1987- poetumbre
Guillermo Coulter- Argentina- La alevosía de los contornos
Miguel Ferreira- Argentina- Hoy
Sergio Infante - Santiago de Chile, 1947- Dédalo
Julio Pavanetti- Uruguay- Legado
Hamlet Lima Quintana- Morón, Argentina- Hay que llegar a la cima...
Floriano Martins- Brasil- Infinito em silencio

con un fuerte abrazo
afectuosamente
gabriel

Isla Negra 3/108
Casa de poesía y literaturas
Julio 2007-
suscripción gratuita. Lanusei,Italia. Dirección: Gabriel Impaglione.
Publicación inscripta en el Directorio Mundial de Revistas Literarias UNESCO
revistaislanegra@yahoo.es - http://isla_negra.zoomblog.com

César Vallejo
Santiago de Chuco, Perú, 1892- 1938
ágape

Hoy no ha venido nadie a preguntar;
ni me han pedido en esta tarde nada.

No he visto ni una flor de cementerio
en tan alegre procesión de luces.
Perdóname, Señor: qué poco he muerto!

En esta tarde todos, todos pasan
sin preguntarme ni pedirme nada.

Y no sé qué se olvidan y se queda
mal en mis manos, como cosa ajena.

He salido a la puerta,
y me da ganas de gritar a todos:
Si echan de menos algo, aquí se queda!

Porque en todas las tardes de esta vida,
yo no sé con qué puertas dan a un rostro,
y algo ajeno se toma el alma mía.

Hoy no ha venido nadie;
y hoy he muerto qué poco en esta tarde!


Elsa Fenoglio
Haedo, Argentina
La Hechicera

En trance de arrebatos
una fuga de lágrimas
sella
marismas que precipitan.
La hechicera
abre sus nalgas
para atrapar el conjuro.
con voz de noche
nombra la ruptura
entre el oráculo
y la tormenta
y se convierte en medusa.
La hechicera
abandona el talismán
obrador de analogías.
Y en el escape final
ella, la hechicera,
transforma su desmesura
en austero resplandor
hasta encontrar la sustancia.


Francisco Carvalho
Brasil
Herói

Herói não é o que vai irrigar as lavouras
da morte nos campos de batalha.
Não é o que volta das trincheiras minadas
de explosivos com medalhas no peito
mutilações no corpo e na alma.

Herói não semeia tulipas de sangue
ramalhetes de napalm e rosas de átomo.
— Não é o aventureiro que fez xixi na lua.

— Herói é o que vai todas as tardes à padaria
mais próxima buscar o pão ainda morno
para testemunhar o mistério da vida.

Envio Carlos Machado, Poesia.net


Graciela Wencelblat
Buenos Aires, Argentina
Nada de mí

Decidí no preguntarme
dejar las puertas
tapadas con rizos
o cubiertas de infinitos

dispuse las cajas en rincones
con interrogantes al revés
con deseos de quedar vacía
desnuda con galera y bastón

pasar de largo milongueando
que ningún cazador alcance
nada de mí

que el cansancio el hastío
quiebren la imposibilidad del poema
esta turbación que llora
delirio que impide respirar.



Marilda Confortin
Brasil
Luar

O teu clarão entra pela janela
Invade as profundezas do meu coração
Que bate forte, feito bateria
Num concerto ao vivo, cheio de emoção
Me faz lembrar, o tempo em que a vida
Era curar feridas feitas pelo amor
E que habitavas todas as esquinas
Como lamparina a me fazer cantor

Mas que saudades da viola linda
Que te faz infinda como o céu e o mar
Das madrugadas, todas encharcadas
Com beijos de fadas, sempre a me amar
Das caminhadas pela noite adentro
Com tua presença a me acompanhar
Balé mais lindo, vinhas me seguindo
Um passo após o outro
Até quase alcançar

Estou sentindo aquela nostalgia
Parece magia, que me faz sair
Viola em punho, o sangue fervendo
Coração batendo, querendo explodir
Vem minha musa, sou teu seresteiro,
Vem, me toma inteiro, me faz recordar
Mais que amantes, éramos errantes
Sempre que o dia vinha nos matar

Mas que saudades da viola linda
Que te faz infinda como o céu e o mar
Das madrugadas todas encharcadas
Com beijos de fadas, sempre a me amar
Minhas lembranças vão me absorvendo
E eu quase cedendo acho que vou chorar
Não sei se vale, mas estou com vontade
De matar saudades de você, luar.



Jorge Leonidas Escudero
Argentina
32

De un gran jugador que armó su vida en el aire
no digáis que ha sido estupidez.
Más bien hay que mirarlo filosóficamente:
los pájaros comen en las manos de Dios
y él los estruja para que otros vuelvan.

De un ciego jugador que a guisa de bastón
adelantó las fichas pretendiendo llegar,
digáis nada,
calláos si su sangre salpicó la pared:
los murciélagos aprendieron a barajar el sonido
a costa de muertes.

Si un muchacho habita en la puerta del casino
empujadlo para que entre,
seguro necesita ir al foro de los demonios
a discutir su tesis.

Que necesita ir un largo viaje
y le pide a Colón ser el grumete;
pero como ello no existe
querrá que la tercera se le dé ocho veces,
los números vecinos siempre
y el colorado mientras viva.

Nadie lo toque mientras exprime
el limón de su corazón en las baldosas del regreso.
Nadie le diga que tiemblo por él
acechándolo desde un portal tenebroso,
porque fui, mejor dicho él es mi hijo,
algo de mí mismo que dejé en el tapete,
oh juventud.

de su libro “Los Grandes Jugadores” (El Cero y 36 Poemas Vecinos), sin sello editorial, ciudad de San Juan, provincia de San Juan, la Argentina, 1987


Jaime Sabines
Queretaro, México, 1926- 1999
Yo no lo sé de cierto...

Yo no lo sé de cierto, pero supongo
que una mujer y un hombre
un día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
algo en su corazón les dice que están solos,
solos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro.

Todo se hace en silencio. Como
se hace la luz dentro del ojo.
El amor une cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro.
Cualquier día despiertan, sobre brazos;
piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.
(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo.)


Beatriz Vallejos
Santa Fe, Argentina, 1922
Quise bordar

Quise bordar
una corola
la corola fué pájaro

quise bordar mi corazón
y regresó el pájaro
a llevarse las hebras.

De: El cantaro. Edic. En danza. (Envio Rui Mendes)


Antonio Esteban Agüero
San Luis, Argentina
Capitán de pájaros

Yo, Antonio Esteban Agüero,
capitán de pájaros,
general de livianas mariposas,
estoy en Buenos Aires,
la capital del Plata,
para ser presidente
y organizar la Patria.

Detrás he dejado
los pueblos que me siguen,
ejército de alondras,
la división blindada de los cóndores,
las águilas que saben del sabor de la piedra,
calandrias,
chalchaleros,
chiriguas mañaneras,
los secretos lechuzos que me pasan
la información del día y de la noche.

