Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

[islanegra] revista Isla Negra / 107

Archivado en Revistas literarias • Fecha: 15-07-2007 10:04:11

Isla negra /107- Especial hijos. 3-07-07


Khalil Gibran- Libano, 1883-1931- Tus hijos
Miguel Hernández- Orihuela, España, 1910-1942- Nanas de la cebollaLeopoldo Panero- Astorga, España- 1909- 1962- Hijo Mío
Juana de Ibarbourou- Uruguay, 1892-1979- La cima
Juan Daniel Perrotta- Argentina- En la playa
Mario Jaime- México- Hija mía
Marilina Rébora- Buenos Aires, Argentina, 1919-1999- A mi hijo
Gustavo Lespada- Uruguay-Argentina - Ad inferos
Enrique Barrero- España- Comete mil errores
Julio Pavanetti- Montevideo, Uruguay, 1954- 1. Cuando el viento los impulsa
César Bisso- Argentina- Rituales
Vicente Rodríguez Nietzsche- Puerto Rico- Para conocer a un niño
Cristina Domenech- Buenos Aires, Argentina- Desgeneración
Aldo Luis Novelli- Neuquen, argentina- Cuando el mendigo lo detuvo...
De Miguel Crispín Sotomayor- Cuba- Quisiera ser
Elsa Tiò- Puerto Rico- Oración de mi entraña
José Martí- Cuba, 1853- 1895- Hijo del almaVíctor Jiménez - España, 1957- La dicha
Estela Smania- Argentina- A mis hijas que se han ido
Liliana Chavez- Argentina- Doce días
PaulaWinkler- Argentina- A mi hija
Amalia Carrera- Colombia- Abóname en el campo
Miguel Angel Chinchilla Amaya- El Salvador- Para Lucre y Gabo
Cora Frerking- Escobar, Argentina- Hijos
Claudio Simiz- Argentina- Los hijos
Robert Gurney- Inglaterra- Shaw's Corner
Ulises Varsovia- Chile- Hijos
Carmen Conde- España, 1907- 1996- Canción al hijo primero
Alicia Perrig- Argentina- Algo de mí
Daisy Zamora- Nicaragua- Hijo
Gabriela Mistral - Vicuña, Chile – 1889- 1957- Devuelto
Rolando Revagliatti- Argentina- hijos para (no) sacarle el cuerpo a la muerte
Gisela Ramos- Cuba- A mi niña...
Wenceslao Maldonado- Argentina- 1 Paternidad de sombra
Juan Pablo Angelone- Rosario, Argentina, 1967- H.I.J.O.
Mery Sananes- Argentina- Para Ana Laura
Juan de Dios Peza- México, 1852- 1910- A mis hijas
Virgilio Primitivo- Santa Fe, Argentina- Leyes
Gonzalo Rojas- Chile- Crecimiento de Rodrigo Tomás
Adriano Corrales - Costa Rica- Carta al hijo
José Agustín Goytisolo- España- Palabras para JuliaJosé Larralde- Argentina- De: Herencia pa’ un hijo gaucho (Fragmento)
Ana Rosetti- España- Nueve
José Emilio Tallarico- Argentina- Escena Familiar
Gabriel Impaglione- Argentina- Desde vuestras manos

con un fuerte abrazo
gabriel


Isla Negra 3/107
Casa de poesía y literaturas
Julio 2007- Especial Hijos
suscripción gratuita. Lanusei,Italia. Dirección: Gabriel Impaglione.
Publicación inscripta en el Directorio Mundial de Revistas Literarias UNESCO
revistaislanegra@yahoo.es - http://isla_negra.zoomblog.com

Khalil Gibran
Libano, 1883-1931
Tus hijos

Tus hijos no son tus hijos
son hijos e hijas de la vida
deseosa de sí misma.
No vienen de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo
no te pertenecen.
Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas,
viven en la casa del mañana,
que no pueden visitar
ni siquiera en sueños.
Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede,
ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual, tus hijos
como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación
en tu mano de arquero
sea para la felicidad.



Miguel Hernández
Orihuela, España, 1910-1942
Nanas de la cebolla

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.
Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.
Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!
Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.
Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!
Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.
Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.



Leopoldo Panero
Astorga, España- 1909- 1962
Hijo Mío

Desde mi vieja orilla, desde la fe que siento,
hacia la luz primera que toma el alma pura,
voy contigo, hijo mío, por el camino lento
de este amor que me crece como mansa locura.

Voy contigo, hijo mío, frenesí soñoliento
de mi carne, palabra de mi callada hondura,
música que alguien pulsa no sé dónde, en el viento,
no sé dónde, hijo mío, desde mi orilla oscura.

Voy, me llevas, se torna crédula mi mirada,
me empujas levemente (ya casi siento el frío);
me invitas a la sombra que se hunde en mi pisada,

me arrastras de la mano... Y en tu ignorancia fío,
y a tu amor me abandono sin que me quede nada,
terriblemente solo, no sé dónde, hijo mío.



Juana de Ibarbourou
Uruguay, 1892-1979
La cima

Si yo supiera de qué selva vino
el árbol vigoroso que dio el cedro
para tornear la cuna de mi hijo...
Quisiera bendecir su nombre exótico.
Quisiera adivinar bajo qué cielo,
bajo qué brisas fue creciendo lento,
el árbol que nació con el destino
de ser tan puro y diminuto lecho.

Yo elegí esta cunita
una mañana cálida de enero
mi compañero la quería de mimbre,
blanca y pequeña como un lindo cesto.
Pero hubo un cedro que nació hace años
con el sino de ser para mi hijo,
y preferí la de madera rica
con adornos de bronce ¡Estaba escrito!

A veces, mientras duerme el pequeñuelo,
yo me doy a forjar bellas historias:
tal vez bajo su copa una cobriza
madre venía a amamantar su niño
todas las tardecitas, a la hora
en que este cedro, amparador de nidos,
se llenaba de pájaros con sueño,
de música, de arrullos y de píos.

¡Debió ser tan alto y tan erguido,
tan fuerte contra el cierzo y la borrasca
que jamás el granizo le hizo mella
ni nunca el viento doblegó sus ramas!

Él en las primaveras retoñaba
primero que ninguno. ¡Era tan sano!
Tenía el aspecto de un gigante bueno
con su gran tronco y su ramaje amplio.