Tengo un millón de caballos
¿Escucháis su relincho?
Que rodean la urbe por sus cuatro costados,
sus jinetes son muertos de Facundo,
son muertos de Ramírez,
montoneros del Chacho
sableadores de Pringles,
domadores,
remeseros,
rastreadores,
guitarreros,
espectrales jinetes que cabalgan
mi millón de caballos.
Les ruego que se rindan
que depongan las armas,
que guarden los tanques,
y encierren los cañones,
porque mañana a mediodía
quiero estar en la Plaza de Mayo
sobre viejos balcones del Cabildo
para ser presidente y
prestar juramento:
por los ríos de sangre derramada,
por los indios y los blancos muertos
por el sol y la luna,
por la tierra y el cielo,
por el padre Aconcagua,
y por el Mar oceánico,
y por todas las hierbas y los bosques,
y por todas las flores y los pájaros,
y por el hambre de los niños pobres,
y la tristeza de los niños ricos,
y el dolor de las jóvenes paridas,
y la agonía de los viejos ...
Juro
Yo juro.
Hacer de este país la Patria.
Ordeno que se rindan
porque mañana a mediodía
entraré en Buenos Aires.
Tengo un millón de caballos
¿Escucháis su relincho?
Nadie podrá atajarme

(Envio Cristina Fernández)


Susana Cordisco
Argentina
No estás solo

No estás solo
para recorrer
las mañanas de promesas
y los crepúsculos
y los olvidos...
Para buscar
en tus ojos sin culpas
un mundo de sueños apretados
con la tímida exigencia de tu alegría.
El presente se repliega
en el corazón de los días,
en las duras batallas cotidianas,
en las transparentes sonrisas del alma,
arrasando
los límites del tiempo,
sin fatigas
ni condenas,
exigiéndole al sol
que retorne de su exilio.


Galel Cárdenas
Honduras
Mercaderes de cuchillos rápidos y bolingos

A todo miembro del aquelarre cotidiano.

Los chacales del odio
Muerden el corazón de la nube
Que impoluta centellea en la ternura.

Hienas enrojecidas e insaciables
Saltan sobre el aire
Y los pulmones inocentes.

Fieras violáceas
Donde el puñal reluce
Como árbol de póstumas hojas estériles
Aúllan frente al césped iracundo.

Ellas como sierpes venenosas
Con rumor de muerte
Aspiran el ala del pájaro del viento
Para revertirlo sobre el rostro del sol.

Oh escorpiones
Íntimos rezagos de la selva
Habitada por víboras oscuras.

¿Queréis acaso mi arteria luminosa?
¿O mi hálito de espuma vital?
¿O mi pecho de océano transparente?
¿Queréis el brillo de mi luz que cruje?

Os percibo como viejos mercaderes
De cuchillos rápidos y oblongos
Que practicáis el odio bajo las sombras
De las palabras ocultas
Donde la baba asquerosa de la muerte
Suele derramarse desde vuestros labios pestilentes.

Vuestro odio es un anzuelo del día
Un pasto de oveja degollada
Un lucero asesinado en su pesebre luminoso
Un salmo decapitado frente a sus sílabas proféticas.


María Sanz
España
Lance sonoro

Abriste la ventana. Amanecía
sobre todos los siglos. Un jilguero
se posó en el alféizar, vino en busca
de algún eco feliz para entonarlo.

Manaba el corazón, se ungía el cuerpo
con la brisa temprana. Lentamente
reaparecieron todas las escenas
donde él supo actuar, lo previsible
para una ausencia cruel como la suya.

Y advertiste de pronto
las llamas de sus manos en tu espalda,
la libación perfecta del rocío
que desbordaba en ti. Le rodeaste
con alientos de miel, ya sin aliento,
después de haber labrado tu figura.

Jamás estuvo allí. Amanecía
sobre todo el dolor. Algunos trinos
lograron infiltrarse en la memoria,
y por última vez reconociste
que estabas esperándole
aun antes de saber que le esperabas.

De: Lance sonoro, Premio Miguel Labordeta 2006, Zaragoza, 2007. Envio Portal de Poesia.


Álvaro Mutis
Bogotá, Colombia,1923
Señal

Van a cerrar el parque.
En los estanques
nacen de pronto amplias cavernas
en donde un tenue palpitar de hojas
denuncia los árboles en sombra.
Una sangre débil de consistencia,
una savia rosácea,
se ha vertido sin descanso
en ciertos rincones del bosque,
sobre ciertos bancos.
Van a cerrar el parque
y la infancia de días impasibles y asoleados,
se perderá para siempre en la irrescatable tiniebla.
He alzado un brazo para impedirlo;
ahora, más tarde, cuando ya nada puede hacerse.
Intento llamar y una gasa funeral
me ahoga todo sentido
no dejando otra vida
que ésta de cada día
usada y ajena
a la tensa vigilia de otros años.


Pablo Armando Fernández
Cuba, 1930
Cuando anochece

Cuando anochece espero
confiarte de una vez todo el espanto
que hay de día en mi pecho.
No es obsesivo gusto por la vida
plena del dios sin tiempo;
ni es el miedo a perder
el poder y la magia del poeta:
miedo a la muerte y al olvido.
Lo que me pone el corazón pequeño
cuando anochece y estoy contigo, a solas,
es oírme las dóciles palabras
que te ocultan que miento
cuando te digo que aún no tengo miedo.

Envio Rui Mendes



Ana María Manceda
Argentina
El aleteo de la mariposa
(La nostalgia desde el punto de vista del la Teoría del Caos)

Creí que estaba en reposo la nostalgia,
pero en algún lugar del universo
aleteó una mariposa.
Como un río viajando por su cauce,
la mente esculpida a cada instante
timonea emociones en la rutina.
El caos acecha transparente,
lo simple se vuelve complejo
lo equilibrado comienza el desorden ,
lo invisible se presenta inexorable.
Porque la nostalgia es perversa , parásita, seductora.
Omnipresente, se mezcla con el flujo de la sangre,
con el aire que inspiramos.
El bello paisaje se cubre de neblina,
la música escuchada proviene desde las sombras
y pinta las caras extrañas que deambulan por las calles.
entonces...
El poema es incipiente y el temido llanto asoma.
Creí que estaba en reposo la nostalgia,
pero en algún lugar del universo aleteó una mariposa.


Aleilton Fonseca
Brasil
Notícia
Um poema beliscou-me
e passou
tão de súbito
que não tive tempo
de capturá-lo.

Desde então
trago
esta página
em branco
no meu olhar.

envió Carlos Machado- Poesia.net


Alfredo Villanueva Collado
Puerto Rico (reside en EEUU)
María Ester Robles Canta Danzas

Hija de puta, maricona isla.
Cómo me destruye su belleza.

Cómo me destruye su obscena historia.
No puedo desprenderme de su lastre.

La confronto en una voz color de espuma
profunda, como la firma de un navajazo.

Una firma de sangre sobre la piel transida.
No, no, no, tus dedos carimbos queman.

Ay de mi isla., mi isla, para siempre
perdida en post modernos pozos sépticos.

En ensayitos que no bregan, y pajas cómicas,
novelas de travestís hieráticas.

Isla que implacable me arranca de la ingle
la identidad que aún retengo encojonado.

Ay de aquel pueblo, donde amaran los niños,
escondido, en lluvia de compasivas lianas,

de la super carretera que lo menosprecia
para que languidezca a su margen, violado

por los Walgreens, Burger Kings, Wendys
que ahora conforman la multicultura.

Isla mía, mía, como la muerte, inevitable;
interminable orgía la desesperanza.

Excremento flotante, rumor sonoro
de las tripas desdeñosas del Imperio.


Álvaro Tato
España
El ama

teje el tiempo con hilos de cuerpos enlazados
y agujas de palabras en el telar del día
y de la noche teje su alta red luminosa
una bandera blanca por el balcón del mundo
duerme mi niña duerme que te velo
que has sido libre y te ha querido un hombre
y te has hecho mujer dentro del sueño duerme
en la cuna de leche del último veneno
la copa de la sangre que te ayudé a apurar
pues yo también fui amada duerme niña
hasta que una luz nueva penetre tu balcón
como una flecha en llamas
por el incendio lento de Verona

de: Cara máscara, XXII Premio de Poesía Hiperión, Madrid, 2007. Envió Portal de poesía


Jesús Enrique Barrios
Venezuela
Actitud

No me canso de pensar
Ni me sacio de dormir
Y vigilar a mi muerte
Hasta que caiga la noche
En mis ojos luminosos
Y sin pensar en nada
Dormir profundamente
Recostado de la muerte
Hasta el final de Dios.

Envio: Julio Carabelli


Carlos Aiub
Cnel Dorrego, Argentina
10 de Junio de 1977, día en el que fue secuestrado por un grupo de tareas de la dictadura.
poema doce

la tristeza es una figura de humo
muy cierta por cierto
la tristeza es una niña vestida de otoño
un encuentro común aunque no la busco
la tristeza es un pedazo de cielo tras la ventana pequeña de una celda
es morir y no ver el triunfo.

abril / 75
envio: José María Pallaoro


Claudio Simiz
Argentina
Barrilete de cartón

A pesar de la lluvia,
del papel color que me olvidé de comprar,
del viento, que no presta sus alas entre cuatro paredes,
mi hijo está remontando su barrilete de cartón.
Le puso unas figuras naranjas y celestes
y él acompaña sus giros como un cuzquito fiel y resignado
entre sillas y libros apilados.
Y yo quisiera decierle que no se puede,
que algo puede romperse,
que cuando salga el sol...
Pero él me sonríe,
me cuenta con sus ojos que vuela
porque el piolín está anudado al cielo.
Y yo pienso que apenas es un niño
y él pensará que apenas soy un hombre.

de "No es nada", 2005, Amaru.


Alberto da Costa e Silva
San Pablo, Brasil
A Ricardo Reis no mar de Galilea

Só dizem os deuses o que logo esquecem,
mas o jogo do céu é amplo e reto,
e cada lance é um coração aberto:

nele não dorme o que se fez desperto,
o eterno é agora e em si mesmo morre,
nunca houve rumo e todo sempre é incerto.

— Não creio, e rezo.

De "Poemas dos Quarenta Anos".- Tomado de Poesia.net. Envio Carlos Machado

Humberto Lobbosco
Argentina
Los ocasos que llegan desde Atenas

Pequeño bastardo de gigantes
Pequeño hijo mutilado desde el origen
¡Saca la palabra hijo!
Que la mutilación no te mate
Lucha, pelea, enciende todos los fuegos a la vez…
No importa que te duela
Que quedes lacerado, roto, hecho jirones,
trapo nada más…
¡Saca la palabra, pequeño engendro,
A las puertas de la Nada
Encharcado en tu propio vómito!
Escupe la gota de calostro que te quemó el almita
Y se te quedó pegada y quema todavía… Aún…
Arráncate las telas a pedazos y grita por fin
Lo que ves desde la altura…
¡Que no te importen los hombres: tan poco valen!
Escupe sobre sus vidas muertas y arranca a vociferar
¡Cuenta lo que ves!
¡¿Te ciega y enmudece el horror?!
¡¿Te enmudece el linaje?!
¡Patea la batea!
¡Brama! ¡Gime! ¡Llora! ¡Blasfema!
¡No hay dioses ni demonios!
Sólo aves allá arriba…
Y algunas pocas palabras…
El resto…
¡No te detengas a mirar lo que queda!
Envio hector Berenguer


Eduardo D'Anna
Rosario, Argentina
Puerto

Puerto no era puerta.
Éste estaba fuera. Llegaba
el hollín del puerto. "Es
el hollín del puerto", decía
mi madre. Sería
de las chimeneas
de los barcos. ¿Y cómo
sabía yo que en el puerto
había barcos? Posiblemente
lo había leído. En el puerto
ya no había barcos.
O, por lo menos, así
lo decían todos. ¿Y el
hollín? ¿Y las sirenas
de los barcos, que gritaban
el Año Nuevo? Un día,
al final, fuimos al puerto:
había grúas, había sol, había
galpones. A lo mejor
también había barcos.
No me acuerdo.

Envio hector Berenguer


Esteban Moore
Argentina
Esa gota

esa gota
la que desborda
el vaso
la fina copa

esa gota
la última
que cae en la serena
cristalina superficie
arrastrando
tanta gota acumulada

esa gota
la primera
de vaya a saber qué
siempre

de tiempos que van, 1994. Envio hector Berenguer


Virgilio Primitivo
Santa Fe, Argentina
Matías

Dudo
que estemos cuerdos
todos los que soy
y yo.

Ahora estoy harto de mi mejor lugar
esta silla de espectador
donde a veces me despierto
acá, donde todo en lejos

Quiero despertarme
casi diez años atrás
y por eso sé
un poco de esta locura
de pararme entre cadáveres
para gritar Basta;
y correr,
correr siempre
decir que no
Sólo soy una hoja en blanco.


Noé Lima
El Salvador
El poeta finge su muerte ante el tiempo

La noche languidece con la niebla
el frío de un cuerpo bajo tierra
hace malabares con el tuerto ojo de la sombra
efímera silueta tambaleante de hebras
de caoba
de gusanos
de recuentos
NOSOTROS somos el muerto río
el tieso adiós entre la tierra
el diafragma en cópula con la madera
con la lectura de la risa en los escombros
La tatuada sangre de los amantes
de pubis salpicados de miedo
humano aliento en el hueco de un grito
de mis cicatrices carroña multicolores

NOSOTROS somos bestia muerta
ciega de orugas de plata
óseo canto canario sin rostro
sísmico pulso enredado en las manos
entre la cavidad seca de ventrículos
y las agujas de nieve
que vomitan coágulos sin amo
UN CANTO GENITAL forcejea con la mudez
del gusano en la sonoridad de la noche
amnésica con el conjuro de las piedras
con el traslúcido estertor del hijo muerto
en canas
en lujuria
en cadáver
hímnico

La muerte tiene un espacio sordo
en las paredes
fosforescencia abotonada de fuego

NOSOTROS somos el tieso desierto de óxido
la estática lagrima del parido pecho de puertas
el ojo vacío de chispas sin ceniza
sin criatura con pulsaciones de flauta
el subterráneo hueco de la bala
el hueso marchito en los párpados

Las paredes tiritan del frío compás
de las luciérnagas que mueren en el silencio en
el norte

Y ES QUE LA INSONDABLE OQUEDAD
DEL ABISMO nunca sanará
la trama de huesos exentos de levadura
de rodillas vacías sin orgasmo de caballo

en el espacio reducido del ala de una mosca
de la mínima expresión de la orbita sin sueños
sin protocolos revestidos de la cáscara del
hambre

NOSOTROS SOMOS el inmutable laberinto
de la avaricia
la invocación del tiempo inalámbrico
la espesa trivialidad caleidoscópica de las
arterias
en cofradía pigmentadas con incienso
con la meditación en relieve de carne
con el odio cómplice del menosprecio

los dedos estiran estigmas estertores
elevados al pájaro pelirrojo de las agujas

EL VACIO BOHEMIO TIEMBLA SIN
CORAZÓN
SIN LA CUADRATURA ARMÓNICA
DE LAS EXTREMIDADES DE ARCILLA
SIN COLOR NUPCIAL EN LA PROBETA

y es que el amor tiene su deuda de fotosíntesis
en el libro de las angustias de alienada lengua