Árbol inmenso que te hiciste humilde
para acunar a un niño entre tus gajos:
¡Has de mecer los hijos de mis hijos!
¡Toda mi raza dormirá en tus brazos!
Juan Daniel Perrotta
Argentina
En la playa

Chachitas desgarbadas
rayito de luna
Princesa maya gomitando estrellas
en el ombligo de dios
Amorcito alacrán
que muerde tanto
duele fuerte



Mario Jaime
México

Hija mía, ¿Qué te nombro?
¿Filosofías absurdas que claman sobre un dios inexistente?
¿Ráfagas de consumo? ¿Dinero sobre sangre?
Nacerás en plato mórbido, aluminio sin barroco
Tratarán de clonarte
Tu generación de máscaras sin alma, sin ideales
No soy sabio ni profeta
Estoy a salvo de la mentira religiosa y el manantial vomitivo de las masas
Mas no de la ola radioactiva
Ni del Imperio maligno de cualquier sociedad
Cuando tus manitas levanten desilusión y amargura
Y los pájaros sin alas intenten imponerte doctrinas
Preguntarán tus ojos a mi pecho
¿Padre…entonces…qué es esto?
¿Porqué el ser o la existencia?
Y yo te mostraré el color del agua
El trino extinto de los saurios
Los perfumes del último bosque heroico
La luz entre las nubes
Y diremos juntos:
Sí, Sí
Todavía lejos y cerca, todavía



Marilina Rébora
Buenos Aires, Argentina, 1919-1999
A mi hijo

Alguien dijo que recuerdas
un niñito de Murillo,
y en verdad que lo pareces
por tu gracia y por tus rizos.
Tienes cabellos castaños,
ensortijados y finos
con algo de oro en las sienes,
como si fuera rocío.
La tez pálida y morena,
negros ojos expresivos
que miran llenos de asombro,
como miran los del niño.
Estabas con tus juguetes,
de pie sobre el ancho piso,
cuando te vi de repente
junto al blanco corderillo;
y al mismo tiempo la imagen
que tuviera en el olvido
apareció viva y fuerte,
tan clara como un prodigio.
Sin perder un solo instante,
entré de un salto al recinto
y trepando como pude
saqué el Cristo de su sitio,
colocándolo a tu lado
según era mi designio.
Y después, en un arranque
de ternura y de cariño,
orgullosa más que nunca
de mi hijo y de mi niño,
exclamé dándote un beso
en ese rostro tan lindo:
«¡Eres el San Juan Bautista
más delicioso que he visto!»


Gustavo Lespada
Uruguay-Argentina
Ad inferos

La palabra
que vuelve del horror, ¿lo nombra
en el infierno de su inocencia?
Juan Gelman

para todos aquellos que tuvieron
perros clavados en las ingles con grandes
frentes negras / y hoy son mucho más que uno
bajo la gran luna de polvo y hueso / para aquél
que sostuvo hay que batirse amando / y para el
que en vez de callar dijo / nos venden compañero
nos liquidan nos reprimen / para el que trajo a la luz
las voces enterradas / eso que toca al mundo
y lo transforma / y al que le habló a los hijos
de las sombras / y al mundo desgraciado dio
la vida para que nada siga como está
y al que busca su sangre revolviendo
en telarañas y no le cabe tanto dolor
adentro tanto día explicándole a su hijo
que está muerto / que él es el que mataron
y mataron / o que los agujeros tienen alma y
para quien renunció a formar fila para morir
y para el que abrió / una grieta celeste
en el pozo dos por uno caminando
al encuentro con su padre

para todos ellos tengo
una deuda / una flor con pétalos
de espinosa vergüenza / como si no pudiera andar
impunemente por la ausencia o el verbo
arrancado de voz y de no puedo
impunemente de poder
no puedo

y por aquél que no
conociera / el que a tu lado
aquél que te contara cuentos te llamara
hormiguita viajera / qué no daría por dártelo traerlo
que tomara de nuevo tu cabeza entre sus manos
qué no diera por sacarlo del grito / rescatarlo
de tu dolor ajeno y que por eso
tan tuyo
y que no cesa

de Naufragio, Buenos Aires, Libros de Tierra firme, 2005.

Enrique Barrero
España
Comete mil errores

Hay quien pasa la vida lamentando
los yerros cometidos, los errores,
hombres que inventan tercas coartadas
para excusar la inercia de sus vidas
y consentir su rostro en el espejo.
Ha quien pasa su tiempo encadenado,
retornando a un instante, escondido
tras gruesas barricadas de defensa,
intentando que el mundo no le aboque
de nuevo a la verguenza o la derrota.
En cambio, yo te digo: comete mil errores.
Verás qué dignidad cuando tu sangre
se derrame, de pronto, en las aceras,
qué amor conseguirás cuando te fundas
también con los errores de los otros.
Yo te digo: Tropieza sin reparo,
verás cuánta verdad, cuánta enseñanza
tras cada cicatriz vas descubriendo,
cuánta forja la espada de tu empeño
el yunque imperturbable del fracaso.

De: Fe de vida, Colección de poesía Ángaro, Sevilla, 2007.



Julio Pavanetti
Montevideo, Uruguay, 1954
1. Cuando el viento los impulsa

...a Fiorella y Gabriela

Desplegadas sus alas como pájaros sueltos,
del nido ya se escapan nuestros hijos queridos,
dando forma a los mapas de la tierra y erguidos
en las cabalgaduras de sus sueños resueltos.

La ventana del tiempo, con cristales disueltos,
nos devuelve, desnuda, los recuerdos vividos
y descubre una lágrima en los soles perdidos
que desciende azarosa por sus lados revueltos.

Su presencia, que ayer resplandecía en la cuna,
se va empapando suave, como esponja porosa
en las sábanas de una geografía escarpada.

Y con vuelo jocundo al borde de una laguna,
libres, van planeando su futuro de rosa,
para al fin iniciar, solos, su senda anhelada.

César Bisso
Argentina
Rituales

Es placer matinal de mi hija
desintegrar fideos crudos
a mordiscos lentos y ruidosos.

Desentrañar noticias perversas
fraguadas en oráculos del poder
mi silente faena cotidiana.

Entre el alborozo y la congoja
comienzan a bullir en orfandad
su fascinación y mi desconcierto.


Vicente Rodríguez Nietzsche
Puerto Rico
Para conocer a un niño

MADRE
Sentado en tu interior ignora el hijo
que altera tus tranquilas emociones.
Necesita cambiar sus posiciones
simplificarte el parto estarse fijo.

NIÑO
Que tu postura actual se invierta elijo
pedirte con el canto y selecciones
otro estarte dormido en los salones
de su matriz cambiarte ya te exijo.

MADRE
Que libere tu duda de cuchillo
volteándose despacio y se acomode
para saltar al aire en suave anillo.