NOSOTROS SOMOS el ahorro lustroso de
cáncer
vestido de vértigo cartográfico
de la beatitud anglosajona telúrico filtro
catarata de sangre haciendo círculos en
América Latina
con el problema decadente
disfrazado
de coca
de deuda INMACULADA
TERCER MUNDISTA ETERNA DE
BISNIETOS
muertos sin liturgias
ni voces tatuados en el féretro
pulcro de peregrinos con cadenas retóricas

Las manos se aferran lentamente
un aguacero de pececillos sofoca el aire de las
venas
con un luto de ron y sicarios con medalla
y el aroma de mercurio en la última sutura
con la caricia reciclable de un mantel de
infancia
y el seno de una madre muerta

SOMOS NOSOTROS el amor tembloroso de
tambores
de hilos prístinos en la boca unánime
cíclica somnolencia entre pezones sin
comercio
con surcos de girasoles en las piernas
y el bostezo radiante de la luciérnaga

cierva subterránea de mi lengua
húmedo apuntando en la historia de tu espalda
de tu irrompible aliento imaginario
sequía del espejo entre la tierra y mi tiempo

el rostro de la noche se dobla la calma
con la espesura de tus parpados

ENTONCES
No temeré el cubo marginal de la garganta
marchita y tenue del alba
abollada de avenidas seniles
con aroma de aguarrás relinchado
en la frente del ángel

¿Dónde dormirás pequeña
grieta de negro
válida piel de plomo inmóvil
línea inocua desafinado vendavales?

ESTA HISTORIA ESTA SIEMDO FILTRADA
POR TUS ACIDOS VOLÁTILES
Hay una metamorfosis en tu mestizaje de
pólvora
Hay un respiro de azabache plástico en la
punta
de tus dedos
de tu puente
de presagio sus pendido entre tu pelo

levito excomulgado de tus ojos cerrados
diseminados en la imprescindible oscuridad
de la tierra clavada de madera
del aroma enmarañando de tus axilas blancas

NOSOTROS SOMOS en la ebriedad
la voz cercana del trémulo arrollo del silencio
la agonía dispensándose de culpas
y el odio vertebral
que se desnuda en los calendarios
fijos de arrugas y polen

la carne esta vestida de celofán
de océano pleno de luna llena
con raíces cabizbajas ante el sonido de la
mosca

LA ONDULANTE EPIDERMIS PEGA
ZANCADAS DE BRONCE CADUCO
SINUOSO DE CLIMAX
CON INSECTOS PROPIOS EN LOS LABIOS
CELEBRANTES DE CARROÑA
TRASPARENTE antípoda collage para el
ofendido
con la fértil fiebre de Lenin
dueño de los pájaros de piedra
suspendidos en el aire rojo de Praga

las células tienen el espacio de la mujer
herramienta azul para las obsesiones
“DE LA VENTANA EN EL ROSTRO”
la brújula común de la idolátrica injusticia

¿Dónde colgarás mi lápida de plomo
respiradero indulgente para miopes
vagos de vela
incondicionales amantes de lepra?

y es que eras “mía
junto a los pájaros” suicidas de los parque
mucho antes de teñirme la sangre de golpes
asumirme famélico
ante el calado verbo de tu sexo
¿Dónde guardaras mi lasciva agonía
mujer muerte barro irrompible
con cavidades de rey sin memoria?
¿Dónde?
“Cuando sepas que he muerto
no pronuncies mi nombre”


Luis Borja
El Salvador
Monólogo de Cho-Seung-Hui

“… y me dieron una sola opción
la decisión eres de ustedes,
ahora tienen en las manos
sangre que jamás se lavará.”

HOY H E DECIDIDO SER DIOS
vestir las calles con su aroma de vena cortada
para que los muertos escuchen nuestro silencio
En un disparo
mis poros serán volcanes de sangre dormida
Sobre mi muerte pasa la muerte
si la muerte
es una hormiga cansada sobre sus hombros de mármol teñido
¿Qué mármol?
Cae
Vuela
¿Sangre?
Si sangre
Sobre sus espaldas hay una broma de letras fundidas
una lengua que vuela hacia sus vientres de tierra dormida
HOY HE DECIDO SER DIOS
un tormento de ideas son las penas que asesinan mi mutismo
hoy mis manos son un silencio que toca la muerte
hoy mis manos son una pluma de silencio dormido
hoy luna
muerte
tu
yo
¡la luna!
baila como una calavera olvidada en las nalgas anémicas de dios
luna
luna
luna
no mates mi odio de opio quemado
porque soy eterno
amo
lloro
olvido
tras una muerte colectiva las caras que olvidan mi rostro
hoy no quiero matar
hoy no quiero morir
pero la gente me asesina en una hora de olvido donde las sombras son un testigo exacto para dormir

Y FUISTE DIOS

SILENCIO
SILENCIO
que mis ojos exaltan mi muerte de nombre prohibido
¿Qué quieren?
¿matarme con sus miradas de vidrio cortado?
¿acribillarme con sus palabras de aluminio fundido?

¡¡¡¡¡PUES NO!!!!!

no tomen mi palabra como una hoja que vuela
como una navaja que no hiere
que hoy quiero esta soledad de tendencia suicida

¡¡NO!!
¡¡NO!!

PORQUE NO QUIERO SER UNA SOMBRA DE CUERPOS VACIOS




Neuza Ladeira
Brasil
Para onde o vento me leva

Minha alma aqui no leste úmida e arcaica
Meu afeto no oeste esquece
O fado delirante e o rapé asfixiante
O vazio repousa no tango borbulhado
Cato eu em canto rei
Onde cascatas circulares movediças são flutuantes

No quarto florido abemolada
Olhando da janela o mundo lá fora, longe, bem distante
Paro na sala frevo abro as portas da comunicação
Assisto à televisão

Fora do ar fora da vida fora do mundo
Fico assim distante
Desde então cato agulha em cantonês
Ferro boi como fui ferrada
Nada sei sou pena levada.


Santiago Bao
Argentina
Enfrentamientos

Qué manera
de enfrentarme al destino
con un cuchillo
que no corta nada.
Sangran los otoños antiguos
en esquinas
donde se arrastran
heridas abiertas
en combates desiguales
hacia la zozobra
de seguir estando
en el camino.

Despliegues, 2007- Editorial Rionegrino


Juan Carlos Galván Vela
Pueblo Nuevo, Guanajuato. México- 1960
Tu cuerpo adormecido

Tu cuerpo adormecido entre mis brazos,
tiene ese lento y apacible respirar
que dicta el vaivén de mis labios
cuando lo recorren.

No hay mejor manera de despertar al día
que mediante mis bajos instintos.

Hay en tu rostro la tranquilidad
de una conciencia infantil
que no debe nada
y nada le atemoriza,
párpados de flor por abrir,
senos que las gotas de rocío dejan
por la mañana,
como un beso.

El pelo se ha ensortijado entre la almohada
y mis dedos,
serpentea y se alarga para ocultar tu desnudez
y protegerte del frío.

Son estas manos las que te dan calor
e inquietan tu sueño
lejos de tranquilizarlo.

La piel se eriza,
la humedad del deseo llega con la mañana
a entorpecer en desvaríos,
la calma que había traído la noche.

Desde la ventana,
el sol inunda tu frente,
deja sus rayos caer
y te cobijan lentamente
l e n t o s
conforme penetra en la habitación.