NIÑO
No dejes que tu madre se incomode
pensando en los trastornos que sencillo
podrás hacerle el parto que la jode.


Cristina Domenech
Buenos Aires, Argentina
Desgeneración

Imago imagen imagino
Esta casa duele de hijo, duele
el arroz desgranado por las voces
Abrir el juego, tirar las cartas:
hay una reina de espadas
espadas, palabras, una reina de palabras
bastos para atravesar la costa más lejana
como si huyera en la muerte del tiempo
El hijo persigue esa astucia mineral
donde escribe el perro tendido y santo,
si parecen un manojo de letras.

Desde la trastienda del cielo
despierta un gato que mira y arquea
el lomo como un arco iris.

Imago, imagen, imagino

(mejor es que vayan muriendo los perros antes que yo)

porque también duele de madre
la casa sin palabra sin espada ni bastos
y no sabe leer
el monótono mito de los días que jamás retornan


Aldo Luis Novelli
Neuquén, Argentina
Cuando el mendigo lo detuvo en medio de la calle para pedirle unas monedas

a Manuel Mauricio Zuñiga
Él le dio una perorata sobre la dignidad del trabajo
y la miseria moral de la dádiva.
“La esperanza es lo último que se pierde” le dijo finalmente.

Y se alejó caminando con su maletín de cuero negro y su traje impecable
hacia la refrigerada oficina de grandes cristales
del decimocuarto piso del imponente rascacielos.

El otro, con un saco sucio y arrugado
de dormir en los bancos de la plaza,
con el hambre de tres días sin comer más que un caramelo
que le convidara un niño de la calle,
aceptó el consejo que le diera ese joven ejecutivo,
corrió detrás de él hasta llegar a su espalda
le apoyó el cuchillo en las costillas
y le exigió todo el dinero que llevaba.

Horas más tarde entró en su casa
vio el rostro compasivo de su mujer
y la alegría de sus hijos cuando les dijo:
papá les trajo comida
hay fruta, pan, leche y carne
nos haremos unos ricos churrascos con ensalada
y seremos felices para siempre
porque hay algo importante que quiero decirles:
“la esperanza es lo último que se pierde”.-


De Miguel Crispín Sotomayor
Cuba
Quisiera ser
A Ivonne, en su décimo cumpleaños.
Quisiera ser camino
para guiar tus pasos
ser vela que te alumbre
cuando la oscuridad
desconozca tus ojos.

Lucero quiero ser.

Un pájaro que vuele
adonde siempre estés
el pañuelo que oculte
todos tus desconsuelos.

Todo eso quiero ser.


Elsa Tiò
Puerto Rico
Oración de mi entraña

A mi primer hijo antes de nacer
José Ricardo Coleman Tió

Tu corazón tiembla en mi vientre
cada vez que te mueves,
giras como un astro en mi universo,
y yo soy tu universo,
tu infinito rincón y tú horizonte.
Tú conoces mi entraña
Yo a ti no te conozco.
Tú serás mi horizonte,
yo soy tu territorio,
tu pedazo de tierra, de raíz y de patria.
Te presiento y te quiero
con un temor extraño de perderte
y un deseo inefable de mirarte a los ojos
de presentarte el árbol y la luna
quisiera conocerte en las palabras
pero aún no tienes gesto ni memoria.
Vives en lo profundo de la ausencia
Rodeado por las voces del silencio.
Eres la forma de mi cuerpo y mi sangre,
un poco de mi llanto y mi alegría,
la soledad oscura de la tierra,
el implacable amor que me devora.
Oración de mi entraña
parcela de mi alma
destinado a sentir lo que yo siento.


José Martí
Cuba, 1853- 1895
Hijo del alma

Tú flotas sobre todo,
Hijo del alma!
De la revuelta noche
Las oleadas,
En mi seno desnudo
Déjante el alba;
Y del día la espuma
Turbia y amarga,
De la noche revueltas
Te echan las aguas.
Guardancillo magnánimo,
La no cerrada
Puerta de mi hondo espíritu
Amante guardas;
Y si en la sombra ocultas
Búscanme avaras,
De mi calma celosas,
Mis penas varias,—
En el umbral oscuro
Fiero te alzas,
Y les cierran el paso
Tus alas blancas!
Ondas de luz y flores
Trae la mañana,
Y tú en las luminosas
Ondas cabalgas.
No es, no, la luz del día
La que me llama,
Sino tus manecitas
En mi almohada.
Me hablan de que estás lejos:
¡Locuras me hablan!
Ellos tienen tu sombra;
¡Yo tengo tu alma!
Ésas son cosas nuevas,
Mías y extrañas.
Yo sé que tus dos ojos
Allá en lejanas
Tierras relampaguean,—
Y en las doradas
Olas de aire que baten
Mi frente pálida,
Pudiera con mi mano,
Cual si haz segara
De estrellas, segar haces
De tus miradas!
¡Tú flotas sobre todo,
Hijo del alma!


Víctor Jiménez
España, 1957
La dicha

Tal vez la dicha sea, entre otras cosas
cotidiana y hermosamente simples,
venir, como esta tarde, a recogerte,
a la salida del colegio, ¿sabes?,
y bajo el sol dorándose en tu pelo,
llevarte de la mano y sorprenderme,
como si del olvido regresara,
de ver que ya me llegas justo al pecho
y de lo mucho que a ella te pareces;
y al aire nuevo de la primavera,
pasear por el parque y de palomas
llenarme el corazón y la mirada
cuando alegre me cuentas que sacaste
un siete en Naturales y que Bea
te ha invitado a su fiesta de cumpleaños.
Acaso sea la dicha, como tú,
una niña traviesa que se esconde
detrás de una caricia o de la puerta
de esta cafetería donde estoy
merendando contigo mientras Laura
Pausini, tu cantante preferida,
se pregunta en estéreo ¿POR QUÉ NO?

De Las cosas por su sombra, 1999


Estela Smania
Argentina
A mis hijas que se han ido
1
Ya nada será igual, te digo.
Verás, será mejor, me dices.
Y te creo.
Tal vez porque setiembre
ya está sobre la casa, sobre esta casa nuestra.
Tal vez,
porque nunca me has mentido.

2

La mano abierta de la noche se precipita
sobre las almohadas.
Sólo la lámpara resiste.
Ella oye que respiran, que jadean, que sueñan.
Y se han ido.

3
Con tres pares de manos en las mías
podía.
Con las manos vacías...


Liliana Chavez
Argentina
Doce días

Sofreno. Atraigo hacia el pecho
las riendas.
Inesperado precipicio.
Quejido de abismo el de la piedra al desmoronar.
Pero es otro el desgarro.
Es a él.
Es a mi hijo
a quien acecha el vacío.

No lo hallará quien rastrea.
No importa sobre qué molienda
deba arrodillarme.
Impugnaré si es preciso al destino.
No es tiempo de arrancar una de mis ramas.
No se avanza fácilmente sobre un espigón de fe.
A las venas ingresa el suero de la espera.
Recién cuando acuña la certeza
que la sangre de las horas es exhibida
ante un caníbal ya saciado,
Entonces,
sólo entonces toman vida las cosas alrededor.

Hablan entre sí ahora las agujas del reloj.
El viento vuelve en busca de resquicios:
hendijas por donde remover los sentidos.
La aparente recta del final escarcea.
Desbandan pájaros grises hacia otras miradas.
El sol derrite la escarcha días tendida sobre el miedo,
Mientras, yo misma – aliviada – desconecto el respirador
que mantuvo doce días el dolor con vida.


PaulaWinkler
Argentina
A mi hija

Quisiera anular los tiempos
(cuando la palabra se devoró el gesto)
o, como en la moda,
unir los retazos
para un vintage de la vida.
Deslizarme como un mago
entre sus sábanas de niña
y animarme a bailar
un rock o una lambada,
hasta un tango
o también coserle un traje nuevo.
Todo eso quisiera, pero no puedo
pues como el mar
en la misma ola renazco.
Querría anular el peso que se arrastra
de repetir una y otra vez el mismo error,
para poder decirle
lo secular, lo humano,
aquello que el ajetreo de la palabra
trasformó en banal,
lo único que una hija espera oír “Te quiero”.
Pero no me basta (ni le basta),
por eso, le pediré a la luna
me ayude con nuestro vintage de vida.
Será tan armonioso y bello ese vintage
que madre e hija seremos exhibidas
en las vidrieras de todos los negocios
de la alta costura del planeta.
Amalia Carrera
Bucaramanga, Colombia
Abóname en el campo

Abóname en el campo niña mía
Cuando mi alma se desprenda hacia la eternidad.
La tierra con la tierra,
La que no es de nadie
Y es de todos.
La tierra de mi herencia
Y de tu heredad.
Abóname en el campo
No en el mar,
El polvo al polvo
Y el alma al PADRE.
Así,
Partiré cumpliendo mi derecho
De poseer la tierra.
Así,
Romperé el encanto
De quien se cree dueño.
Así,
Gritaré eternamente LIBERTAD.
Abóname en el campo mi lucero
Y escucharás mi canto en la mañana
Y vestirás tu mesa con mi aroma
Y en el silencio,
Bendecirás a DIOS.
La tierra con la tierra
El polvo al polvo
Y la vida a la VIDA.
Amén.


Miguel Angel Chinchilla Amaya
El Salvador
Para Lucre y Gabo

Las hijas y los hijos
Son, cuando crecen
El dedo índice, tan agudo
Según haya sido el rol
De cada madre cada padre
En el proceso de crecimiento.

Bendecir por ejemplo
Las fechas de nacimiento
Es un acto de agradecimiento a Dios
Por un año más o un año menos
(Según el lado desde donde se vea)
De estar juntos, amándonos y perdonándonos.

Deseo entonces
Para mi par de géminis
En este su junio del año del Señor
Lo mejor en el presente y en el futuro.
Deseo un hombre y una mujer de fe
De beneficio para la humanidad
Se lo pido a Dios
Con la intercesión de monseñor Romero
A quien por siempre los encomiendo
Los amo.

Su papá
Cora Frerking
Escobar, Argentina
Hijos

Como un viviente cuerno de abundancia,
más les daba, más quedaba para darles.
Hasta hoy.

Hay signos de que se acerca la hora:
Ya no vienen a mí; yo voy a ellos
forzando mi presencia entrometida
ávida de que el timón me pertenezca.

Encandilados por su sol en alto
ven en mi crepúsculo
al ancestro que cumplió su tarea.

Comienza la devolución más desgarrante,
porque nunca fueron propiedad de alguien;
abordaron el motivo de mi vida
por un lapso, solo en préstamo.
Y la misma ley que hace real la paradoja
de dar todo y no quedar vacía
es la que hoy los obliga a partir.
Estremece que no requieran andar de mi mano
pero la ley ineluctable se obedece.

Despliegan alas, que comencé a construirles
y ellos concluyeron... y se van alejando.
Aquí me quedo, mirándolos en vuelo
conocer el amor, armar sus nidos
y madurar tan fuertes como hube presagiado.

Les entrego, por último, mi autoridad materna
y desde el dolor de una etapa bella que termina,
la paradoja me envuelve de nuevo:
Puedo volar en ellos, nunca estaré vacía
porque este adiós pretende un hasta siempre.


Claudio Simiz
Argentina
Los hijos

Y mientras el esclavo,
y el siervo
y el mensú
y el obrero
engendraban sus hijos,
el amo hacía cuentas
y contaba
las monedas de carne encadenadas
en su cofre de hierro.
En cambio
el esclavo
y el ciervo
y el mensú
y el obrero
danzaban,
lloraban
y reían
porque sabían que engendraban hombres

de "La mala palabra", 1997


Robert Gurney
Inglaterra
Shaw's Corner

La paz
es indescriptible
como lo es
la vista
desde esas
sillas
al lado
de la puerta
de la casa
de Shaw.

Mi hijo
estuvo sentado
en una,
yo
en la otra.

Aspiramos
el silencio.

de Poemas a Luton
Shaw's Corner es una casa donde George Bernard Shaw vivía


Ulises Varsovia
Chile
Hijos

Hijos los hijos inéditos aún,
sin ser su substancia por años
guardada en mis venas,
corriendo en mi sangre su vida increada,
morada mi vida de vidas nonatas.

Un hijo recorre mi sangre
y quiere emerger a crearse,
sus ojos dormidos contemplan el mundo
a través de mis ojos,
su mente atesora en la bruma.

Aquello que he visto serán
sus recuerdos secretos,
sus sueños saldrán de estos días
a gobernar su reposo,
y aunque no quiera saber
cómo fueron sus pasos errando,
aunque su vida se niegue a creer
que ha vivido en mi vida,
hijo será su destino
de todas las cosas que ocurren.

Depositada tu vida en el tiempo,
serás el que he sido con otros atuendos,
serás en otoño, hijo mío,
serás por las lluvias ungido,
y el mar de las costas nocturnas
tus ruidos filiales.