Recorre tu cuerpo,
está sobre ti,
ha burlado el lugar que me corresponde
y es así como despierta en mí,
ese demonio febril
que trata de poseerte
sin conseguirlo.

Es entonces cuando el brillo de tus ojos
se despiertan con el alba
y despereza tu cuerpo.

Las aves gritan,
arman el alboroto que dejó
la almohada
en tu pelo
y mis dedos enmarañados
sobre tu piel,
prestos a la caricia.

Es tiempo del amor,
no ha vuelto la primavera
porque entre nosotros
no hay estaciones,
no hay tiempo para amarse,
sino toda la vida.

Y eres tú con esa mirada ardiente,
quien me dicta el momento preciso,
para estar a solas.

Vienen sobre ambos cuerpos
los rayos del sol,
que nos acarician y rejuvenecen,
dan vida,
agitan hasta hacerlos transpirar
y alcanzar la temperatura que habrá afuera,
al paso del día,
con el llegar de las horas...

Comprendes que para el amor,
no ha sido preciso el silencio
ni la penumbra de una habitación,
que tras la ventana abierta,
las cosas, cobran vida
y los seres se despiertan igual
que estos cuerpos que se aman.

¿Qué ha sido entonces tan doloroso para amarnos,
entregarte por una vez plena al amor,
que prodigué sobre tu piel este día?


Josefina Pla
Paraguay
Imposible

Vaciarme de paisajes, olvidarme caminos,
reedificar el arco de tu desnudo día.
Borrar tus ojos, sendas de mi llagado sueño,
y engriar en mi sangre tus dos terribles manos.

(...La estatua que he vaciado en soledad, volverla
raíz y musgo en tierra, canto y ala en el aire).

...O, en la antípoda lluvia de mi aherrojada llanto,
hacer cantar el muerto pájaro de tu beso.
Tornar a las cenizas las flechas de la llama,
reenhebrar en las venas el hilo del suspiro.

Y del dolor crecido, monstruo y criatura mía,
hacer de nuevo aquella sonrisa que en tus labios
me bautizaba tuya, con el nombre más mío.



Manoel de Barros
Brasil
seis ou treze coisas que aprendi sozinho
11

Que a palavra parede não seja símbolo
de obstáculos à liberdade
nem de desejos reprimidos
nem de proibições na infância,
etc. (essas coisas que acham os
reveladores de arcanos mentais)
Não.
Parede que me seduz é de tijolo, adobe
preposto ao abdomen de uma casa.
Eu tenho um gosto rasteiro de
ir por reentrâncias
baixar em rachaduras de paredes
por frinchas, por gretas - com lascívia de hera.
Sobre o tijolo ser um lábio cego.
Tal um verme que iluminasse.

Rolando Gabrielli
Chile (reside en Panamá)
Carta a un púgil

Continúo por estos escenarios
de cuarta categoría,
haciendo sombras
con un verbo oxidado.
La poesía, rota, inútil
desvencijada, vieja maleta
de otro paseo.
Estas calles son ahora,
La ciudad frente al océano,
el día que viaja como una persiana,
abre y cierra la luz.
Armo los días como una cartelera
de poca monta,
la sombra crece
frente a un contrincante
que surge de las nada.



Lina Soler I Quilis
España
Primer ensayo sobre Literatura Potencial

No puedo escribir sobre ti
una mano parada me lo impide

Intento cruzar el estrecho
que hay
entre memoria y cerebro

La sangre no llega al bolígrafo
ni al temeroso cuaderno
de mi vida a corazones
y a lamentos

Sobre ti
un tupido velo gris
porque no estaría bien que te añore

De la muerte y otros temas menores



Armando Tejada Gómez
Mendoza, Argentina, 1929- 1992
El libro del viento

Mi canción es un libro
que se escribe con el viento
y una imprenta indeleble
-la guitarra del pueblo-,
a lo largo de América
lo imprime a cielo abierto.

Después, de boca en boca,
santo y seña del sueño,
va entre los hombres, cruza
las fronteras del miedo
y nombra al sometido
en su padecimiento.

Las muchachas azules,
los rudos marineros,
el labrador de pámpanos,
el quieto, el andariego,
andan con mi canción
sin posible sosiego.

Mi canción no le teme
al tumulto ni al fuego.
Todos pueden cantarla
y llevársela lejos.
Yo sé que cuando vuelva
tendrá un sonido nuevo.

¿Qué dice mi canción?
De todo en su momento:
asuntos de casados,
asuntos de solteros,
dolores, alegrías;
juglaría del viento.

Y si a veces estalla
en un grito violento
es porque al pueblo acallan
¡y duele ese silencio


Fabricio Estrada
Honduras
Plegaria vacuna

Cuelgo divertido de mi globo ocular.
Y claro, que el viento es un niño resuelto
que me lleva a la altura
donde toda catedral es una vaca muerta
con la ubre de las cúpulas
tensas y agrietadas.
El cielo tiene un filo que espanta
y sin embargo, ninguna campana delata
el temblor supino de nuestra heroica vaca..

“Cada animal es gregario –me decía el arriero-
y el rumiar, es su constante rezo.
¿Pero adónde puede ir una vaca
que siempre ha cargado en sus manchas
todas las nubes del cielo?”

Ya nada importa,
el olvido entra por el cuello.
Mañana rezaré
antes de lamer tu manso cuerpo.


Andrea Vinci
Argentina (reside en Málaga)
Ciudad madre

Ella protege
de los oídos y muecas del extraño
del pasado, todo, apenas
puedo extraer lo que inventaron otros
pero ella protege
con sus límites de sol pequeño
de bolsillo
podemos entrar en cualquier naufragio
detrás de las mirillas
no habrá ojos salvadores
a mano y a pistola
saludando
látigos imposibles impuestos
sus caminos son avenidas solitarias
senderos peatonales a golpe de hombro
Ella sigue como madre música
acunadora
del parido
partido
en cualquier cancha.


Alejandro Faus AVella
Vilanova i la Gletrú - España
Bajo la piel verde

Estoy unido a mis ideas y principios
abrazado como los olivos a la tierra
paro también a los latidos del corazón
de mi hijo que me llama con fuerza

Sentados en un bar de Cardedeu
escuchamos dos voces extranjeras
vienen de una mesa de al lado nuestro
es la actual lengua del imperio mundial

Que se ha hecho grande
construyendo mentiras en el papel
pero también con nuestra desgracia
así son los Estados Unidos de Norteamérica

Mi hijo me mira
yo le devuelvo la mirada
con todo mi cariño y amor
y escribo estos versos

Mi comandante ahora es él
mis palabras son mis balas
los dibujos que hace mi hijo
la estrategia contra el imperirio

Cuatro caracoles rojos
son las cuatro barras al viento
de nuestra Catalunya obrera
son mis poemas en la noche

y también los besos de mi hijo Ernesto
que sin saberlo va escribiendo la historia


Amparo Osorio
Bogotá, Colombia
Resurrección

Caminaré de nuevo.
Levantaré las ruinas de mi casa
y las ruinas de mi corazón.
Me vestiré de alas y de soles
de presencias amadas.
Hallaré en otros labios
aguas para mi sed
y en otros ojos
prolongaré caminos.

Yo signada de viento
desafiando conjuros...
ceñiré nuevamente mi relámpago.