Ahora contempla a tu madre
que aún no conoce tus rasgos,
mira la estirpe matriz
de donde saldrás, deslumbrado,
y dinos que quieres venir a ser nuestro.

Dinos que es bello el planeta
que para ti hemos creado;
dinos que amas la luz
que encendimos por ti en la montaña;
dinos que quieres que sea tu madre
mi esposa,
y yo tu padre, hijo mío.

Déjanos ser el amor,
la lumbre radiante que abrigue
tus años desnudos y ciegos.

Déjanos ser la ternura
abrazada a tu vida,
la dulce palabra cayendo a tu oído,
el beso cayendo en tus labios.

Y cuando quieras saber
cómo eras cuando aún no existías,
cuando tus sueños se llenen
de obscuras evocaciones,
ven a leer nuestros ojos,
ven a tocarnos la frente,
bebe tu historia secreta
en nuestros labios callados.

de Cólera de amar (1977)


Carmen Conde
España, 1907- 1996
Canción al hijo primero

Hijo de la tierra,
te arrojó el Jardín.
Aunque veas sombras
no quieras lucir.
Tu madre era bella,
la secan los vientos.
Tu madre era tierna,
se quema en el yermo.
Tu madre mordía
la flor del manzano,
cuando el hombre puso
tu vida en su mano.
Tu madre sembraba
contigo el centeno,
cuando tú bebías
la leche en su cuenco.
Hijo de la ira
de Dios implacable.
No podrá salvarte
del odio tu madre.
No duermas, vigila.
No duermas, despierta.
Te amenaza fría
la heredad desierta.
Te persiguen ojos
sin dulce descanso.
Te aborrece eterna
del Creador la mano.
Las gacelas corren:
correrás tú más.
Los leones saltan:
tú debes saltar.
Los arroyos huyen:
tú tienes que huir.
Aunque yo lo quiera,
¡no puedes dormir!
No duermas, escucha.
No duermas, acecha.
Silbarán las aves
sobre ramas ebrias
para hacerte leve
esta oscura tierra.
Escúchame, hijo:
no duermas, no duermas...
Por todos los siglos,
¡no duermas,
no duermas!


Alicia Perrig
Argentina
Algo de mí

No me veo
en el respingo de su perfil
ni en el azúcar quemada de sus ojos
no me veo
sentada sobre sus talones
ni en la paloma de su mirada

no estoy
en su ansiedad que no admite incertidumbres
ni en la minuciosidad de sus finanzas
no estoy
en su encuentro con el cine
ni en el sueño que a veces no la alcanza

no tiene
el ritmo de mis oídos
ni lleva mi boca
ni mis dientes
ni mi piel
no le pesa
mi obsesión por el orden
ni carga
con las curvas caprichosas de mis pies.

Pero cuando llega como un torbellino
y me abraza con su inquietud de alas
cuando me sumerge en los rápidos de su juventud
cuando sus pupilas urgen cristales
y ante la injusticia no claudica su voz
cuando me despliega el atlas de su alma
pintado de sueños
proyectos
y ganas
hay algo de mí que en ella se expande
y hace que mi estirpe
se sienta halagada.


Daisy Zamora
Nicaragua
Hijo
A Joaquín Ernesto

Que mis palabras logren alcanzarte.

Atraviesen bosques, praderas, desiertos, cordilleras.

No las distraiga el bullicio en las ciudades
ni se entretengan por ríos y lagunas.
No equivoquen la ruta y perezcan ahogadas
en algún lago o mar.

Que lleguen a su hora.

Una brisa de oro las conduzca a tu puerta
y entren a posarse en tu cabeza
como una bandada de jazmines.

Y en albo remolino, deshojadas,
guarden tu corazón con una música
que apacigüe el fragor del huracán.


Gabriela Mistral
Vicuña, Chile – 1889- 1957
Devuelto

A la cara de mi hijo
que duerme, bajan
arenas de las dunas,
flor de la caña
y la espuma que vuela
de la cascada...
Y es sueño nada más
cuanto le baja;
sueño cae a su boca,
sueño a su espalda,
y me roban su cuerpo
junto con su alma.
Y así lo van cubriendo
con tanta maña,
que en la noche no tengo
hijo ni nada,
madre ciega de sombra,
madre robada.
Hasta que el sol bendito
al fin lo baña:
me lo devuelve en linda
fruta mondada
¡y me lo pone entero
sobre la falda!


Rolando Revagliatti
Buenos Aires, Argentina
hijos para (no) sacarle el cuerpo a la muerte

hijos para descargarse
hijos para arrepentirse
hijos para pulsear
hijos para evidencia
hijos para transacciones
hijos para los tótemes
hijos para herederos
hijos para equivalencias
hijos para pensarse
hijos para matices

hijos para
suavizar asperezas
hijos para
constituir jugueterías
hijos para
“cambio chico”
hijos para
consumo interno
hijos para
adherir a causas perdidas
hijos para
causas mixtas

hijos para que lo sean todo
hijos para sostener la brega del odio
hijos para restituir la dignidad
hijos para justificar un fin
hijos para efectos de extrañamiento
hijos para estar en el medio
hijos para estimular a los finos nosólogos
hijos para ser los hijos mentados
hijos para ser los padres mentados
hijos para hacerse fama y echarse a dormir

hijos para
decirlos


Gisela Ramos
Cuba
A mi niña...

Eres el pedazo de tierra que amo,
su olor, su belleza y su elegancia
La palma que a tu paso meces,
el río que suena, el viento que danza mi cuerpo,
el canto que hechiza mi mundo .
Eres la niña buena y bella, morena y delirante
que le hace jugarretas al sol y halaga a las olas.
Eres la esplendida estrella que me hace libre el corazón y las palabras.
No tengo para darte nada igual a lo que ofreces
solo puedo amarte con ráfagas de besos encendidos
Apenas tengo para ti sueños viejos, perdidos
y la desbordada claridad de mi intelecto.
Tu corazón toca el mío, le das fuerza y ya no soy sin ti...
He sido una mujer afortunada.....


Wenceslao Maldonado
Argentina
1

Paternidad de sombra
me resbala
de los brazos abiertos

Huérfano de mi hijo,
lloro contra mis palmas,
grito sobre la mano.

Un puñado de voces
se me escurre enseguida
de los dedos cerrados.

Hablo a fotografías
que sonríen recuerdos
de los últimos años.

2

La figura del hijo se elabora
en la entraña viva
de la tierra.
En cambio, la invención del padre
es más bien una sorpresa,
hallazgo repentino de algún sueño.