Pablo Mora
Venezuela
Credo

EL LIMO ORIGINAL

Creo en la gota de lluvia en el alambre. En el encaje del mar cuando todavía no se había destejido. En la noche de la guerra, del hambre y de la lluvia. En la esquina del tiempo que resurge. En la sombra del otro, del antiguo. En el grito del hombre frente al mar. En el metal, la cólera, el combate. En la lucha del canto del mendigo.

En el hosco muñón de la tristeza, en la hondonada gris de los cimientos, el silencio que ahoga y amordaza, la sombra de la muerte que reúne, el aullido del pan acá en la puerta, el estiércol solar de las mañanas, el borde de la tarde en estampida.

Creo en el fogón del pobre paria envuelto en tempestad. En el injerto sideral del guamo. En los sures del turpial. En el espacio, en Borges, en el tiempo.

Creo en las vocales de Rimbaud, en la hojarasca briosa, en el paso respetable de la hoja por las aceras de la tierra aurora.

En Francisco así Dios no lo distinga todavía. En la muda paloma de los lejanos terebintos. En Federico, en su madrugada nazarena.

Creo en Niall y sus sabias abubillas, en el ave sagrada de su verbo, en el buitre leonado de su insomnio. En el coraje de las rosas rojas, en la plegaria de la choza tierra, en el orgasmo de la palestina, el grito mismo de la patria nuestra.

En el mayo francés, en el invierno ruso aquel, en los febreros caraqueños. En mi locura galopando auroras.

En el año en que resolvimos hacernos disolutos y en el que nos propusimos ser solares como Reverón y el viento.

En las antiguas, las nuevas, las eternas campanas, las que lloran y suenan y se quejan y suplican, las que irán con nosotros a la muerte aunque no las oigamos ese día.

Creo en los chamizales, rastrojos, veredas, remansos y riachuelos donde, temprana, mi poesía incubara. En el letargo de las horas donde yacen el alarido, la conciencia, las carnes vulneradas.
En la soledad del Sol. En mis zapatos, mis huesos asoleados. Creo en el que solamente ha nacido. En el gato triste, en el piojo ciego. En estas dudas, estos días, estas horas, esta noche, este sábado, este rato.
Creo en un vals en un montón de asombros. Creo en el pobre desgraciado y roto. Creo en el hideputa endecasílabo. Creo en las hojas secas de la luna. Creo en el tiempo de las ramas verdes, en la plegaria cósmica del árbol. En la rosada desnudez del alba, en la arena quemada por el muro, en la sublime mariposa en celo, en la hermosa serpiente penetrando, el limo original de la lujuria.

En el que ensaya continuas eternidades o erige un altar hombre.


EL COLOR DE LA ROSA
Creo en el acero del fusil, materia ciclópea del arado. En el metal de azuladas resonancias proletarias con timbre de sudor y de combate al que cantara Rafael desde su Cueva. Creo en el color rojo de la rosa con que la Tierra toda vestirá. En el rojo de tanta llamarada viva.

HAMBRE
Creo en los cielos de la iguana del asomo de los campos de las olas. En el delirio de los jueves. En la insomne lumbre que nos crea. En la casa de la sombra. En el abrazo de las albas. En los postigos de los ojos. En la muerte girando en los talones, girando en los Guantánamos, girando en los hambrones.
En la mesita de noche de los pobres, en sus relojes, sus lagañas, sus barajas y pistolas de agua. En los sueños de los millones de niños que apenas si les queda ojos rostro, boca o corazón.
Creo en el África azulada por la noche, en el quejido azuloso de su raza, a quien le duele el hambre, las verduras, la trocha, los maltratos. En sus niños, quienes antes que dormir, quisieran nunca despertar, mientras juegan con la calavera de sus padres.

ADALID DE LIBERTAD

Creo en el Che, en Camilo y en Sandino. En la guerra de Túpac Amaru, la Guerra a Muerte que empuñara el Ande.

En la hospitalidad de estas neblinas creo. En el Adalid de la Libertad , fénix trashumante, la esperanza de los partos solares por venir, en su sangre guaicaipura y éuscara, gemela de la sangre de Lautaro.

Creo en los Hijos de la Tierra capaces de fraguar la nueva aurora, el nuevo Dios.

En la patria que nos falta hacer, así tengamos que retar a Dios con tal de no seguir arando el mar.

Creo en los hombres que comulgan con el pueblo. Creo en la resurrección de los héroes y en la vida perdurable de los que no mueren, cierran los ojos y se quedan velando.

EL CHE

Creo que está completamente prohibido llorar sobre los vivos y menos aún sobre los muertos.

Creo en la Paz desde las barricadas de la guerra.

En el Comandante: su montaña, su sierra, sus morteros; su soledad, su naufragio, sus planos, sus trincheras, sus secretos; su escondite, sus manos y portentos; para empuñar fusiles nuevamente.

En su mochila, su escopeta, su carabina, su boina, su barba, su estrella, su bandera o arrechera; su revólver, su camisa, guayabera y documentos.

En sus botas, su pistola, su dolor, su ternura, su sonrisa, su tormento y recovecos; su frente, su fusil y sus morteros; su fuerza, su foco, su asma, su garganta y su pañuelo.

En su morral, su memoria, sus veredas; su nobleza, su magia y suerte y comunión y poesía y espera; el tiempo que le falte para una Nueva Era.

EL CRISTO DE LAS TRINCHERAS

En el Cristo de las Trincheras acampado en la ruinosa oscuridad de un vetusto monasterio, sin una mano, sin pies, entre borrasca, plomo y lluvia, a ras de furia, quien me enseñó el color tostado de la piel cuando se va a la guerra… colérico cordero al descubierto, resuelto miliciano justiciero, nuevamente con látigo inclemente, arrojando a los nuevos mercaderes.

LA MOCHILA

En la albada en que hicimos la mochila y nos volvimos vagabundos. Cuando apoyamos las palabras sobre la sangre, cargamos los dados en la apuesta y arrestamos al viento, al sol, las mariposas.

Creo en el día en que supimos del alma del silencio, de la piedra que alguna vez fue estrella, del sagrado terror de la locura. Cuando dejamos pasar la noche por encima de nosotros mientras las islas no se cansaban de bañarse.

Creo en la noche en que nos hicimos a la lluvia, matamos la tristumbre, rompimos alfileres, paraguas y repisas e inventamos ratos, penas, alegrías y tardanzas.

Creo en el vistazo que al mundo echamos, cuando nos provocó quedarnos solos en la tierra, cuando nos faltó ponerle trampas a la muerte.

EL TERCER COJÓN

Creo en la matadura de la memoria voraz que atiza los relámpagos. En el desbocado potro que golpea en el pecho sus chispeantes cascos herrados por el viento.
En el vórtice abierto que engulla nuestra esperanza desolada. En la desolladura del barro que seremos. En el errante diluvio de los párpados insomnes. En el estridente relincho del rayo de los pájaros.
En las sombrillas del corazón, el desierto de las bolsas, las zapatillas de las brujas, las gusaneras del naufragio.
Creo en el hambre, digo, en el hombre decente, parte de la Religión , ese viejo escondite, guarida de dioses, infiernos y demonios.
Creo en el corazón, ese tercer cojón del hombre. En el sidoso divino providente, en los cojones de los cojones de la Divina Providencia.