Fue la historia del niño que buscaba
un padre, y es la misma
historia del hombre que quería
ser padre
de un hijo.

Las dos poesias pertenecen a: Paternidad de sombra. 2006- En memoria de su hijo Alejandro.


Juan Pablo Angelone
Rosario, Argentina, 1967
H.I.J.O.

Conocí ayer a mi Madre, pero eran Muchas.
Soñé con ella, más tarde.
Era esta vez una sola, como suelen serlo las madres.

Me abrazó con la fuerza de la Osa Mayor.
Me habló de su insomne locura, apenas contenida en su modesta osamenta.
Me confió sus mayores osadías.
Me pidió perdón por su involuntaria ausencia.
Se despojó de su uniforme, para amamantarme.
Bebí el rubor de su leche, preñada de historia y de sangre.
Me juró, Nunca Más, nos separarían.
Prometió presentarme a mi padre, el día que consientan bajarlo de Las Alturas,
mis hermanos de lechesangre.


Mery Sananes
Argentina
Para Ana Laura

Descendiste una mañana de abril
en un aluvión de cometas para desatar
las alas de tu risa en el recinto sagrado
de los manantiales
allí permaneciste anclada a los acordes del agua
hasta alcanzar la estación de capricornio
donde decidiste irrumpir en la noche
con el estruendo resplandeciente
de tu danza festiva

Desde entonces habitas los espacios
a galope de caballito de mar dibujándole
a la vida cadencias marinas y resonancias
de una séptima sinfonía que describió su vuelo
en el ámbito cóncavo de tus brazos extendidos

Tu tiempo de confitura procede de un futuro
que se bordó en tu interior cuando aún escalabas
los abismos del asombro
sólo que ya conocías la magia de los aleros
y habías mordido entre tus manos las semillas
de una granada en estallido de púrpuras

Ahora recoges en los rizos de tu cabellera
la siembra de risas ruqui-ruquis que detonaste
en los viveros del viento y te asomas sorprendida
al haz de espigas de trigo y miel que se tiñeron
de durazno sobre tu regazo

Ahora relumbras como luminoso coral
en crescendo hacia la estatura vertical de
colinas oceánicas y móviles que al compás
de las túnicas de Isadora deletrean la danza
de la vida en circunvalaciones de alegría

Ahora te toca dejar el registro musical
de sinfonías que aún no se han escrito
y que en el perfecto abecedario de sus sístoles
presagian estallidos incandescentes
en el corazón estelar de los geranios


Juan de Dios Peza
México, 1852- 1910
A mis hijas

Mi tristeza es un mar; tiene su bruma
que envuelve densa mis amargos días;
sus olas son de lágrimas; mi pluma
está empapada en ellas, hijas mías.

Vosotras sois las inocentes flores
nacidas de ese mar en la ribera;
la sorda tempestad de mis dolores
sirve de arrullo a vuestra edad primera.

Nací para luchar; sereno y fuerte
cobro vigor en el combate rudo;
cuando pague mi audacia con la muerte,
caeré cual gladiador sobre mi escudo.

Llévenme así a vosotras; de los hombres
ni desdeño el poder ni el odio temo;
pongo todo mi honor en vuestros nombres
y toda el alma en vuestro amor supremo.

Para salir al mundo vais de prisa.
¡Ojalá que esa vez nunca llegara!
Pues hay que ahogar el llanto con la risa,
para mirar al mundo cara a cara.

No me imitéis a mí: yo me consuelo
con abrir más los bordes de mi herida;
imitad en lo noble a vuestro abuelo:
¡Sol de virtud que iluminó mi vida!

Orad y perdonad; siempre es inmensa
después de la oración la interna calma,
y el ser que sabe perdonar la ofensa
sabe llevar a Dios. dentro del alma.

Sea vuestro pecho de bondades nido,
no ambicionéis lo que ninguno alcanza,
coronad el perdón con el olvido
y la austera virtud con la esperanza.

Sin dar culto a los frívolos placeres
que la pureza vuestra frente ciña,
buscad alma de niña en las mujeres
y buscad alma de ángel en la niña.

Nadie nace a la infamia condenado,
nadie hereda la culpa de un delito,
nunca para ser siervas del pecado
os disculpéis clamando: estaba escrito.

¡Existir es luchar! No es infelice
quien luchando, de espinas se corona;
abajo, todo esfuerzo se maldice,
arriba, toda culpa se perdona.

Se apaga la ilusión cual lumbre fatua
y la hermosura es flor que se marchita;
la mujer sin piedad es una estatua
dañosa al mundo y del hogar proscrita.

No fijéis en el mal vuestras pupilas
que víbora es el mal que todo enferma,
y haced el bien para dormir tranquilas
cuando yo triste en el sepulcro duerma.

Nunca me han importado en este suelo
renombre, aplausos, oropeles, gloria:
procurar vuestro bien, tal es mi anhelo;
amaros y sufrir tal es mi historia.

Cuando el sol de mi vida tenga ocaso
recordad mis consejos con ternura,
y en cada pensamiento, en cada paso,
buscad a Dios tras de la inmensa altura.

Yo anhelo que, al morir, por premio santo,
tengan de vuestro amor en los excesos:
las flores de mi tumba vuestro llanto,
las piedras de mi tumba vuestros besos.


Virgilio Primitivo
Santa Fe, Argentina
Leyes

Ella no atenta
contra las leyes de la Física
si, las del Álgebra

Porque su materia indivisible
estalla de submundos
su piel, plenamente medible
crece a la infinita noche
más allá de ella.


Gonzalo Rojas
Chile
Crecimiento de Rodrigo Tomás

Libre y furioso, en ti se repite mi océano orgánico,
hijo de las entrañas de mi bella reinante:
la joven milenaria que nos da este placer de encantarnos
mutuamente, desde hace ya una triple primavera.
¿Cómo reconstruirte si ya estás, oh Rodrigo Tomás,
estirando en furor tu columna, tu impaciencia de ser el monarca?
¿Cómo reconstruirte para mejor hallarte
en tu luz esencial, entre el fulgor de mis pasiones revolcadas,
y esa persecución que va quemando los cabellos de María?
No sé por qué te busco en lo hondo de lo perdido, en esas noches
en que jugué todos mis ímpetus por un espléndido abandono
en poder de las olas lúgubres y sensuales,
a merced de una brisa que me daba a gustar la ilusión del cautiverio,
donde el libertinaje hace su nido.
No. Tu raíz es una estrella más pura que el peligro.
Es el encuentro de dos rayos en lo alto de la tormenta.
Es el hallazgo de la llave que te abrió la existencia y el presidio.
Antes de verte, en nadie vi tus ojos tiránicos.
Sólo las hembras tienen la encarnada visión de su deseo.
Ni pretendí heredero porque fuí un poseído de mi propio fantasma.
Hasta que me robé la risa de tu madre para besarla y estremecerla
a lo largo de un viaje a lo inmediato mío resplandeciente.
Ahora me pregunto cuál será el límite de tu carácter
si tu médula espinal fué la flor de los vagabundos
que se iban con los trenes, sin consultar siquiera el silbato de su azar
Mordidos por los prejuicios. Curtidos por el viento libre.
¿Si tu madre y tu padre quemaron sus entrañas para salvar tu fuego?
¿Pero qué importa nada si hoy, por último, estás ahí
reunido en materia de encarnación radiante,
oyéndome, entendiéndome, como nadie en este mundo
podrá entender la tempestad de un parto?
-Oh, todos los mundanos te dirán que las pasiones rematan en un beso.
Tu madre y yo dormíamos cuando nos gritaste: "Heme aquí".
"¿Qué esperáis a arrullarme en las ruedas de vuestra fuga?"
"¿Qué esperáis a participarme vuestro fuego?"
"Yo soy el invitado que aguardábais antes de ser ceniza".
Tu madre y yo dormíamos esa noche en la costa
mientras el mar cantaba para ti desde la profundidad de nuestro sueño,
con furor disonante, arrullando tus pétalos divinos.
Tu alta dinastía se remonta al resplandor de la nieve.
A las noches en que tu madre quería verte tras nuestra única ventana,
y allí afuera la nieve era un diálogo ardiente
entre mi desesperación y el bulto vivo que contenía tu relámpago.
Así, tu madre te alumbró frente a esas dignas piedras de Atacama,
con toda la entereza de su Escocia durmiendo en su mirada dimanatina.
Te parió allí en la madrugada de Septiembre de un día fabuloso
de la Gran Guerra Mundial, en cuyo primer acto yo también fuí parido,
Así, en la pesadilla de un siniestro espectáculo,
te alumbró con un grito que hizo cantar a las estrellas.
Oh qué frío tan encendidamente gozoso
el aire de tu aparición en este mundo:
traías tu cabeza como un minero ensangrentado
-harto ya de la obscuridad y la ignominia-:
reclamabas a grandes voces un horizonte de justicia.
Querías descifrarlo todo con tu llanto.
Te di para tu libertad la nieve augusta y el lucero.
Yo fuí tu centinela que te veló en el alba.
Aún me veo, como un árbol, respirando para tus nacientes pulmones,
librándote da la persecución y el rapto de las fieras.
Ay. hijo mío de mi arrogancia,
siempre estaré en la punta de ese paisaje andino
con un cuchillo en cada mano, para defenderte y salvarte.
Primogénito mío: tu casa era lo alto de la nieve de Chile.
De la cobriza sierra te bajé hasta las islas polares.
Te quise navegante. Te arranqué de los montes.
Corrimos el desierto, las colinas, los prados,
y entramos a la mar de tus abuelos
por el Reloncaví de perla indescifrable.
Nos aislamos. Vivimos en trinidad y espíritu.
El mar cantaba ahora en el huerto de nuestra casa.
Tú respirabas hondo. Jugabas con la arena y la neblina.
Por el Golfo lloraban sirenas en la noche.
Los pescados venían a conversarte en tu lengua primitiva.
Me veo galopando en mi caballo a la siga de las nubes,
remando para dar más brío a los veleros,
cortado en la escotilla de la niebla, durmiendo encima de los sacos.
Junto a corderos tristes, viendo bramar el Este enfurecido.
Pensando en ti, en tu madre, poco antes de morirme.
Cuando llegaba el día, yo saltaba a la arena.
Corría por el bosque todavía empapado por la lluvia.
Vosotros me mirabais como a un náufrago viviente,
y me dabais el beso de la resurrección y de la gracia.
Oh madera rajada por el hacha. Oh ladrido
del viento sobre el Golfo, todos los días navegado.
Adiós. Ya nos partimos de vosotros, oh peces.
Dadle a Rodrigo Tomás la lucidez de vuestro pensamiento.
Adiós, islas sombrías. Ya el rayo nos está llamando.
Trenes.
Pájaros.
Playas.
Toda la geografía
de Chile para tí, mi hambriento hidalgo.
Mi bien nacido soplo, para ti todo el fuego.
Para ti lo telúrico, lo enardecido. Todo
lo que te haga crecer más lejos que el relámpago.
Tierra para tu sangre. Mar y nieve
para tu entendimiento, y Poesía
para tu lengua.
Oh Rodrigo Tomás: siempre estarás naciendo de cada impulso mío.
De cada espiga de tu madre.
Cuando estemos dormidos para siempre,
oh Rodrigo Tomás: siempre estarás naciendo.
Entonces,
no te olvides de gritarnos:
"Heme aquí".
"¿Qué esperáis a arrullarme en las ruedas de vuestra fuga?"
"¿Qué esperáis a participarme vuestro fuego?"
- "Yo soy el invitado que aguardabais antes de ser ceniza".

De La miseria del hombre, 1948

Carta a sus hijos

(...) y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada. Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. (...)

Ernesto Che Guevara


Adriano Corrales
Costa Rica
Carta al hijo

Sería difícil escribir esta carta sin evitar las justificaciones
digresiones de caída y vela hinchada hacia el poniente
en el fósforo del Báltico un amanecer de lluvia y lágrimas
con el rostro frente a las paredes blancas de un hospital invernadero

¿Será difícil inventariar las lunas los cruces de esquina
los caballos estivales galopando a ambos lados del transiberiano
las noches de vodka alrededor de la ausencia sin tus pasos?