REPARTO DE LOS PANES

Creo en la abundancia de los males, en los lazos que nos atan, en la pólvora, el pueblo, la palabra y el trabajo.
En el clamor del oprimido. En el pecado de la muerte. En las víctimas del hombre. En la luz, la tierra y el camino. En el descanso eterno aquí en la tierra.
En el grano, en el varón, la hembra, la entrega y la ternura. En la estatura de las flores. En el cuerpo terrestre del encuentro.
En el misterio del asombro. En el justo pecado de los dioses. En la cena, el abismo y el camino. En el signo mundano de los rostros. En la culminación de las serpientes. En la vid, los sarmientos y los pobres. En el reparto de los panes y las casas.
En la vigilia hecha por el hombre. En los racimos del hambre y la miseria. En la santidad de los samanes. En la garganta del helecho en pie. En la amapola en luna descubierta. En el regreso a trancos de la muerte.
En el cambio, en las manos indefensas. En la mesa, el poder y las mentiras. En el cósmico origen de la vida. En la justicia universal del alba.

CÓSMICA PLEGARIA

Creo en la luna así canjee su puesto con la muerte. En la humanidad en marcha contra la barbarie. Creo en Vietnam, en Sabra y en Chatila, donde la noche se cubrió de sangre. En las flores que brotarán en las calles de Kandahar. En los niños cañoneados en las noches de Najaf, Irak, Siria, el Líbano y Falluja por los imperios rapaces al acecho contra el hombre.
Creo en la buenaventura de la rosa, en el atardecer de los venados. En todos los resabios rocinantes. En el poema aquel inagotable. En el misterio del divino loco. En los cuchillos de la lluvia a secas. En la amenaza del gato en pleno hechizo. En el barco encantado y sus aceñas. En los dos golpes a la endeble espada. En la razón y sinrazón del viento. En el sordo pecado de la luna.

EL ESPEJO DE LA SOMBRA

Creo en el espejo de la sombra, en el asombro del insomnio. En la lluvia minuciosamente santa. En el hambre —madre antigua y atroz de la incestuosa guerra—. Creo en el divino laberinto del asombro antiguo, de la antigua sombra.

Creo que toda casa no es más que un par de lámparas donde arden las vidas de los amigos como aisladas velas. Creo en la amistad de un zaguán, de un aljibe. En el amor de las golondrinas, los turpiales y arrendajos.

Creo en los ojos que se le van a cada calle. En la noche —fiesta larga y sola—. Creo en el polvo, el sueño, la agonía. En el insomnio y en la noche —fiesta larga y sola—.

En la ceniza de que está hecho el olvido. En la luciérnaga porque en la noche cree. Creo en el tiempo, la tierra y el olvido. En las tardes — sueño en agonía, cara que nos mira desde el fondo de un espejo—. En el bronce, el ayer, la lejanía.

En el atareado rumor de multitudes que se alejan en las noches. En las sombras rencorosas de los callejones y barriadas. En el viento que envuelve la noche entre su mano y arroja tempestades y corre, galopa y se desborda.

Creo en los que pasaron, en su cordaje, su puñal, sus llagaduras. Creo en el último espejo que repitió la cara de mi madre.

Creo que la puerta es la que elige, no el hombre, que tu odio nunca será mejor que tu paz; que siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas, que la lluvia sabe lo que sabe mi tristeza, que espacio y tiempo y Pablo ya me dejan.

Creo en la honda noche diluvial que nos inunda, en esta hora en que el sueño pertinaz de la vida corre peligro de quebranto, en esta hora tristísima del hombre, en la noche de la guerra, del hambre y de la lluvia, donde aparece gigante la sombra de la muerte, en esta hora de guerra planetaria, en este instante estremecido, engrifado, de tarde, en el universo que se mueve a su alrededor antes que a Dios le sea fácil matar del todo su obra, en que son pocos los que sueñan el mundo –sus únicos espectadores—, que si dejaran de verlo se moriría. Con fervoroso asombro como presentimiento tembloroso del amanecer horrible que amenaza estos arrabales desmantelados creo en Borges, en Pablo, en dos, cinco, diez, veinte, cien, mil, quinientos mil poetas flacos, desgreñados, cantando juntos a la vez… a coro en el asombro, desde sus Torres de Timón, en soledad milenaria, trasnochando hasta que la noche gastada se quede en los ojos de los ciegos y nuevamente el mundo sea salvado.

LA VIDA PERDURABLE

Creo en que tal vez afuera, lejos de la tierra, titilen las estrellas.

Creo en la libertad de los cangrejos. En el invento de la pucha madre. En la confirmación de las bandejas, en la ginecocracia de las lilas, en la desolación de los cubiertos.

Creo en la salvación de la palabra. Con Nidaa, en el perdón de los herejes, en la resurrección de la alegría… en la jodienda de la poesía… Creo en el hoy, el aún y el todavía. Creo en la vida eterna de los versos.


Silvia Favaretto
Venezia, Italia
Refrán del asustado

A troche y moche
llegó la noche
con ella me hundo
en el mar profundo
con ella doy la
vuelta al mundo
y a la muerte en
un segundo.


Rómulo Pardo
México
Noche de muertos

Luna de plata flotante,
traslúcida cortina.
Dejaste caer un suspiro
lleno de fabulaciones;
tu farsa es llamada silencio.

Sí flotase sobre ti,
luna -garganta cancerosa-,
túnel hacía el sol,
irme no sería este noche.


Carlos Calero
Costa Rica
La esquina
I
La esquina atisba el asombro innominado, domina el miedo con relámpagos y silencios; pero no quiere, no se atreve a pregonarlo.
II
El escenario propaga la voz del desolado, le deja abismo en las córneas; muestra su mercado infame y el oráculo desmemoriado;
III
la esquina aguarda el bullicio de los cadáveres, la podredumbre del repollo, el agua turbia con moscas que sobrevuelan sobre el sopor de mercaderas y sedantes aguaceros;
III
la esquina calla y nos condena, ve mujeres que copulan sobre las cajas de madera, sobre la pelambre seca y ácaros de unos gatos que ronronean sobre bloques de periódicos y plástico calcinado;
IV
la esquina, sin policía, consiente nuestros fantasmas; no perturba el hedor a cloacas en el paisaje; no estorba la procesión atascada en los aposentos del crucifijo. Se queda nuestro aire atrapado en la paradoja y la mandíbula del estrépito amañado;
V
la esquina carece de nombre, cualquiera la reconoce o la confunde; anuncia nuestros reclamos, que defienden la penumbra con la última versión del transeúnte invisibilizado.

De: Paradojas de la mandíbula-2007
Alejandra Correa
Argentina
Poema XII

La habitación oscura
la sombra de la mujer
sobre mi nuca
la sombra suya
en mí

Es la habitación
que vuelve
y la mujer que dice
que debo quedarme
que estoy en casa

Esta es tu casa, dice:
la habitación oscura es tu casa

aquí está la cama
donde te arropaste la noche
en que todos hicieron la ronda

desde esta cama
viste partir palabras
y temblabas
Tu carne temblaba
en la habitación oscura

Y acá se veló por primera vez
a tu padre
en esa ronda
la noche
en que la habitación no conoció el sueño

Era tu infancia
la que velaban

No importa el tiempo que haya pasado
aquí está la larga escalera de mármol
el pasillo oscuro
el baño sucio
de orines ajenos

Esta es tu casa,
la habitación oscura es tu casa
la casa donde fuiste niña
por última vez

De El Grito (Alción, 2002)


César Dávila Andrade
Cuenca, Ecuador 1919
La pequeña oración

Abre ya, de una vez, los espejos enlutados
que pusiste sobre las placas oscuras de mi féretro.
Abre las ciegas yemas de mis dedos
para que puedan sentir la callada amistad de la materia.