Será duro el batallar de los acontecimientos
las visas los pasaportes los aeropuertos los desencuentros
las callosidades del alma la inutilidad de los abrazos

Será difícil anotar que he desvivido bebido huido
hacia los agujeros del tiempo en la marcha de las palabras

Más difícil aún revisar imágenes de un país imaginario
las bombas que caen en el Chorrillo sobre San Miguelito la luna
el desfile de gorilas amarillos desatando el istmo con su fuego homicida
sus fauces hediondas alimañas de carnicería
y vos bajo la telaraña de la cama en la habitación del miedo
asustado y sorprendido sin comprender por qué el imperialismo
los capitales la banda neoliberal los lameculos tropicales
la horda de paisanos como perfectos chacales
el paréntesis de este centro planetario atiborrado de compañías
comerciantes del reino usureros serruchadores de tus sueños
mis sueños de una sola patria matria nuestros sueños
los de tu madre con los muñecones del teatrillo callejero
por las selvas del Darién o en el Archipiélago donde las embarcaciones
llevan traen los cuentos de los fundadores elementales
los soles de la palma el brillo soberbio de las pieles
trasiegan el pasado contra el futuro en un eterno presente

Es difícil ocultarse hijo muy difícil
escribir todo esto sin que me tiemblen las manos
y un rumor de cadenas crepitaciones inexpresables
naveguen por dentro como una estampida de bisontes guerrilleros
y la mirada se nos pueble de nubes en el olvido de nuestros nombres

Harto difícil esta tarea de acercarte a mi otro yo
el de los ojos del antifaz con la suerte del andariego
en un tranvía negro que siempre retorna y retorna
con las hilachas nocturnas de los murciélagos
siemprevivo siempreamargo cautiverio de las páginas que se humedecen
como las lapidas con el rocío de los cementerios
o las bestias que huyen perseguidas por el amazónico incendio

Me es muy difícil decirte hijo decírtelo sin faltarle al recuerdo
que yo también me caigo me lluevo me abro me cierro
me ablando me tiemblo me tenso con los látigos los templos
del primer indicio la mediada caricia el último vuelo
para decirte así sencillamente hijo sin literatura
así al puro aire que todos somos viajantes y que por eso
y a pesar de todo lo que transcurre bajo el poema
a pesar de todo lo que muero te escribo y te quiero

José Agustín Goytisolo
España
Palabras para Julia

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.
Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.
Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.
Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.
Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.
Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.


José Larralde
Argentina
De: Herencia pa’ un hijo gaucho
(Fragmento)

(...)
Cuando no se quiere ver
no hay más que cerrar los ojos,
pero no es bueno a mi antojo
ser ciego por voluntad,
castiga más la verdad
en rancho que usa cerrojo.

Abra grande la brazada
cuando es pa' dar bienestar,
no esperen a que pidan
mas cuando es amor lo que imploran,
respire con las auroras
y cante con la amistad.

Déle abrigo al que precisa
que su padre precisó,
no olvide que si nació
y una mujer fue su madre,
sabe bien que por su sangre
usted recibió calor.

Siempre es poco lo que dé
si de cariño se trata,
si de su pecho desata
el ñudo de la bondad,
amará la libertad
y ya habrá honrao a su tata.

El rispeto debe ser,
desde el mas chico al más grande
rispete cuando usted mande
y rispete cuando es mandao.
Rispetar y ser cayao
son las armas del que sabe.

Nunca se sienta humillao
ni se arrodille ante nada
pero no gaste en parada
ni se haga el lomo ladeao,
el fierro mas afilao
se mella de una mirada.

Sepa morderse la lengua
cuando no tenga razón,
el hombre que es moscardón
nunca gana una partida,
la palabra bien medida
tiene el doble de valor.

Si el perro mueve la cola
el perro sabe lo que hace,
nunca se meta ni pase
por juez de problema ajeno,
el rancho suyo está lleno
de cosas por arreglarse.
(...)


Ana Rosetti
España
Nueve

No juegas ya conmigo, tan orgulloso estás
que más allá de ti no necesitas nada.
Tú observas incesante, sin embargo
te olvidas de que yo te soy tan parecida
que te describiría con la fidelidad
de un espejo: tan semejante a ti
que hasta podrías amarme sin temor a excederte.
Pero, si en desdeñarme persistes obstinado,
no importa, esperaré.
Mientras enhebro cintas de dulce terciopelo
en el blanco entredós de una tira bordada
o anchas randas de encaje infatigable labro,
atisbando estaré el menor de tus gestos.
Tan preciso lo retendré en mi rostro,
tan exacto, que pasado algún tiempo,
cuando la edad viril, arrasándote
tras derruir la seda delicada
exija tus mejillas para sus arrayanes,
tu pecho como un muro para enredar su hiedra,
no tendrás más remedio que mirarme.
Y te verás en mí, adolescente, inmóvil
durante muchos años todavía

De "Dióscuros" 1982


José Emilio Tallarico
Argentina
Escena Familiar

Sé que negamos algo, hijo,
y nos reímos:
jueguitos de video hasa las doce.
Una madeja de reflejos antes de dormir
y, claro, tu deseo es quedarte,
como yo, en el living,
a la espera de algunas palabras.
Me pregunto qué rostro considerarás
del tipo que lo impide.
Fría, la noche enciende imágenes estables,
y este vistazo rutinario
me demuestra que en sueños todavía reís,
como si desde lejos te arrullaran
los callados objetos de la habitación
y los asuntos de tu alma.

De: Andariveles, Edic. Argos, Argentina, 2006.



Gabriel Impaglione
Argentina
Desde vuestras manos
A Martín y Gonzalo

La mirada que inauguró los días
el primer idioma
todo lo conservo

Aviones de papel trepados a los ángulos
juguetes de agua y de aire
inventos a tres voces
pequeños objetos
para construir la máquina del tiempo.

Todo lo conservo
naves que asoman en la siesta
su multitud de velas
mágicos anillos en torno de las horas
que vienen cada tanto a tocarme el hombro.

La casa entre mis brazos
donde ustedes dormían,
las razones del canto que llevo a todas partes.

Todo lo conservo
es como sol que no se esconde
una voluntad sin riendas, tren fantástico.

Viene de vuestras manos el futuro,
clara inmensidad para nombrarlos.



Isla Negra
no se vende ni se compra ni se alquila, es publicación gratuita que persigue el noble afán de promocionar lo mejor de nuestras literaturas y promover lecturas. Isla Negra es territorio de todos quienes aman las letras. Isla Negra también es arma cargada de futuro, herramienta de auroras repartidas. Breviario periódico de la cultura universal. Estante virtual de biblioteca en Casa de Poesía.

Para enviar libros, revistas, publicaciones, cartas A isla negra
Via Caprera 6, 09045, Lanusei, Italia.
Visitá el blog: http://isla_negra.zoomblog.com- Buscate en las diversas secciones!!!

Isla Negra en el directorio Mundial de la Poesia - www.unesco.org/poetry


NUEVO CORREO ELECTRONICO PARA ENVIAR MATERIALES A ISLA NEGRA. revistaislanegra@yahoo.es

Escrito por Carmiña Candido Daverio
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink


Referencias (URL para referencias)


Comentarios


Comentar



Recordar datos




LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009