Dame la luz sin nombre de junio o de septiembre.
Dame de aquella agua que aún no hace rocío,
anterior a la nube, cuando es sólo rumor entre tus manos en el aire.

Permíteme que vea tus más tiernos arcángeles
como pequeños libros de escarcha y juventud,
pasar por mi cabeza, titubear en mis hombros.

Ilumina las densas falanges de mis manos
para que puedan acariciar las cosas, sin sangre de deseo;
para que logren adivinar el escondite de las niñas
sin buscar la liviana cicatriz de su sexo.
Para que encuentren en la frente de los muertos
el vestigio floral de una corona.

Disuelve para siempre este secreto manto subterráneo
que me envuelve en su beso taciturno
y me aparta de las cosas claras...

Encierra en los fosos de las ciudades muertas
estos fantasmas que me incitan de noche con su lívido aroma.

Que al través de mi frente pueda pasar el aire
como al través de la copa de un arbusto
o la blusa de briznas de una niña.

¡Y que cualquiera tarde, pueda irme de mí mismo,
al través de mis poros, en mi aliento,
con la huida de música descalza del deshielo!


Julio Huasi
Argentina, 1935- 1987
poetumbre

te maldigo, poesía,
por tus senos perdí los más querido,
bello rapto mío con la pistola en la sien de los dioses
te arrastré por la feria, fábricas de angustia, todo el fangal,
y estabas matadora desnuda o encapuchada de azucenas,
te ahogaba en gin pero siempre emergías solícita
y arrebatadora con tus uñas de tigra fatal,
kyrie eleison, miserere, arrójanos un cable de luz en el turbión,
puta mía, que será de nosotros


Guillermo Coulter
Argentina
La alevosía de los contornos

El cauce marginal de un río
sobrio, omnipresente, alentador
de verdes fuertes,
bocetos rayados de aprendiz.
Espejos reacios a brindar
el reflejo de otras miradas grabadas
como el aceite caliente
que salta y se estampa.
Aquí llovizna la melodía,
el baile ancestral,
la hipnosis de la serpiente huidiza
clavada sobre tus expectantes bahías.
Apabúllame, oblígame, enciéndeme
de hojas crepusculares.
Un sortilegio ha perdurado
dando paso al áspero refugio
mineral y subterráneo
de canales frescos
que forman las palmas de mis manos
unidas en canastilla.


Miguel Ferreira
Argentina
Hoy

No cuento para mí
Cerradas las hojas de mi diario
Camino mis poesías de memoria
Escucho el murmullo de algo
Una historia de padres lejanos
De hijos en destierro obligado
En búsqueda del estar bien
De otras calles, otros rumores
Otros de más allá
De mis jardines con lilas
De mi guayubira y el mirto
De los perros de calle oscurecida
De la melodía que acaricia los cuadros en la pared
Se hace serpentina y envuelve las sillas y el cuadro
En el que sonríe una mujer
llamada ausencia.


Sergio Infante
Santiago de Chile, 1947
Dédalo

Aquì, bajo el tamiz del làpiz y la rama,
donde el sol y los copos se revuelcan, se apagan
y son el contorno de mis botas sobre las ùltimas hojas.
Aquì, con mis costados semejàndose a estos troncos
que ennegrecen destrinados y desolados del viento, incluso
cuando les silbo o me apoyo en ellos para reconocerme
en cuerpo y no en ànima que ambula y simula
su madera, su majadera f`òrmula de huir, su formalina.
Aquì, no en el asiento del tren donde escribo,
donde tampoco acabo nunca de llegarme, menos
en la pantalla en que corrijo y me escarbo
de todo lo que estorba con ìmpetus de toro cebado
en sìmbolos, aburrido de èstas mis estrechas veredas
y mis verdades en ellas jadeando, hediendo a vanidad,
sobre sus clamores concèntricos, sus pasmados pasillos,
sus hilachas sobadas màs de aracne que de Adriana.
Aquì, ahora atrapado en este bosque nòmina,
que la nieve, nombrada, calmosamente anega y niega
y que una luz làzara y final, llamada no llameante,
recobra, camino y columbro sin encontrar la salida,
sin ocuparme siquiera de encontrar salida.

De El amor de los parias.
(enviado desde Mèxico por Antonio Leal)


Julio Pavanetti
Uruguay
“...todos estamos hechos de tiempo.”
Pilar Blanco
...a mis hijas

Legado

Cuando yo me vaya, mi pequeño teléfono celular
seguirá sonando durante un cierto tiempo,
mientras no se agote su batería de cadmio
y mientras aquellos que me solían llamar,
no se cansen de escuchar
las retumbantes voces del silencio.
Cuando me vaya, mi casilla de correo electrónico
se irá llenando poco a poco de mensajes,
de forwards, cadenas y de inútil publicidad,
y todavía quedará espacio para los hoaxes,
y para un mensaje olvidado
de algún despistado amigo virtual.
Cuando me vaya, nadie tendrá que cargar
con el cúmulo de errores que he cometido,
pues intentaré no dejar deudas pendientes
pero tampoco dejaré mucho para heredar;
no dejaré a mis hijas mucho dinero,
origen de casi todo el mal,
pero sí les dejaré una buena educación
y unos cuantos libros como bagaje cultural,
un archivo lleno de ejemplos y consejos,
para que se puedan defender y sepan estar,
para que no echen de menos mi falta,
y para que siempre puedan caminar,
sin altivez, pero con la frente bien alta.

Cuando yo me vaya, dejaré...
no, mejor lo haré ahora,
porque entonces será muy tarde.
Ahora..., que avanzo inexorablemente
hacia la bella incertidumbre de la nada,
ahora... que aún pienso en el viento,
en los árboles, en el sol, en el mar,
y en este instante de vida espléndido
que voy abandonando bajo el firmamento.
Mejor ahora que, como de un sueño,
emergiendo desde mi última soledad,
viene a mi memoria, con su aire caribeño,
la excelsa pluma de Eliseo Diego y su “Testamento”.
Les dejo el mismo legado final, espero no lo pierdan,
ya que es el mejor tesoro que les pueda dejar
pues lo necesitan para ser, ojalá lo atesoren.
Les dejo lo más preciado: “el tiempo... todo el tiempo”.


Hamlet Lima Quintana
Morón, Argentina, 1923- 2002
Hay que llegar a la cima...

Hay que llegar a la cima, arribar a la luz,
darle un sentido a cada paso,
glorificar la sencillez de cada cosa,
anunciar cada día con un himno.
Hay que subir dejando atrás el horror y los fracasos
arrastrarse y horadar la piel para ascender
y cuando por fin lleguemos a la cumbre
entonces, darnos vuelta
y estirar las manos hacia abajo
para ayudar a los que quedaron rezagados...


Floriano Martins
Brasil
Infinito em silencio

Uma árvore tremeluz refugiada em sombras.
Corpo suando um mistério aplicado às veias
que se deslocam: vultos cujo eco de sílabas
invade a véspera de teus rumores, a sábia
precaução dos sentidos, edificando teu nome.
Para aqui viríamos, para o auge dessa pedra
com que ilustras as páginas de um sonho.
Uma árvore movente em aforismos dispostos
a alcançar a ribeira dos suspiros, os lábios
secretos do dilúvio, o disfarce de rastros
de que irrompe a flor de teus tornozelos.
Voragem de névoas a conservar em risco
a noite de úmidos espelhos de tua carne:
tumulto singelo o beijo com que me acolhes.



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Escrito por Carmiña Candido Daverio
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